Daniel Raventós | SinPermiso | 05/07/2017

Acaba de publicarse el libro de la colección “los retos de la economía” de la RBA que lleva por título Renta básica contra la incertidumbre. Está escrito por Daniel Raventós y se trata de una actualización de los aspectos más importantes que sobre la renta básica se han escrito últimamente. La colección en la que está incluido este libro no es académica, sino que trata temas (la desigualdad, el estado de bienestar…) para no especialistas, pero con la pretensión de aportar todos los elementos básicos necesarios para una posible posterior profundización. Este libro no hace referencia únicamente a temas teóricos sobre la renta básica, sino que también aborda la situación social y política que ha propiciado que esta propuesta sea no tan solo cada vez más conocida sino hasta habitual en muchos debates de los movimientos sociales, los medios de comunicación, los partidos políticos y los sindicatos. Hace poquísimos años esta situación era impensable, incluso había quien defendía muy pimpantemente que no se podía proponer la renta básica de forma abierta porque sería “asustar” o “inhibir” a la población, o a una parte de ella. El tiempo va dejando las cosas en su lugar. Ofrecemos la introducción de Renta básica contra la incertidumbreque pronto se publicará también en italiano, que consta de 6 capítulos en los que se tratan aspectos normativos de filosofía política (con especial referencia a la propiedad y la libertad); la recepción de la renta básica en algunos movimientos sociales como el feminismo y el ecologismo, así como en los sindicatos; la financiación; algunos experimentos que se están realizando en distintas partes del mundo; el papel de la renta básica en un mundo cada vez más desigual y con un avance vertiginoso de la mecanización; la paradoja de que sea defendida por políticos de derecha y de izquierda… SP

La propuesta de la renta básica, una asignación monetaria incondicional a toda la población, se discute en diferentes disciplinas académicas desde hace al menos cuatro décadas. Después de muchos años con relativamente pocos partidarios, la idea de la renta básica se está extendiendo en todo el mundo; hoy ya es tema de debate público en muchos Estados de la Unión europea y de otros continentes como el americano y el asiático. Es una de las propuestas sociales que despierta más pasiones favorables y, como no podría ser de otra manera, contrarias. Desde Canadá a Seúl, desde la nación Cherokee a la vieja Europa, cada vez más personas están discutiendo sobre la renta básica en todo tipo de foros.

En EEUU la renta básica le “suena” ya al menos al 50% de la población: algo increíble hace muy pocos años

La renta básica se percibiría solamente por el hecho de existir como miembro de la ciudadanía –o por disponer de la residencia acreditada—. Esto es, independientemente del sexo o de la etnia de pertenencia, o del nivel de ingresos de que se disponga, o de la opción sexual, o de la confesión religiosa profesada, o de la convicción en la inexistencia de cualquier ser sobrenatural. Así que la renta básica es una propuesta con características formales de laicidad, incondicionalidad y universalidad exactamente idénticas a las del sufragio universal democrático.

La renta básica debe hacer frente a muchas resistencias intelectuales, sociales,  filosóficas, económicas y políticas. ¿Es justa la propuesta de la renta básica? Quien no quiera trabajar remuneradamente ¿tiene derecho a percibir una asignación incondicional? ¿Desaparecería la pobreza? ¿No son mejores si se quiere combatir la pobreza los subsidios condicionados conocidos y propios del Estado de Bienestar? ¿Trabajaría remuneradamente la gente con una renta básica? ¿No sería mejor lograr o perseguir el pleno empleo? ¿Tendrían los trabajadores un mayor poder de negociación con la renta básica? ¿Cómo podría afectar la renta básica a la emigración pobre de los países pobres hacia los países ricos? Con la renta básica ¿gana todo el mundo, tanto ricos como pobres? ¿Beneficiaría o no a las mujeres la renta básica? Con las amenazas de la robotización de muchos empleos, ¿tiene algo que proponer la renta básica? Ante las crecientes desigualdades entre una pequeñísima minoría rica y el resto de la población, con las consiguientes amenazas a la democracia, como entre otros ha señalada y estudiado el Premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, ¿es una buena propuesta la renta básica? Que la renta básica tenga entre sus defensores personas que están situadas en la derecha política y otras en la izquierda ¿significa que están defendiendo en realidad la misma propuesta?

Y no se puede olvidar la objeción más repetida: ¿Se puede financiar la renta básica? Bien es verdad, que sería más exacto decir que esta objeción es la “más repetida hasta hace poco”. Porque si bien no son muy abundantes los estudios que señalan con detalle y competencia técnica cómo podría financiarse, ya se han publicado algunos de excelentes. Cada región y cada país son diferentes en términos económicos por mucho en común que evidentemente puedan tener, pero la financiación debería traducirse en cambios en las prioridades presupuestarias y en la reforma de los sistemas fiscales. También se ha propuesto la introducción de mecanismos fiscales como una imposición sobre las transacciones financieras, por ejemplo. Con todo ello se conseguiría una reducción sustancial de la desigualdad en la distribución del ingreso y una mayor sencillez y coherencia interna en los sistemas fiscales y prestaciones sociales. La renta básica no es una pócima curalotodo que resolverá todos los problemas sociales y económicos del mundo, pero significaría, para muchas personas que la defienden y la estudian, una expansión de las oportunidades para que la gente participe en las actividades productivas, un aumento de la inclusión social dentro de comunidades más fuertes, una facilitación para una mayor participación política y social, y una importante reducción de la pobreza y los problemas con ella relacionados. La renta básica no es “una” política económica sino que formaría parte de una política económica y de un proyecto global cuyo objetivo es garantizar y fortalecer la existencia material de toda la población. También puede ser vista como una especie de indemnización por los errores del pasado y del presente, ya que exige a los ciudadanos más privilegiados contribuir para lograr el derecho de existencia para todos. Aquí reside uno de los principales obstáculos políticos para la renta básica.

