Reconozco que solo sé del personaje televisivo lo que puede saber cualquiera que no preste demasiada atención a este tipo de contenidos. Creo que Jorge Javier es el presentador de referencia si hablamos de espectáculos de famoseo, y poco más. Y si no conozco al personaje mucho menos conozco a la persona, pero supongo que si está donde está será por algo. Y no lo digo con intención aviesa. Todo lo contrario.

El caso es que me ha llamado la atención un artículo suyo en Lecturas, una revista del corazón, donde hablaba de Juan Carlos Monedero. Y como me ha resultado interesante su estilo he querido ojear otros contenidos de su columna. Y sí, la primera impresión era acertada.

Como no pretendo ahora hacer una disertación imposible sobre la complejidad de un individuo al que no conozco, bastará con decir que por lo que escribe me ha parecido un tipo inteligente y que sabe nadar y guardar la ropa. Lo que me sí me parece digno de mención es haber leído algo más de doscientos comentarios (entre el enlace de Juan Carlos y el de Lecturas), y solo haber visto, aparte de algún sinsentido extremo, respuestas tan airadas como absurdas a lo que comenta Vázquez en este párrafo:

Y además me riñe –eso se les da muy bien– por no participar de manera activa en la política. ¡Vaya, hombre! Ahora resulta que aparte de conocer al dedillo las andanzas de la Isabel Pantoja de turno también tengo que empollarme todo lo relativo al cambio climático. No vaya a ser que monten un referéndum y me toque decidir qué hacer con la capa de ozono.

¿De verdad ninguno de los indignados comentaristas ha podido entender que se trata de una ironía repartida a dos manos además de una advertencia; de una crítica mordaz a esa sociedad a la que él entretiene y tan bien conoce y otra a esos políticos que no saben dónde viven? ¿En serio a nadie antes de mostrar su pública indignación le ha dado por pensar que Jorge Javier, como cualquier persona medianamente normal, sí tiene algún criterio fundado sobre casi todo, y que no habla de él mismo?

Si alguien ha leído el artículo –y se supone que si han llegado hasta esa parte sí lo habrán hecho–, debería haber entendido que desde la primera línea el autor está avisando de lo que quiere expresar, aunque midiendo a quién quiere llegar, y procurando gustar también a quien no se va a enterar de nada.

Con todo el sentido del mundo está advirtiendo a los ‘nuevos políticos’ que el mejor caladero de votos, el que decide, está ahí, rodeándolo, y no bajo un distinguido y cómodo atril en el que apoyar los egos, ni en el CSOA del barrio tal, ni en la asociación militante por los derechos de Loretta. Y que además solo hay que echar la red, pero sin insustanciales romanticismos, sino con un buen cebo de hechos tangibles. Por eso habla del bingo, y de cómo es más importante para la gente la simple posibilidad de que le toque algo –que eso sí renta–, que quién está sentado en la mesa de al lado, por muy famoso que sea. Y para la crítica en mayúsculas se guarda las últimas líneas, y con un argumento de los que hacen sangre. Y lo hace todo en positivo, intentando ayudar. Y dejando muy claro que a pesar de todo le gusta Monedero y su actitud. De diez.

Lo único malo en su texto es que tiene razón, y no hay mejor muestra de ello que el tipo de reacciones que ha despertado. Harían bien escuchándolo, porque sabe de lo que habla.

2 Comentarios

  1. Me quede exprofeso a ver la entrevista a Monedero. La ironia es un arte que, sobre todo en estos momentos tertulianos, retrata a los participantes. Solo habia que ver al voluntarioso y vehemente Jaime, habitual de la carcundiamedia, como se trago el argumento y, como obediente y abducido sectario, no paraba de calificar de indecente la posibilidad de supervisar la cosa politica y sus desmanes (¡que seria lo siguiente OMG!) mientras esperaba anhelante la galletita del aplauso del publico asistente. No vi lo que se pueda haber comentado en su madriguera habitual, pero, por previsibles que son, ni falta que hace. Gracias a la obtusidad de esa ideologia, existieron cracs como Berlanga, La Codorniz con toda su plantilla…. que fueron capaces de informar de la realidad subyacente a una sanguinaria dictadura, pasando su implacable censura y consiguiendo que la negrura no fuera total. El que la mayoria no percibiese aquella realidad explicada con retranca y la dejara en categoria de chiste, es lo que mantiene en el poder a la misma saga y sus subsidiarios aun hoy en dia. De ahi esa sensacion de bucle en el que se instalo esta sociedad. Porque esa mayoria no pilla lo que la mano que mece la cuna esconde y la ironia revela.

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