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MANOLO MONEREO| Cuartopoder | 

Quizás la primera sorpresa del día haya sido la intervención en el debate de Mariano Rajoy; se puede decir que fue a contrapié, muy marcada por la brillante intervención de Irene Montero. Era un texto muy preparado por Rajoy que no había tenido en cuenta el discurso de Pablo Iglesias y que se basaba solo en la propuesta de la moción. El problema sigue siendo el mismo, ¿por qué intervino el presidente del Gobierno? Es posible que fuese por los malos resultados obtenidos por Cristina Cifuentes en la moción de censura contra ella en Madrid; se puede pensar que, de una u otra forma, Rajoy estaba obligado a intervenir dado que una mayoría de las ciudadanía apoyaba esta moción de censura. Cabría una tercera hipótesis más compleja, que es intervenir en el debate del PSOE y marcar el territorio de Pedro Sánchez.

El tono, el contenido y el estilo de Rajoy da mucho que pensar. Fue claro, solemne y especialmente descalificador de la persona y el proyecto que encabeza Pablo Iglesias. El “usted no debe ser presidente del país” fue repetido una y otra vez, cada vez con un tono más firme, más rotundo. En su centro, una idea muy trabajada que se va a convertir en el núcleo discursivo del Partido Popular: Podemos es el producto de la crisis económico-social padecida; la recuperación reducirá progresivamente su espacio político y electoral y, como conclusión, si al país le va bien, a Unidos Podemos le irá mal. La crítica que hace Unidos Podemos es forzada, usa la cuestión de la corrupción como un instrumento para impedir el avance del país. Esta idea fue repetida una y otra vez. Ahora bien, el discurso de Rajoy iba dirigido, no solo contra Pablo Iglesias, sino contra Pedro Sánchez. El PP practica un tipo de discurso que algunos llamamos “discurso disciplinante”. Se trata de un dispositivo que traza una línea de demarcación entre lo que está permitido y lo que no, entre lo bueno y lo malo, lo que es aceptable y lo que es inaceptable. Rajoy asume el poder de definición, de calificar conductas. En el ataque de Rajoy contra Pablo Iglesias había un afán, no solo de denigrarlo, sino de  satanizarlo: no es posible aliarse con él, no se puede pactar y, mucho menos, gobernar con él.

Hay otro dato que queda también meridianamente claro: el efecto colateral de esta estrategia es que Pablo Iglesias es reconocido como la cabeza visible de la oposición. A más dureza del discurso, mayor reconocimiento. Cada vez que Pablo Iglesias era descalificado, más quedaba anulada la oposición que teóricamente ejerce el PSOE. El “discurso disciplinante” actúa siempre de la misma forma, advierte –en este caso al partido de Pedro Sánchez– lo que no puede ni debe hacer. Cada vez que el PP pretenda someter al Partido Socialista usará siempre el mismo tipo de ataque: radicales, podemitas, populistas… Esta batalla ha estado presente en este primer día de debate y lo estará –con mucha más fuerza– el segundo día.

Para Unidos Podemos significa el fin de un ciclo caracterizado por una fuerte oposición social, la denuncia de los efectos catastróficos de las políticas económicas del PP, y la llamada permanente a un rearme político y moral de nuestra sociedad. El discurso que inaugura Pablo Iglesias abre una nueva fase en la que lo cualitativo, la solvencia y los equipos jugarán un enorme papel. Por así decirlo, se acabó el “amateurismo” y entramos de lleno en un estilo de trabajo cualificado y profesional. Lo decisivo es ser fuerza de gobierno. Para serlo, hace falta combinar la lucha social y la propuesta política, la gestión transformadora de lo existente y equipos capaces de llevarlo a cabo. La hegemonía, en un sentido fuerte, va a estar muy relacionada con programas factibles de transformación social, con alianzas políticas audaces y con la urgencia de vertebrar una organización a medio hacer y sin directrices estratégicas claras.

El Pablo Iglesias que apareció ayer expresa una discontinuidad, es decir, una cierta ruptura con el anterior Pablo Iglesias. Si algo le ha ido caracterizando en su corta pero intensa vida política pública ha sido su capacidad de aprendizaje, de corregir errores y de reconocer aciertos en los demás. En las réplicas a un Mariano Rajoy un tanto descompuesto, se ha ensayado un Pablo Iglesias estadista, con un discurso sólidamente enraizado en la historia y en los problemas del país y con propuestas concretas, posibles de llevarse a cabo desde un gobierno democrático. Un Iglesias que ha aprendido a autocontrolarse y que empieza a dominar la técnica parlamentaria. La otra novedad –antes lo he dicho– ha sido Irene Montero, la aparición pública de un cuadro político capaz de ser referente más allá de Unidos Podemos. Veremos qué pasa hoy.

1 Comentario

  1. Como un rayo acabo de desplazarme desde Madrid para opinar en un tris y como otro rayo me tengo que marchar al Norte ¡ya mismo! (para llegar a tiempo de ver MVT), o a este paso, con tanto ir y venir, me costará el divorcio, ji ji.

    Esta mañana, hemos seguido bastantes compañeros por internet (eso sí, a intervalos, e incluyendo desayunos) parte de la intervención del Sr. Iglesias contra el Sr. Rivera (y hoy sí estuvo en su línea de tono duro y conciso) desmintiendo los argumentos del oponente, quien quedó en un bochornoso ridículo, algo que constatamos todos. Respecto a mí, pude seguir también (como digo, ‘a ratillos’) parte de la intervención del Sr. Garzón, sorprendiéndome gratamente un tono inusual en él, planteando sus argumentos para apoyar la Moción de Censura. Es lo único que vi (cuando el deber profesional, lógicamente, obliga) y espero que en “MVT” e informativos, reproduzcan luego los momentos más interesantes de los intervinientes producidos esta mañana, para ponernos al corriente infinidad de personas que, aun estando interesadas en los mismos, hoy nos hemos perdido sus discursos al completo.

    Por cierto, me viene a la mente “la pregunta del millón” para La Triple Alianza (ya que el resto de partidillos “arrimados” al Gobierno son bastante irrelevantes):
    ¿Cómo que no se puede cambiar por una República este Sistema corrompido, cuando España antes del 36 era republicana hasta que pasó a ser, por un golpe militar y a beneficio del establishment, lo que ahora se denomina Nación “indivisible”? Si, entonces supuso un cambio de Régimen y posterior nueva Constitución en el 78, en el futuro tendrá que volverse a realizar otro cambio sin dramatizar para recuperar los orígenes de España, con las 17 Comunidades Autónomas viviendo en armonía y lejos del frentismo que vienen fomentando los partidos convencionales con los separatistas por éstos reivindicar algo tan coherente como una República y que una gran parte de ciudadanos no catalanes -hasta donde yo sé- compartimos también para el resto de España (comenzando por un referéndum).

    No puede ser que a estas alturas existan millones de españoles en permanente conflicto entre sí al que no ven fin. Pero es evidente que un nuevo modelo de Estado sólo pueden llevarlo a cabo (más adelante, eso sí) mentes abiertas de partidos como UNIDOS PODEMOS y sus Confluencias, y no los arcaicos de la derecha PP y viejo PSOE.

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