Feliciano Tisera | bez | 

El horizonte español se presenta, literalmente, sombrío. Mientras Europa se limpia, España se ensucia. La UE avanza firme al objetivo del 20% de reducción de emisiones para 2020 -en 2014 sus emisiones fueron un 24% inferiores a 1990, y todo indica que disminuirán más hasta 2020-, pero España las aumentó un 15% desde 1990. Es más, el compromiso de la UE en el Acuerdo de París es reducir un 40% las emisiones para 2030, aunque para ello será menester aplicar medidas adicionales.

De los 10 países europeos más emisores en 1990, España es el único que ha aumentado sus emisiones mientras que el resto las ha reducido en un 25% de media. Las contundentes cifras son recopiladas por un estudio de Fundación Alternativas, que subraya que se prevé que las emisiones se reduzcan sólo un 1% para 2030 respecto a los niveles actuales, y a partir de ahí que aumenten casi un 10% hasta 2050, si no se aplican medidas adicionales. .

En 2007, España había aumentado un 54% sus emisiones, superando el límite que le imponía el Protocolo de Kioto (del 15%) debido a una política expansiva en el urbanismo y en el transporte, explica el informe. Entre 2008 y 2013, con la crisis, las emisiones de CO2 se desplomaron un 27%. Y a pesar de ello, para cumplir con Kioto, los Gobiernos tuvieron que comprar derechos de emisión a terceros países por un total de 800 millones de euros.

En 2014 y 2015 las emisiones volvieron a subir, debido a una ligera mejora de la economía, el freno a las renovables y el mayor uso del carbón en la generación de electricidad. En 2016, las emisiones bajaron ligeramente por las variaciones en el mix eléctrico, pero principalmente por mayor aprovechamiento hidráulico, no porque hubiera actuaciones estructurales en el sector energético. Según los últimos datos oficiales disponibles, las emisiones de gases de efecto invernadero en España en 2015 se situarían en 335,6 millones de toneladas de CO2, un 15,5% por encima de los niveles de 1990.

El transporte, sector clave

Más de las tres cuartas partes de las emisiones totales se producen en el uso y procesado de la energía: transporte (25% de las emisiones nacionales); generación de electricidad (26% en 2015); industria (12%); y sectores residencial, comercial e institucional (8%).

Las emisiones de fuentes fijas (derivadas de la actividad de los sectores industriales, eléctrico, cementero, siderúrgico y refino) en la actualidad representan un 40% del total de las emisiones. Las emisiones de los sectores difusos representan el 60% restante e incluyen transporte, la agricultura, los sectores residencial, institucional y comercial y la gestión de residuos.

Una de cal y varias de arena

La aplicación del comercio de derechos de emisión, junto con la implementación de políticas de apoyo a las renovables, tuvo un impacto positivo en la reducción de emisiones de CO2 en el sector eléctrico. De hecho, las energías renovables fueron el principal factor de reducción de emisiones en España. De 2005 a 2010, el uso del carbón pasó de producir casi un tercio de la electricidad total en 2005 a no alcanzar el 9%. Poco a poco se fue retirando el carbón a favor de las energías renovables y del gas natural.

Las renovables fueron el principal factor de reducción de emisiones, pero se recortó esa industria puntera y se castiga el autoconsumo eléctrico

Sin embargo, a partir de 2010, la aportación del carbón vuelve a crecer desplazando el uso de gas natural, por la aplicación del Real Decreto que fomenta la quema de carbón nacional. Pero el factor fundamental fue el bajo precio en origen del carbón de importación, con precios de transporte internacional también bajos, al tiempo que el precio de la tonelada de CO2 era muy pequeño. Probablemente, si el precio de los permisos de emisiones no se hubiese desplomado, el comercio de emisiones habría podido influir a favor del uso de combustibles más limpios como el gas natural.

Pese a sus beneficios, las energías renovables sufrieron una modificación regresiva del marco regulatorio en base al cual se venían desarrollando, que han afectado las inversiones que llevaron a España de ser el país más atractivo para los inversores en energías verdes, junto a EEUU, China y Alemania. al puesto 29 entre 40 países, dentro del ránking de Ernst and Young correspondiente a mayo de 2017.

Como si eso fuera poco, en 2015 se introdujo una restrictiva normativa sobre el autoconsumo eléctrico, con el denominado “impuesto al sol”, sanciones, y otros elementos que lastran el avance hacia la democratización del sector eléctrico.

Un transporte nocivo

El transporte representa el 25% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero en España y casi el 40% de las emisiones de los sectores difusos. Si se contabilizasen las emisiones indirectas causadas en otros países por el transporte marítimo y aéreo de las mercancías importadas y/o por el ciclo global de las actividades vinculadas al transporte, estas emisiones subirían hasta el 32%.

Las emisiones del transporte en España en 2014 fueron de 77,2 MtCO2-eq, habiéndose incrementado casi en un 50% desde 1990 como consecuencia del incremento en la demanda de movilidad de pasajeros y mercancías y en los modos de transporte más contaminantes.

