Gerardo Tecé | CTXT | 21 junio 2017

Estamos de aniversario. Hace un año, a pocos días del final de la campaña electoral del 26-J, Albert Rivera anunciaba que no apoyaría a Rajoy. Ponerle fin a la carrera de un presidente del Gobierno salpicado por la corrupción merecía que el líder de Ciudadanos explicara su postura con la mayor solemnidad nacional posible. Es decir, con ejemplos de fútbol. “Hay que abrir un nuevo ciclo y cambiar de entrenador”. Como pretendía Rivera, el mensaje se entendió perfectamente de sur a norte, en todas las peñas futboleras del país, desde la decana del Recre de Huelva hasta la última peña del Deportivo de A Coruña. El tiki-taka de Ciudadanos en nombre de la tolerancia cero con la corrupción dejaba sin opciones a un Rajoy sin la mayoría necesaria y sin apoyos. Menuda remontada.

De tiki-taka a catenaccio. Este lunes, superado ya el mal trago de la moción de censura, Rivera y los suyos saltaban de nuevo a los pasillos del Congreso a empatar la afrenta podemita contra el mister. Por supuesto, con la solemnidad balompédica reservada para las grandes citas: “Pretenden ganar en los despachos en lugar de en el terreno de juego”. En las peñas se rascaron la cabeza queriendo intuir por dónde iba esta vez el símil y decidieron que los ejemplos de fútbol ya nunca más serían fiables desde aquel del ciclo y el entrenador. Hicieron bien. El terreno de juego, ese espacio de justa competición al que se refieren desde Ciudadanos, sería, para entendernos entre futboleros, el lugar y el momento en el que Rivera, tras cambiar de táctica, se dejó encajar de tacón un más de lo mismo a cambio de un pacto anticorrupción en fuera de juego. La mitad de los puntos, imposibles de cumplir; la otra mitad, incumplidos por falta de apetencia del Partido Popular. Lo firmamos porque no quedaba otra, llegó a explicar un dirigente del PP en un tono que, sin símiles de por medio, se entendió perfectamente en todas las peñas. Que Rivera carga con el utillaje de Rajoy, concluyeron de Huelva a Coruña. Terreno de juego fue también aquella expulsión del árbitro a Pedro Sánchez por orden del palco. Roja directa por reiteración de negaciones. El fútbol es así. Los despachos, ese lugar tramposo donde se pretenden amañar partidos ganados en buena lid, serían el Parlamento. El amaño de partidos, por supuesto, el intento de encontrar nuevas mayorías que, tras las trampas, pactos de plástico y gestoras, sacasen del poder al partido más corrupto de Europa.

Hablando de fútbol, despachos y terrenos de juego, desde las peñas esperan el símil que explique cuántos Bernabéus ocuparía el dinero que nos han birlado con el rescate a la banca. De momento, el silencio de Rivera respecto a esto recuerda el de Maracaná en el 50.

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