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Gabriela Sánchez | El Diario | 30/06/2017

En Dolo, en el sureste de Etiopía, hay madres que se ven obligadas a escoger al hijo que podrán alimentar. La sequía y la inflación ha dejado a más de un millón de personas de la zona sin acceso a alimentos, obligándolas a depender de las escasas raciones de comida distribuidas por el Programa Mundial de Alimentos, que se agotarán en las próximas semanas.

Las ONG que están en el terreno llevaban meses temiendo lo que estaba por venir. La región sureste del mapa de Etiopía proporcionado por el sistema Fews Net modificaba su color de alerta mes a mes, sumando números a los niveles de desnutrición ya existentes en la zona. Esta semana Médicos Sin Fronteras ha dado las cifras a las muertes que, denuncian, podían haberse evitado si los avisos hubiesen sido escuchados: 67 niños de entre uno y cinco años han muerto de desnutrición en Doloo en el mes de junio.

“Hay una combinación de causas. En primer lugar, la sequía y sus consecuencias: la gente ha perdido ganado, con ello, sus medios de subsistencia, lo poco que tenían para sobrevivir. Pero siempre que hay una hambruna hay una responsabilidad humana. Aquí ha fallado, hemos llegado a este punto, porque la respuesta del gobierno y de las Naciones Unidas ha sido más que insuficiente”, denuncia Hernán del Valle, responsable de incidencia política de Médicos Sin Fronteras.

“La situación se viene agudizando desde hace meses. Llevamos alertando desde enero del aumento de los niños atendidos”, enfatiza del Valle. Los equipos de la organización han tratado a 6.136 menores de cinco años por desnutrición aguda grave desde enero. Estas cifras son diez veces superiores a las registradas en el mismo periodo en 2016, cuando 491 niños recibieron tratamiento por desnutrición, según sus datos.

La pérdida del ganado y de las cosechas por culpa de la sequía ha derivado en la falta de materias primas propias para subsistir. Este hecho, sumado al aumento relativo de los precios, provoca que la mayoría de la población de esta zona “dependa exclusivamente” de las distribuciones de comida de las Naciones Unidas. “Desde hace tiempo vienen dando raciones muy limitadas y por debajo del nivel nutricional para mantener a una persona saludable”, explica el portavoz de MSF.

Amina tiene seis hijos.  Uno de ellos, Mohammed, está gravemente desnutrido. La familia tuvo que instalarse en uno de los campamentos de desplazados internos cuando su ganado fue diezmado por la sequía. “La sequía ha eliminado todo mi sustento. Solíamos tener una buena vida en el monte. Teníamos suficiente comida y también podía vender cabras y leche para buenos precios. Ahora solo nos quedan las distribuciones de comida”, lamenta la joven de 22 años.

“Puede ser una catástrofe”

A la grave emergencia de la región somalí de Etiopía se añade la advertencia lanzada por el Programa Mundial de Alimentos, que asegura que su suministro de ayuda alimentaria para la región se agotará a finales de julio.  “Nuestra mayor y más inmediata preocupación es la falta de recursos para 1,7 millones de personas en la región somalí que dependen por completo de la asistencia alimentaria de emergencia PMA”, ha afirmado Samir Wanmali, el director en funciones de la agencia de la ONU de reparto de alimentos en Etiopía. 

Según admite Wanmali, las distribuciones pueden ser interrumpidas en “las próximas semanas” si no reciben los fondos solicitados para esta emergencia. “Se necesitan inmediatamente 96 millones de dólares para evitar que las distribuciones de alimentos se vean interrumpidas en las próximas semanas y para mantenerlas hasta noviembre”, ha declarado el responsable del PMA en el país africano. La petición no se ha difundido de forma destacada y, por el momento, el PMA no ha enviado ninguna nota de prensa sobre la gravedad de la situación. 

Sin la aportación del PMA, personas como Amina y su familia perderían su único sustento. “Hay una gran brecha entre estas dos vidas. Extraño mucho mi vieja vida. Mi mayor deseo para el futuro es recuperar mi ganado”, señala la mujer mientras espera en el centro de nutrición terapeútica de MSF.

