Me he quedado de piedra. No pensaba que fuera posible ver algo así excepto en un documental en blanco y negro, pero es evidente que me equivocaba. Y bien pensado la verdad es que hay que ser muy ingenuo para creer que les iba a avergonzar, o que fueran a evitar este tipo de gestos y liturgias porque pudieran dañar su imagen. Nunca han dejado pasar la ocasión de provocar, influir o medrar en los peores conflictos mundiales, en los más sangrientos, en los crímenes abominables. La puta de Babilonia no ha perdido ni un ápice de su poder, pero por lo que se aprecia tampoco sus costumbres. Y ahí siguen.

El catolicismo no es totalitarismo, no es oligarquía, no es jerarquía: son el totalitarismo, la oligarquía y la jerarquía los que son catolicismo, los que han mamado bajo sus faldas de sus principios, de su estructura, de su diseño perfeccionado durante dos mil años.

Había que bendecir a unos terroristas, a los violentos bufones de la derecha venezolana que van a acabar facilitando la excusa de una ‘intervención democratizadora’ (si consiguen tras sus constantes atentados que Maduro saque el ejército a la calle), o a una guerra civil no declarada si no lo hace. Y en ese momento a mucha gente se le olvidará, sin entrar en los porqués, que a veces no había papel higiénico en los supermercados.

Lástima que infierno no exista.

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