Bueno, habría que matizar el título: para esto han quedado casi todos los políticos. Y me parece importante señalarlo, porque de lo contrario mejor sería refugiarse en un ermita y borrarse del mundo.

Ayer me sorprendió hasta dónde puede una sociedad, aunque parezca mentira, ponerse de acuerdo en algo. Lástima que el acuerdo no tuviera relación con la lucha por los derechos sociales y civiles, la igualdad, la solidaridad, o cualquiera de esos principios y valores por los que sí merecería la pena manifestarse. Pero no, la sintonía llegaba por algo mucho más superficial, pero también mucho más dominante.

Captura de tendencias en Twitter 11/06/2017 19:00h

Ya digo que me sorprendió, y no porque no sepa en qué mundo vivo. Pero es que nunca había visto lo que puede comprobarse en esta captura de las tendencias en twitter allá a las siete de la tarde del día de ayer. Pleno al diez. Todo lo que interesaba en el ‘top’ inquietudes orbitaba alrededor de un partido de tenis y de un tenista.

Me parece de película. Pero de película de terror. Y no porque no crea que una final de Grand Slam no pueda ser interesante, que es algo en lo que ni entro ni salgo. Ya sé que twitter o cualquier otra red social no se va a paralizar por un premio de investigación, de letras, o por las muchas injusticias y aberraciones que se producen a diario. Pero de ahí a que algo tan intrascendente como una competición deportiva monopolice la atención de un país y no deje espacio para nada más, va un trecho.

De verdad que no es cuestión de ponerse estupendo, ni en plan cultureta o héroe del activismo. A mí, por ejemplo, me gusta el ciclismo, y no tengo ningún problema con el tenis ni con Rafael Nadal, un chaval al que no tengo el gusto de conocer. Pero todo esto, al menos para los que asistimos como espectadores, es (o debiera ser) solo un pasatiempo agradable.

Obviamente es mucho más que eso. Y para la mayoría de los seguidores y aficionados representa en realidad lo más parecido a un conflicto, a una batalla identitaria, pero sin violencia explícita (al menos habitualmente). O en el mejor de los casos la encarnación de la excelencia en valores como el esfuerzo, la constancia, la competitividad, el sacrificio, etc. Y si son valores más o menos discutibles o si lo son por inducción mejor lo dejamos para otro día.

Lo que en cualquier caso se me hace más cuesta arriba es aceptar que los políticos se vean en la obligación de mostrarnos constantemente lo ‘muy pueblo’ que son (excusatio non petita accusatio manifesta). Y es que está muy de moda eso de ser pueblo, pero paradójicamente según una concepción de pueblo con la que habría que ir acabando.

Mala marcha es esa de tener que imitar lo menos racional de la sociedad pensando que así se consiguen votos o que al hacerlo se evita ofrecer una imagen transgresora. Mal camino es ese de perpetuar la superficialidad para aparentar ‘ir de normal’ por la vida. Y más que eso, ¿quién les ha dicho que necesitamos conocer su impresión al respecto? A ver si se van a creer que les pagamos para que nos cuenten lo mucho que les ha gustado tal o cual espectáculo.

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Afortunadamente aún hay alguien en primera línea política que ha entendido que podemos vivir sin conocer lo mucho que se ha emocionado con su equipo o deportista favorito. Gracias Alberto Garzón por ahorrarnos el trago, por centrarte en lo que importa, por ser un tipo serio, y por saber navegar a contracorriente sin complejos.

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