Y aquí también es donde puede explicarse esta aparente paradoja: que la renta básica sea apoyada tanto por posiciones políticas de derecha como de izquierda. La forma de financiar la renta básica es lo que ayuda a despejar la aparente paradoja. La cada vez más extensa bibliografía que hay en multitud de idiomas sobre el tema, puede constatar que hay partidarios de la renta básica de derechas, de centro y de izquierdas. El criterio infalible para saber la orientación política de cualquier defensor de la renta básica es conocer la propuesta de financiación que la hará posible. Y también es de mucha información conocer las medidas de acompañamiento de política económica que se defienden. Los defensores de derechas pretenden desmantelar el Estado de Bienestar (o lo que queda en algunos lugares de él) “a cambio” de la renta básica, persiguiendo sus clásicos objetivos de “adelgazamiento” del Estado (excepto la policía, el ejército y los tribunales de justicia) y de reducción de la presión fiscal. Los defensores de izquierdas, por el contrario, pretenden una redistribución de la renta de los más ricos al resto de la población y el mantenimiento, o incluso el fortalecimiento, del resto de prestaciones del Estado de Bienestar. Es decir, para la concepción de izquierdas, por claro contraste con la de derechas, su implantación no debe suponer merma alguna de los servicios públicos ni de los derechos sociales (educación, sanidad, dependencia, vivienda, etc.) fundamentales de un Estado Social o de Bienestar que pueda considerarse como tal.

Pero a principios del siglo XXI se han acelerado los acontecimientos. Y surgen nuevas realidades que han añadido motivos para defender la renta básica, según puede constatarse en los últimos años. Que grandes medios de comunicación como The Financial Times, The Guardian, The Wall Street Journal, The New York Times o Le Monde y revistas como The Economist, Le Monde Diplomatique Der Spiegel, entre muchos otros, hayan destacado entre sus páginas la propuesta de la renta básica a lo largo de la segunda década del siglo XXI obedece a este creciente interés entre la población por la renta básica. Entre estas nuevas realidades citaremos tres: el deterioro acelerado de las condiciones de vida y trabajo para una gran mayoría de la población no rica; un aumento nunca conocido en las últimas décadas de las grandes desigualdades; y la gran amenaza, de no cambiar mucho la forma de entender la economía, que supone la robotización para millones de empleos. Y ello ha tenido consecuencias para revitalización de la propuesta de la renta básica. A las motivaciones aducidas por sus defensores pioneros, estas realidades del siglo xxi han aportado nuevas razones para la defensa de la renta básica incondicional.

En los pocos años que llevamos de transcurso de este siglo, el mundo ha visto una de las crisis económicas más impresionantes de los últimos 200 años. Las consecuencias de esta crisis y de las políticas económicas que se han puesto en funcionamiento desde entonces, han devastado las condiciones de vida y de empleo de gran parte de la población. Una de las consecuencias más visibles, pero ni mucho menos la única, ha sido el gran incremento de los trabajadores pobres en lugares en donde parecía que su realidad era poco más que simbólica: la vieja Europa. Según datos de Eurostat, en el año 2015 la Unión Europea acumulaba ya un 13,2 % de trabajadores pobres, poco menos del doble de apenas seis años antes.

Otra de las consecuencias ha sido un aumento desconocido de las grandes desigualdades sociales. En 2016 solamente 8 personas acumulaban la misma riqueza que la que juntaban 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). Cinco años antes habían de sumarse las 388 personas más ricas del mundo para igualar a la mitad más pobre del planeta. Hay quien cuestiona estos datos, multipliquémoslos por 100. ¿Cambiaría algo que fueran 800 personas las que acumulan lo mismo que 3.600.000.000? La proporción sería entonces de 1 a 4.500.000. Nada envidiable.

Finalmente, otra nueva realidad que ha hecho emerger el interés por la renta básica ha sido la robotización y las amenazas para muchos empleos. Efectivamente, según algunos muy discutidos trabajos académicos se aventura que un 47 % de los empleos en Estados Unidos está en alta probabilidad de automatización en los próximos veinte años, especialmente en los sectores del transporte y logística, el administrativo y el sector servicios. También estos trabajos estiman que la Unión Europea será escenario de una mayor automatización que la referida a Estados Unidos en el mismo período: el 54 % de los empleos. La consultora McKinsey corrobora los datos: su estimación es que se podría automatizar hasta el 45 % de las tareas a escala mundial.

En fin, la propuesta de la renta básica es sin ninguna duda muy controvertida. Hay muchos intereses en disputa. Y cuando hay intereses contrapuestos, el conflicto asoma. Para cada vez un número creciente de personas, vivir en una sociedad democrática, integrada por una ciudadanía libre, implica que la satisfacción de la existencia material debe estar garantizada como derecho de ciudadanía, sin estar condicionada a disponer o no de un trabajo remunerado ni al cumplimiento de ningún otro requisito que no sea el de residencia. Sin esta garantía de una existencia material garantizada como derecho inalienable, no puede hablarse de una ciudadanía verdaderamente libre. Este es el reto al que la renta básica pretende contribuir. No como “la” solución a todos los grandes problemas económicos que nuestra especie tiene planteados, pero sí como parte imprescindible de cualquiera que sea el conjunto de soluciones. La renta básica, sin duda, es un dique contra la incertidumbre.


es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Su último libro es “Renta Básica contra la incertidumbre” (Ed. RBA, julio 2017).


Fuente: Introducción del libro “Renta básica contra la incertidumbre”, RBA, julio 2017

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