Rafael Correa | Rebelión | 17/06/2017

Uno de los principales problemas del mundo es la mala prensa, y, aunque es una cuestión planetaria, en Latinoamérica es mucho más grave por la mediocridad, mala fe, deshonestidad e impunidad de la que están prevalidos muchos periodistas y sus respectivos medios.

Creen que por ser negocios privados pueden “vender” información como vender churrascos, es decir, reemplazar el arroz por papas, añadir el aguacate, omitir la ensalada o darle tofu en lugar de carne a los vegetarianos. Después de estos cambios probablemente al churrasco lo podremos seguir llamando churrasco, pero la información ya no es información, es tan solo manipulación.

No entienden, no quieren entender, que la información no es una mercancía, es un derecho y la única forma de garantizarlo es que esa información sea absolutamente objetiva, oportuna y veraz, no susceptible de retoques, transformaciones u omisiones.

Pero incluso los juicios de valor -es decir, la “opinión”- deben ser fundamentados y rigurosos. No pueden tener un micrófono o un tintero tan solo para desfogar sus odios. No pueden repetir mil veces la misma mentira, buscando en la repetición la demostración de algo inexistente. Lo ideal sería que, especialmente cuando se trata de la honra de las personas, presentaran argumentos, es decir, razonamientos lógicos basados en pruebas, pero aquello ya es mucho pedir.

En Ecuador, esta mala prensa aún hace daño, pero ya no pone ni saca gobiernos como antes. Su poder y credibilidad han disminuido grandemente, gracias a diez años de desenmascarar sus falacias. Han tratado de desestabilizarnos, han calumniado, descaradamente se han involucrado en política, como en las últimas elecciones. Al ser derrotados quisieron crear un ambiente de fraude y hasta llegaron a proclamar al perdedor como presidente electo del Ecuador basados en una fraudulenta encuesta a boca de urna, obviando deliberadamente otra encuesta que decía exactamente lo contrario.

Publicaron las mentiras de una columna de chismografía de un diario amarillista de Panamá, involucrando al vicepresidente en casos de corrupción, pero jamás publicaron una coma de la extensa y precisa investigación del diario Página 12 de Argentina, que demostraba las 49 empresas off shore del candidato opositor, y cómo lucró con el feriado bancario por medio de la intermediaria financiera Andean Investment.

Nos han dicho todos los días -curiosamente en un país donde de acuerdo con ellos “no hay libertad de expresión”-, desde dictadores hasta criminales de lesa humanidad, bajo el pueril argumento de que por ser “personas públicas”, debemos soportar estas bazofias, obviando que la reputación es un derecho humano de toda persona.

¡Cómo distorsionaron todo, todo el tiempo, para boicotear la acción del Gobierno! Al dinero electrónico lo convirtieron en “moneda paralela”; al servicio de seguridad pública, en “guardia pretoriana”; a los impuestos a las bebidas azucaradas, en “zarpazo al pueblo ecuatoriano”; a un parque en la frontera en “muro contra la integración”. Son capaces de transformar a Víctor Jara en torturador y a Pinochet en filántropo humanista.

Pero resulta que todo ha sido un problema de “fluidez” en la información. Que nada de esto ha existido. Que tremenda lucha ha sido solo un problema de “temperamento”. Pareciera que por un supuesto diálogo los que ganamos las elecciones las hubiéramos perdido. Que la oposición era la que tenía la razón. Que en nombre de la unidad hay que volver a someter al país a los agonizantes poderes fácticos.

Se ordena informar a los medios, no a la ciudadanía, y les aseguro, después de una década de experiencia, que no es lo mismo. Grave error, gravísimo error.

¿Por qué las reformas a la Ley Orgánica de Comunicación -LOC- están en el “top” de la agenda política? No porque consta en el programa de Gobierno. No porque es la principal preocupación de la gente. Sencillamente, porque los medios imponen esa agenda. ¿Es eso democracia?

La prensa mercantil perdió todo límite y escrúpulo, está cada vez más agresiva y existe menos balance en la información y opinión de los medios. Podríamos también llamarle un “fraude moral” a ese periodismo parcializado en su rol de informar y servir a la sociedad.

Si alguna modificación habría que hacer a la LOC, es endurecer las sanciones y darle capacidad coactiva a la Supercom, para que se acaben tantos abusos de la mala prensa.

Rafael Correa, expresidente de Ecuador – @MashiRafael

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