Lo que ocurrió ayer en Ferraz merece un estudio pormenorizado por parte de los grandes expertos en posesiones demoníacas de la Iglesia, y también, para mayor seguridad, de otro estudio complementario a cargo de los especialistas en fenómenos paranormales de Cuarto Milenio, el programa de Iker Jiménez. Y no lo digo solo por el extrañísimo comportamiento de Antonio Miguel Carmona, porque en él no deja de ser algo relativamente normal, sino más que eso por el discurso de su jefa, que merece atención aparte.

Lo de la gesticulación de Carmona, y que me disculpe, hubiera quedado mucho más propio en la salida de un after o en un parking de la época de la ruta del bakalao. Pero como ya digo, no es demasiado infrecuente en él. Y más en el día en el que se le desmonta, como también es habitual (menudo gafe), el último de los proyectos en los que el resto tiene la desgracia de que él participe. Lo que tampoco entiendo a estas alturas, por muy pelota e insistente que sea este peliculero, es cómo narices lo aceptan en ningún grupo. Y que se cuide Pedro, porque así como hoy defiende todavía a Susana como un verdadero templario, y echa pestes del ‘continuismo que ha votado la militancia’ (sic), mañana mismo empieza a olvidarse de ella y se hace un ‘sanchista’ de toda la vida mientras echa pestes de la sultana. Porque Carmona es muy de Marx. De Groucho, por supuesto.

Lo que sí es punto y aparte es lo del discurso de la que presumía de haberse empapado de la cultura de la victoria; la que sabía ganar, y que casualmente ha sido barrida la primera vez que compite fuera del sultanato. Y eso a pesar de contar en exclusiva con todo el poder del aparato del PSOE. Ni con ventaja.

Qué pena de intervención, de falta de categoría, de mal perder y peor encajar. Qué pena de persona. Y qué patético resulta el que te den una paliza democrática aun jugando con toda la ventaja, y que no solo no reconozcas la derrota sino que quieras venderlo como falta de criterio ajeno.

Pero lo peor de todo no ha sido que ni siquiera nombrase al ganador, y que en ningún momento se pusiera a su disposición (solo a la del PSOE, a la de ‘su’ PSOE). Lo peor ha sido que presuma de haber vencido allá donde la conocían mejor. Precisamente en ese mismo lugar en el que los que han tenido miedo –pero menos miedo que otros–, han votado por miles en secreto lo contrario de lo que avalaron en público. Ni ahí, Susana, con todo el poder que otorga el pesebre y las redes clientelares has podido limpiar tu imagen, sino justamente todo lo contrario. Les das miedo. Háztelo mirar, ‘demócrata’.

Tengo que confesar algo. Ayer me lo pasé muy bien. Y sé que no es ético disfrutar con el dolor ajeno, pero no he podido evitar gozar recreándome con cada traguito de bilis y cada gesto de amargura. Con la cara de todos estos perdedores. De toda esta gente que tanto daño hace por pura ambición personal.

Y es que los pobres, aunque no nos podamos comprar una casita en la playa o llevar a nuestros hijos a la universidad sin empeñarlos, también tenemos derecho a disfrutar, Susana.

2 Comentarios

Deja un comentario