Somos de memoria frágil. A poco que nos lleguen nuevos estímulos olvidamos nuestras reivindicaciones, y siempre acabamos pagándolo. “No somos mercancía en manos de políticos y banqueros” es lo que se decía en aquel olvidado mayo de 2011. Pero sí lo somos. Cada día más. Y nos torean como les da la gana. Una y otra vez.

Programas electorales que incumplir. Menús cerrados: carne, pescado, dieta vegana o vegetariana. Nada de combinaciones. Aunque ni los unos ni los otros te darán siquiera lo que anuncian, y compres en un lugar o en otro todo te va a saber muy parecido, pidas pollo o lechuga te sabrá a rayos.

¿Por qué no puedo combinar los ingredientes para hacer mi propio menú? Y lo que es más gracioso: ¿cómo es que no puedo combinarlo si resulta que soy el dueño del restaurante?

Vota por el partido malva o por el partido pistacho, o si no quieres no votes. Pero no se te ocurra plantear que vas a ir por libre, y que quizá a esta medida propuesta vas a decir que sí y a esta otra que no. “No, de eso nada, si dices que sí a esta te tienes que comer el paquete entero”. ¿Por qué?

¿Por qué tengo que votar a lo que más se parezca a mí, aunque esté muy lejos de parecerse un poco?, ¿y por qué tengo que arriesgarme a que después me salga rana mi apuesta?, ¿por qué tengo que tener fe? ¿Quién ha dicho que por no ser mi tendencia no puede gustarme una medida concreta de las que se supone que son de derechas? ¿Quién ha dicho que todos los votantes de derechas están de acuerdo con todas las propuestas de los partidos a los que votan? ¿Quién ha dicho que la población que se abstiene lo hace porque no tiene opinión? ¿Quién ha dicho que todos somos o de derechas o de izquierdas o de extremo centro? ¿Dónde está nuestra supuesta ‘complejidad’ como individuos si al final acabamos siendo reducidos a descafeinados paquetes ideológicos de prêt-à-porter?

Concluía Eduardo Galeano en uno de sus relatos que solo nos dejaban decidir la salsa con la que seríamos cocinados, pero no si seríamos o no cocinados. Y es así. O nos hemos acostumbrado a que sea así, porque hemos olvidado en quién reside la soberanía. Y no solo legalmente, sino de hecho.

No somos niños pequeños, y no necesitamos que nadie nos represente. La democracia representativa es la mayor estafa política que pueda imaginarse. No necesitamos representantes, ni líderes, ni mesías: necesitamos gestores. Necesitamos a personas que, más allá de ocuparse de la administración corriente, hagan efectivas las decisiones que tome la sociedad, y nada más. Y tampoco necesitamos partidos al uso patrio, ni necesitamos mantener a tanto parásito ni a tanto profeta.

Reivindicar nuestro derecho a poder decidir todas y cada una de las cuestiones que nos afectan, aunque no necesariamente tengamos que hacerlo, es lo que de verdad pone nervioso al poder fáctico, ilegítimo, y más en un país como este en el que los medios de comunicación están tan desprestigiados que ya no tienen el valor de antaño como herramienta de manipulación de masas.

Cada vez que un soberbio político esgrime aquello de que no se pueden dejar las decisiones importantes en manos del pueblo nos está llamando imbéciles o inmaduros, y muchas personas compran ese discurso por la inducida desconfianza en los demás, pero obviando que ellos también son esos demás para el resto, y un inferior para su político preferido. ¿Qué nos hace pensar que los demás no tienen capacidad para decidir pero uno mismo o el político de turno sí? ¿Qué te hace pensar que un político ‘profesional’ va a decidir por ti mejor que tú?

El caso es que todo va a peor, y en lugar de ir avanzando hacia la democracia, con sus virtudes y sus defectos, vamos profundizando en el retroceso de derechos. Hasta el punto de tener que escuchar a periodistas mercenarios y políticos, sin ir más lejos con el Brexit, arremetiendo con verdadera saña contra las consultas en referéndum y opinando sobre lo mal que han votado los británicos.

Es normal que lo hagan, porque tanto unos como otros son advenedizos viviendo de una estafa, y no quieren que se les acabe el chollo. Pero el pueblo nunca se equivoca aunque personalmente no nos gusten nada algunas de sus decisiones. Porque eso sí es democracia, y no lo que decidan, incumpliendo normalmente sus propios programas cerrados, unos personajes absurdos y devenidos en soberanos durante toda una legislatura, aunque fueran de ‘los nuestros’.

Y no, no es una locura proponer que empecemos a caminar hacia la democracia. Lo que es un auténtico sinsentido es que no pongamos la necesidad de hacerlo sobre el tapete de la opinión pública para que se convierta en debate y argumento de base.

4 Comentarios

  1. Los referedums los carga el diablo , es lo q vienen diciendo los tertulianos del tres al cuarto de los programas de debate.
    O sea preguntar al pueblo es preguntar al diablo?! , o es q por algo místico el resultado no va a ser lo q quiere la gente sinó el diablo, interviene el diablo para cambiar el resultado?!
    Esta todo dado la vuelta, todo al revés.

  2. A muchos de nuestros representantes políticos se les llena la boca hablando de democracia, pero sienten un desprecio absoluto contra el pueblo. Por tanto. de que clase de democracia son partidarios? Aquella en la que el pueblo solo sea instrumentalizado y el poder resida realmente en un grupo restringido de personas? Eso no es democracia.

  3. Es que la idea que a todos se vendió sobre el modelo de Estado consistente en una democracia representativa y parlamentaria como el mejor, al cabo de los años comprobamos que fue una encerrona con pseudodemocracia neoliberal coronada por una Monarquía impuesta, repartiéndose los beneficios del pastel entre unos cuantos vividores. Y desde luego que viendo la foto del cártel y su significado, sobran los argumentos, pues corrobora perfectamente la patética situación que nos dejaron sus tropelías y la falta de democracia que tenemos, empezando por la nula información de los medios al respecto.

    De todos modos, sería preferible por el ahorro consiguiente un gobierno de gestores y no políticos, sobre todo, para administrar el erario público y también somos millones los antimonárquicos y muchísimos los que nos decantamos por una República…o modelo federalista como salida de este engendro heredado en el que nos metieron, pero hay que ir paso a paso.

  4. Soy de los que opinan también que un gobierno de gestores sería mejor que de políticos, pero siempre representándonos personas suficientemente preparadas con programas claros con orden sin ser a lo loco.

Deja un comentario