Otras cifras negativas de España

  • La penetración del coche eléctrico no es significativa, los vehículos híbridos y eléctricos son sólo un 2,6% del mercado. En 2016, no se alcanzaban las 36.000 matriculaciones.
  • El parque actual de vehículos a gas natural asciende a unas 6.000 unidades, la mayor parte de ellos pertenecen al ámbito profesional, autobuses y camiones medios y pesados de utilización intensiva.
  • Tiene unas de las peores cuotas europeas de transporte de mercancías por ferrocarril, en torno a un 4%, la mitad que hace dos décadas y muy por debajo de la media europea (de un 17%).
  • El 45% de la red convencional de ferrocarril está sin electrificar (sin contar las líneas de alta velocidad). Un tren eléctrico requiere cerca de un 25% menos de energía primaria que otro de tracción diesel y genera alrededor de un 59% menos de emisiones de CO2.

7 Comentarios

  1. Sin nada que ver con este artículo, me permito colar aquí mismo mi comentario, aprovechando un breve desplazamiento hasta mi casa:

    “Esperemos que las vacaciones no se vean alteradas por la irrupción de un importante acontecimiento político entre… el 7 y 13 de agosto” (es cuestión de fechas).

  2. 1)
    A ver cómo relato las imágenes de mis premoniciones, ya acontecidas, sin que me tomen por ‘majareta’. Y es que, tal y como indicaba en mi comentario del pasado 29 de julio, vi, insistentemente (por “concentración mental”, claro) muchos “bultos” de personas entre aviones y cada avión llevaba marcado un número consecutivo del 7 al 13 y pegado a este último otro avión marcado con el n° 24 por lo que yo intuía perfectamente la gestación de huelga de compañías aéreas consumándose el 13 a las 24:00 horas pudiendo alterar la ida o regreso de las vacaciones, principalmente en tan significativo día.
    (continúa en 2)…

  3. …2)
    ¿POR QUÉ INDIQUÉ YO, LITERALMENTE (TRAS EL 13) “es cuestión de fechas”?: Pues porque yo sabía que al ejecutarse el día 13 A LAS 24:00 HORAS, la opinión pública podría interpretarlo como la noche del 13 (o madrugada del 14).
    He de hacer también la observación de que los puntos suspensivos que citaba, a modo de duda ANTES DEL NÚMERO 7, fue porque:
    Momentos antes de la citada “videncia” y también con el número 7, vi al Sr. Rajoy postrado en una cama, sin poderse apenas mover y con respiración dificultosa, junto a un reloj de mesilla cuya única manilla señalaba el número 7, por lo que yo sabía, sin lugar a dudas, que ese día quedaría casi inmovilizado,
    (continúa en 3)…

  4. …3)
    Es decir, tuve dos premoniciones en cuestión de minutos (sin comentárselo a nadie). En ocasiones, puedo equivocarme, quizás, al darles forma…al “descifrarlas”, pero no en las imágenes de mi mente, porque al ser insistentes y consciente yo de que son por “concentración mental”, siempre tienen un significado real a posteriori.
    Por tanto, harán mal -quienes me lean- en tomarse a broma la veracidad de mis predicciones, porque son inequívocas (de lo contrario, NO lo plasmaría aquí con anterioridad, EXPONIÉNDOME A HACER EL RIDÍCULO) y, como siempre afirmo, soy la primera en diferenciarlas de mis opiniones habituales sobre los temas del día a día, en las que, SIN concentración mental frecuente (afortunadamente para mí), SÍ me puedo equivocar.
    Continúa en 4)…

  5. …4)
    Es más, -si se me permite- aprovecho para plasmar que, a nivel privado, en mi entorno han ocurrido sucesos alguna vez, que también les predije el mismo año, como cuatro leves caídas y hasta un acierto de La Primitiva, en la que, desconociendo los resultados del boleto ganador, lo que adelanté al “afortunado” fue “que el suyo iba a ser premiado” (ojalá lo viese para mí, pero nada, no hay manera) Y, ya en plan preocupante, otro día vi (por concentración mental) que el marido de una compañera, y al que yo conocía, moriría, pues en mi mente le estaban enterrando (y lo mal que lo pasé, no lo sabe nadie… sin podérselo insinuar a ella, ya que estaba sano). A las tres semanas falleció en un accidente de carretera.
    Por ello digo que, por suerte para mí, la “concentración mental” no la tengo con frecuencia, ya que de lo contrario, me resultaría horroroso. Y bastante tengo con los problemas del más acá, como para ocuparme (o intentar buscar) los del más allá.

  6. Se me ha olvidado lo principal, y es que, respecto a lo que he plasmado en la parte 2), como cuando se trata de “concentración mental”, con nombres y apellidos de los afectados, suelo utilizar la cautela al plasmarlo públicamente para evitar causarles una preocupación, no supe qué enfoque darle en mi comentario anterior para plasmarlo aquí.

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