No me cabe duda de que Susana Díaz es presidenta porque así lo han establecido los suficientes andaluces. Pero eso me hace pensar que, o bien a esos electores les han puesto algo en el suministro de agua potable, o que ocurre como en las películas esas en las que alguien dice cuatro palabras inconexas para activar al sicario entrenado en un programa secreto. En Andalucía esas palabras pudieran ser: “casta de fontaneros, tieso, ciudadanos y… ¡Cataluña!” para que el objetivo de esa secuencia camine hasta el colegio electoral con la expresión perdida y los ojos en blanco, y acabe finalmente depositando un voto por la imitadora de Felipe González. Porque no puedo creer que alguien en el pleno uso de sus facultades mentales sea capaz de considerar que semejante personaje es presidenciable.

No es normal que alguien vote por una presunta política que cada vez que interviene en su Parlamento autonómico acaba –con la inestimable complicidad de los suyos– convirtiéndolo en una caricatura institucional.

Pongámonos en situación por un momento. Imaginemos la siguiente conversación con cualquiera en un ascensor:

Buenos días

  • El pepino amarga por el culo

–  Sí, puede ser… estooo, ¿qué buen día se está quedando, verdad?

  • El área del círculo se calcula mediante la fórmula pi por el radio al cuadrado

Claro, claro. Bueno, adiós.

  • Un globo, dos globos, tres globos: la luna es un globo que se me escapó.

Como es lógico, en una situación así pensaríamos que nuestro interlocutor está como las maracas de Machín. Pero esto mismo ha ocurrido con Susana Díaz, y no precisamente en un ascensor, cuando Teresa Rodríguez ha puesto sobre la mesa (de nuevo) el asunto de los privilegios y los salarios de los representantes públicos. Y nadie parece escandalizarse por tener al frente de la Junta de Andalucía a una señora con las facultades mentales claramente mermadas y a un presidente de la Cámara con evidentes indicios de una patología similar.

Y digo esto porque si el comportamiento insensato y disparatado de la señora Díaz (et al) se diera sin tener ningún problema de salud, el caso sería infinitamente más grave.

2 Comentarios

  1. Es que el sol pega muy fuerte en Andalucía y, si se pasan con el ajo del gazpacho, la diarrea neuronal está garantizada.
    No encuentro otra explicación.

  2. Lo siento por los andaluces pero esa Comunidad tiene algo que asombra y es como sostiene a elementos iluminados como esta individua “hija” de F.Gonzalez a todas luces,contesta como contestaria ese otro fenomeno, de forma que al poco rato ya no sepas de que iva la cosa y ademas este engendro de la politica lo hace como si estuviera siempre en semana santa como llorando o rezando (lo suyo señora Diaz serian mejor ser saetera que es lo que mejor les sienta a los andaluces sordos ……y ciegos.)

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