Isaac Rosa | El Diario | 03/07/2017

Al Servicio de Atención al Cliente de Deliveroo:

Les escribo para expresarles mi malestar por el incidente que sufrió mi pedido del pasado domingo. Estábamos mi mujer y yo en casa, sin ganas de salir ni preparar cena, así que decidimos usar su app para pedir una pizza. Cuál sería nuestra sorpresa al descubrir que el repartidor no trajo la pizza, sino algo que no habíamos pedido: un menú “conflicto laboral”. Constaba de dos platos: un caso de explotación laboral y una experiencia de lucha.

Como teníamos hambre y no había pizza, decidimos hincarle el diente a la explotación de los riders de Deliveroo, a ver qué tal sabía. Un poco dura para mi gusto, y además una receta extraña: una mezcla de ingredientes viejos (abusos horarios, salarios de miseria, y cuerpos a disposición de la empresa como braceros de hace un siglo) pero cocinados con técnicas innovadoras (economía “colaborativa”, digital, startup, etc.).

Además, en casa somos de llamar al pan, pan, y al trabajo, trabajo. Por eso al leer los ingredientes del plato nos disgustaron los eufemismos usados por Deliveroo para cocinar su oferta laboral: en vez de “trabaja con nosotros”, dicen “colabora con nosotros”. No despiden, sino que “desconectan”, sobre todo a los que reparten conflictos en lugar de pizzas. Al racaneo de no darte ni una mala camiseta, y no digamos ya un seguro de accidente, lo llaman “reparte a tu gusto con tu chaqueta o camiseta favorita”. A la disponibilidad total y a merced de la empresa la denominan “horario flexible”, sin olvidar la rutinaria apelación a la libertad (“eres libre de elegir cuando repartes”). Y a la ridiculez que pagan la llaman “remuneración competitiva” e “ingresos atractivos”.

Como seguíamos teniendo hambre, probamos con el segundo plato: la experiencia de lucha, a ver si estaba más comestible. Reconozco que nos supo bien. Muy sabrosa. Que los más precarios entre los precarios sean capaces de organizarse, elaborar reivindicaciones comunes y montar una huelga es uno de esos bocados que te alegran el día y te animan a intentar cocinar en casa tu propia lucha laboral.

De hecho, deberíamos estar todos atentos a este pequeño conflicto, y apuntar la receta por si un día nos toca preparar una igual. Hoy son solo unos pocos ciclistas, pero lo que está en juego es mucho más que asegurar un mínimo de horas o de pedidos: lo que está en disputa es el futuro de las relaciones laborales, que sigamos siendo trabajadores o acabemos todos como “colaboradores”. Porque si lo piensan bien, no hay sector o empresa al que no podamos aplicar el modelo “colaborativo”. ¿Por qué contratar médicos o profesores, pudiendo tener una app que intermedie y ponga en contacto a pacientes que buscan médico y médicos que buscan pacientes; alumnos con ganas de aprender y profesores con ganas de enseñar?

Por eso muchos estamos pendientes del conflicto de Deliveroo. No solo los trabajadores: también los empresarios siguen la huelga de riders con interés, porque Deliveroo, como otras empresas similares, es un anticipo y un ensayo de en qué quieren convertir algunos las relaciones entre empresas y trabajadores. Quizás esta sea la próxima reforma laboral, sin necesidad de publicarla en el BOE.

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