“Si esto es realmente así y el PMA interrumple el reparto de comida no sé qué podemos esperar. Ya estaban dando raciones muy limitadas. No me quiero imaginar las consecuencias que puede ser retirarlo. Puede ser una catástrofe”, lamenta el portavoz de MSF.

“Ahora no tenemos nada y nuestros hijos se enferman”

El hambre empuja situaciones límite entre las familias. “Es muy difícil ponerse en la situación de que no hay comida, se han muerto las dos cabras que tenías y ver que la ración que te dan es insuficiente…”, describe el responsable de incidencia de MSF. Esta situación obliga a las madres a tener que distribuida entre la familia. A tener que elegir. Y ni si quiera esta comida tiene un valor nutricional suficiente… “.

Madres como ellas acaban apareciendo desesperadas en alguno de los puntos de nutrición que MSF mantiene en diferentes puntos de la región.  A los centros destinados a pacientes en estado crítico han llegado menores con desnutrición severa o aguda, con “un peso muy inferior al que deben que tener, un sistema inmunológico muy débil, por lo que acaban contrayendo otras enfermedades”.

Fardaousa espera mientras su nieta de tres años es atendida en el centro de nutrición terapeútica de MSF. “Cuando la sequía vino, nuestros animales comenzaron a morir. Nuestras fuentes de agua se secaron y no podíamos permanecer en el campo. Nunca he visto una situación como esta. Es muy desafiante”, relata la mujer de 58 años en un testimonio recogido por Médicos Sin Fronteras.

Ellas no necesitaban ayuda para subsistir, hasta que la sequía les arrebató todo lo que poseían. “Teníamos animales que nos daban todo, como la leche, la carne y hasta la mantequilla… Ahora no tenemos nada y nuestros hijos se enferman y mueren, no sé qué podemos hacer ahora, pero claramente no podemos regresar al monte sin animales”, continúa.

Un brote de cólera que se suma a la emergencia

A esta situación se suma “los brotes de cólera y sarampión” que se están expandiendo por la región somalí de Etiopía debido a la escasez de agua potable. Durante las dos primeras semanas de junio, dicen desde MSF, fueron ingresados en estos centros 322 niños. De ellos, 51 de ellos, detallan. La mayoría falleció infectada de cólera, tras contraerla por el débil estado en de los menores como efecto de la desnutrición. “Estamos trabajando en la zona desde hace un década y lo que vemos es alarmante. Es excepcional”, reconoce del Valle.

La falta de equipos y recursos suficientes para la gravedad de la emergencia provoca que la organización humanitaria tenga que elegir en presntar atención médica sus centros o acudir en busca de personas de zonas rurales cuyo acceso es más complicado. “Tenemos que tomar decisiones muy difíciles. Son necesarias más salidas a las zonas más rurales pero las  limitaciones de acceso y de recursos nos obligan a elegir una actividad u otra”.

Esas decisiones tienen sus efectos: quienes podrían haberles necesitado a veces llegan, pero tarde. “La gente llega con niños a nuestros centros, y las personas que vienen de la zona rural llegan tarde, cuando además de tener una desnutrición importante, presentan síntomas de otra enfermedad. Esas personas, quienes llegan tarde, son los más vulnerables”, lamentan desde MSF.

“Si pudiésemos llegar, se podrían evitar. Para ello se necesita gente y recursos de Gobiernos, Naciones Unidas y de otras grandes ONG que no se están destinando. Se necesita una respuesta y atención mucho mayor”, denuncian.

Sentado bajo un árbol en el asentamiento de desplazados internos de la zona, Bashir, de 90 años, reflexiona sobre el daño de una sequía que califica de histórica. “Ahora ni siquiera tenemos productos de origen animal o alimentos adecuados para alimentarnos de nuevo a la vida. En tiempos anteriores, si había una sequía, la gente se desplazaba adonde había llovido. Nos movíamos mucho en esos años. Esta sequía es diferente porque afecta a toda la zona”, describe. Su familia y la de sus amigos tenían entre 200 y 300 cabras antes de la sequía. Todas han muerto.

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