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Gregorio Morán | bez | 3 junio, 2017

Miguel Gila fue un humorista hoy un tanto olvidado, que nació en Madrid pero vivió largo tiempo en Barcelona, donde moriría en el verano de 2001. ¡Lo que se perdió! Convertirse en el asesor áulico del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont.

Me explico. ¿Se acuerdan de aquel chiste de Gila que preguntaba al enemigo cuándo iban a atacar? “Es que queríamos saber -añadía y cito de memoria- que vamos a echar un partido de fútbol y os pedimos qué vais a hacer. Si atacaréis ahora o esperaréis a que pase el segundo tiempo. Os agradeceríamos que respetarais los quince minutos de descanso”.

Me vino a a la memoria esta sarcástica historia cuando me enteré que el president de la Generalitat le preguntó a Rajoy: “Si declaramos la independencia por nuestra cuenta, ¿qué vais a hacer?” No me cuesta demasiado esfuerzo pensar en la perplejidad de Mariano ante pregunta tan insólita, que exigiría explicarle el abc de la política que este paleto ni sabe ni aprenderá nunca. “¿Oiga, es el enemigo? ¿Qué piensan hacer para tener preparada la respuesta?”

El president de la Generalitat le preguntó a Rajoy: “Si declaramos la independencia por nuestra cuenta, ¿qué vais a hacer?”

Me cuesta trabajo descubrir de dónde ha salido esta cuadrilla de patanes, que un fiscal llegó a denominar “organización criminal”. ¡Un exceso! Jugadores de ventaja y con eso nos excedemos en la valoración. Porque la influencia de Gila no queda ahí. Tenemos ejemplos fastuosos. El principal chorizo de la antigua Convergencia, donde sería difícil hacer un escalafón desde los jefes a los indios, me estoy refiriendo a Daniel Osácar, proveedor de fondos y buscador de recursos, ha tenido la desfachatez de explicarle al fiscal, que los dineros que manejaban tenían como principal tarea la de conseguir que en Cataluña los pueblos bailaran más sardanas y menos “música andaluza”.

Música andaluza. ¿Sevillanas o Manuel de Falla? Hasta el fiscal se quedó de un pasmo ante tamaña desvergüenza, no solo porque fuera una falacia sino por el contenido racista y fascistoide de la idea. Ya el ínclito jefe de la trama, Jordi Pujol, escribió hace ya unos cuantos años, que a diferencia del pueblo catalán, esencia del ser, que diría aquel nazi filósofo -me refiero a Heidegger- y que cito de memoria, los andaluces eran un grupo sin formar, sigo citando de memoria porque me resultaría una pérdida de tiempo buscar el libro del prócer, aquel compendio de inquietantes vulgaridades racistas.

Cada vez es más difícil y arriesgado escribir sobre Cataluña en Cataluña

Según el proyecto patriótico soberanista que nos amenaza, y dicho sin tapujos, digno de desequilibrados políticos, yo sería considerado un traidor a Cataluña, por más que pasara los exámenes y asumiera el código visigodo redactado por estos individuos metidos en un lío del que no saben cómo salir. Pero no salir de España, sino escapar de sus pasados de conventuales y nacionalcatólicos, herederos del carlismo.

Entre las aportaciones teóricas de Gila incorporadas a la vida oficial de Cataluña está la prohibición de pronunciar el palabro “España”. El colega Francesc Bracero, en La Vanguardia, acaba de descubrir una mina para quienes no somos habituales de la tele. Hasta las historietas de Bugs Bunny han sido censuradas para que nunca aparezca tamaña blasfemia como citar España y con muy buen tino se acuerda de la censura franquista cuando en Mogambo(1953) convirtió un adulterio en una relación incestuosa entre Grace Kelly y Clark Gable.

Cada vez es más difícil y arriesgado escribir sobre Cataluña en Cataluña. Me acuerdo que en el Euskadi que yo viví en los años de plomo, varios periódicos, no solo Egin, tenían la prohibición de ciertas nomenclaturas, hasta en los deportes. La natación, en sus competiciones internacionales, las nadadoras españolas eran “deportistas del Estado”, como si se tratara de funcionarias. Siguiendo una vieja tradición dogmática, heredera de la Inquisición, lo que no se pronuncia, no existe.

1 Comentario

  1. NO es NO. Lo dice el artículo 135 de la Sagrada Constitución.
    Y ahora vamos con otra divertida caricatura que bla bla bla …y bla.

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