Bueno, que se hable de mujeres emancipadas e independientes no le gusta ni al PP ni a los grandes medios de comunicación. Porque como todo el mundo sabe, las mujeres no disfrutan del sexo ni mucho menos tienen fantasías sexuales (a ver, repitamos: “fantasías”). Su misión es satisfacer el apetito sexual del hombre, ser buenas amantes por abnegación, pero procurando no pasar del misionero, y sentirse autorrealizadas con esa superioridad moral que ofrece el martirio. O al menos eso dice el credo decimonónico en el que se basa la ideología pepera.

Hay que joderse con las moralinas trasnochadas de estos miserables. Las mujeres, los hombres y los mediopensionistas son mucho más que una doctrina ajada. El sexo es un factor biológico y cultural, pero responde además a las características propias de cada individuo. No hay límites a la imaginación o a su ausencia, por mucho que no necesariamente apetezca transformarla en realidades. Y sí, a una mujer le puede gustar fantasear con la sumisión, la humillación o lo que le plazca, por eso se han vendido tantísimas copias de esa ñoñería de las sombras de Grey. Y también puede aburrirle el sexo, como a algunos hombres.

No es fácil adivinar por tanto a qué viene la indignación y la sorpresa por las palabras de Clara Serra. ¿O es que el sexo es todavía un tabú?

Qué asco de perniciosa moral judeocristiana capaz de sobrevivir a todo sin importar el tiempo que transcurra y los pretendidos avances socioculturales. ¿De qué narices van estos nocivos retrógrados? ¿Quiénes sois vosotros para meteros donde no os han llamado? ¿Qué es lo que tienen que opinar los demás sobre las apetencias o fantasías sexuales del prójimo?

Del silencio y la represión se han alimentado los más bajos instintos durante milenios, y con el ilustrativo ejemplo de la perversión sexual del casto sacerdocio que acaban pagando los inocentes, o el de esos cromañones acomplejados que se dedican a reventar a palos los desfiles gais. Ya es hora de abrir ventanas y apartar cortinas para dejar que corra el aire. Porque es así: afortunadamente no somos nuestras hipócritas apariencias. Y habría que agradecer a Clara Serra su naturalidad para hablar de lo que no es más que una realidad a la que no hay por qué tener ningún miedo.

El resto de reprimidos e idiotizados, ya seáis políticos o periodistas podéis iros un ratito a la mierda, ahora que allí han puesto columpios, y sin olvidar cargar con vuestros traumas para el viaje. Cretinos.

3 Comentarios

  1. Hay que ver todo el contenido para entender que Clara Serra no está diciendo ninguna tontería. Hay que dejar de ser tan hipócritas, ciegos y hasta ignorantes, y revisar un poco más las intervenciones de destacadxs profesionales en el tema, que no sólo sostienen estas afirmaciones basándose en sus experiencias profesionales, sino que han escrito libros muy interesantes para abrirnos los ojos y que dejemos de ser tan ¿convencionales? y aceptemos la realidad que todxs vivimos.

  2. ¡Hostias, tú, qué chulo! La mierda con columpios.
    Pero… no deben de irse para un sólo ratito, sino para siempre. Mejor que se queden allí y no vuelvan. Se agradecerá eternamente. Gracias.

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