Redacción/Rokambol/6.07.17

La técnica terapéutica consistente en rodear con los brazos un árbol grande mientras se cierran los ojos y se piensa en la paz del mundo es, junto con las picaduras de alacrán y las caídas por barrancos sin agua, lo que más divierte al gorrión común de nuestros bosques, incluso más que el hecho de ver a una urraca devorada por un gato montés.

“Hasta ahora se creía que los gorriones no poseían el don de la risa pero era sencillamente porque jamás habían visto a una persona cuerda abrazarse al tronco de un árbol”, explican los expertos.  Al parecer, otras aves del bosque también suelen pasar un buen rato observando la divertida terapia pero, a diferencia del gorrión, tan solo son capaces de esbozar una leve sonrisa o hacer un comentario socarrón con el pájaro que tenga al lado en ese momento. “¿Qué cojones le está haciendo esa señora al eucaliptus?” o “¿Te imaginas que ahora el árbol le pregunte la hora?” son algunas de las frases que los naturalistas escuchan con frecuencia al estornino, al piquituerto, al arrendajo y al gavilán.

Médicos, botánicos y psicólogos clínicos coinciden, sin embargo, en recomendar encarecidamente a los excursionistas que abracen árboles siempre que puedan, “pues un bosque lleno de risas y fina ironía es siempre un entorno natural más agradable y más equilibrado que un simple ecosistema regido por las brutales leyes de la supervivencia”, según aconsejan.

Algunos guardas forestales consultados también aseguran haber observado extraordinarias caras de asombro en la mayoría de las lechuzas pero niegan tajantemente haber oído nunca a una mata de romero utilizando el sarcasmo para comentar el hecho con el tomillo o la hierbabuena. “Fruncen el ceño, eso es todo”, aseguran. “Sobre todo el romero”, han llegado a precisar.   Más en Rokambol

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