| La Marea |30 Julio 2017

Tiene un aire al sombrero de El Principito, pero más anchura, como si el elefante se hubiera estirado por dentro en un intento por salir. Se ve a lo lejos, en mitad de la campiña sevillana. Rocío Álvarez muestra una foto en su móvil donde se aprecia, incluso, desde la ruta del Pinsapar, en Grazalema, Cádiz. Mide más de 500 metros en su parte más alta. Tiene varios nombres: la sierra de Esparteros, uno; la sierra de Montegil, otro. En Morón de la Frontera todos la llaman como lo que es, la Sierra de Morón, un símbolo de la comarca. “Herida de muerte está / se agarra a su costado, llora, suplica ayúdame / agarrada a su costado, herida de muerte está”, rezan unos versos en un folio que enseña también Rocío.

La hoja tiene un sello oficial. Ha sido registrada en el Ayuntamiento de la localidad para evitar que una cantera se siga comiendo el perfil de aquella ladera, su corazón y los recuerdos de un pueblo entero a sus faldas. “El canasto que llevaba mi madre rodeada de alegres churumbeles que llenábamos los alrededores de la ermita”, alega Alejandro Romero. Seis filas de escarpados blancos escalonan la montaña hasta la cima. Varios camiones salen cargados de piedra. “Peligro voladuras, zona minera, prohibido el paso”, avisa un cartel. Cuentan en la venta de al lado que la explosión de hace unos días fue monumental.

El momento es decisivo. El consistorio, gobernado por el PSOE, está a punto de validar en su PGOUla autorización concedida por la Junta de Andalucía de una prórroga de explotación por 30 años más. En otro folio, Alonso Amaya recoge un cuadro de José Rico Cejudo, de 1909. Pinares del atardecer, con la silueta de la sierra al fondo. “Fue motivo de inspiración de la escuela de pintores de Alcalá de Guadaíra”, cuenta. Juan José García, cronista oficial de la villa, describe así sus sensaciones en la alegación: “Es parte de mi pueblo, de sus paisajes. Porque estaba ahí desde los pasados siglos y nadie puede tener permiso moral para romperla”. “Tú, que el vientre tienes preñado con botijos de agua fresca de los que bebió Morón en tiempos de bocas secas… Y los niños en el mapa tendrán que hacer un tachón en el sitio donde estuvo nuestra sierra de Morón”, escribe Isabel Escobar. “Igual que en carnaval hay letras que nunca han salido porque la censura u otras circunstancias en las que ahora no vamos a entrar lo han impedido, hay un perfil de la sierra que ya jamás conocerán los que vengan tras nosotros”, apunta Antonio Morales en la suya, un trocito de su pregón de carnaval de 2004. La Plataforma Ciudadana Sierra de Morón presentará en total 45 alegaciones. Una por día de los 45 hábiles que el PGOU permanecerá en exposición pública.

“Ante la impotencia, hemos tenido que recurrir a los sentimientos y hemos decidido alegar lo que la sierra supone para cada uno de nosotros”, lamenta Rocío. La impotencia se traduce en más de 4.000 firmas recogidas en 2013 –en un pueblo de 28.000 habitantes– que pedían el cese de la actividad extractivista. Se traduce en concentraciones, en protestas, en manifiestos, uno de ellos firmado por el escritor Eduardo Galeano, que llegó a visitar la localidad. “Unas veces gobernado por el PSOE y otras por el PP, el Ayuntamiento siempre ha mirado para otro lado”, denuncian los miembros de la plataforma.

El cambio de normas

Hasta ahora, las normas urbanísticas municipales calificaban ese suelo como no urbanizable de especial protección. Cuando la cantera comenzó su explotación, a principios de los 80, no existían normas medioambientales –ni conciencia– que la impidieran. Ahora, en el nuevo PGOU, el suelo de la sierra de Morón seguirá contando con la misma protección pero no se permitirán en él actividades mineras. ¿Por qué se ha concedido entonces una prórroga? ¿Por qué se permite la explotación en un suelo protegido? ¿Por qué sencillamente no se desprotege el suelo si se va a continuar 30 años más con la explotación? Un duro informe del Defensor del Pueblo Andaluz asegura que el consistorio omitió las características urbanísticas del suelo a la Junta de Andalucía, que fue quien otorgó a la cantera la declaración de impacto ambiental (DIA) favorable. “[Si la Consejería de Medio Ambiente] hubiera contado con otros elementos de juicio a la hora de otorgar la DIA, pues quizás ésta no hubiera sido exactamente la que se ha dictado”, sostiene la resolución, que pide, por tanto, la revisión de la prórroga.

“Lo que hace ahora el Ayuntamiento es redactar el PGOU de tal manera que no estén prohibidas las actividades extractivas ya comenzadas que tengan autorización. Un ajuste a medida de la cantera. Pero claro, tiene autorización porque ellos omitieron que era suelo de especial protección. Es la pescadilla que se muerde la cola”, denuncia Isidoro Albarreal, concejal de Ama Morón. El Ayuntamiento, en la desestimación de unas primeras alegaciones a la asociación sevillana de empresas mineras –que pedían desproteger esos suelos–, afirma que la sierra está considerada como “espacio protegido dentro del vigente Plan de Especial Protección del Medio Físico de la Provincia de Sevilla”. El texto añade: “Morfológicamente constituye un espacio de interés (falla) y un refugio para la flora y la fauna de la comarca. Además, alberga bajo ella un importante acuífero”.

El consistorio también aprobó una moción en favor de la protección de la sierra; un informe de la Universidad de Málaga confirmó la importancia de la fauna y flora que habitan en ella; la Administración autonómica cuestionó el proceder de la empresa que gestiona la cantera, Sidemosa: la Consejería de Medio Ambiente dijo de forma expresa que había que suspender esos trabajos. Pero nada hasta el momento ha parado las máquinas de manera definitiva. Preguntada por La Marea, la Consejería de Medio Ambiente asegura –como ya respondió al Defensor del Pueblo– que sobre la sierra no existe ninguna figura de protección natural. El Ayuntamiento no ha respondido a este periódico.

La empresa afirma que actúa dentro de la más estricta legalidad y asegura que recurrirá el PGOU. “Estos ecologistas son muy sectarios y no actúan contra otras canteras de la provincia que además son de titularidad pública, porque la mía es de titularidad privada. La tiene mi familia desde 1899, seis generaciones, y allí ha habido canteras desde los romanos”, afirma el gerente, Francisco Siles. “Si te opones a que los coches emitan C02, no te opongas solo al Megane. Las ciudades crecen y ahora todos queremos una casa en la playa, por lo que la extracción de piedra ha subido mucho y la cantera se ha agrandado, pero en la proporcionalidad del bienestar de la sociedad. En las mejoras de la humanidad siempre ha habido impacto visual. Mira como en África no hay impacto visual, pero tampoco hay agua potable. Esa sierra tiene vocación minera porque es la primera falda geológica rocosa en las cercanías del Valle del Guadalquivir”, argumenta.

Siles asegura que recogió 300 firmas de los trabajadores directos e indirectos –según explica, da 40 empleos directos– y resta validez a las más de 4.000 firmas recogidas por la plataforma. “Cuando corregimos los impedimentos medioambientales, se inventan otros y tiran ahora por el concepto de la expropiación, que la sierra sea de todos. Pues nos podemos también poner a recoger firmas para quitarle el patrimonio a la corona británica o a Amancio Ortega. Eso es como decir que tengo un piso y que no puedo ir en agosto. Que tengo una sierra… ¿y me vas a decir que no la puedo explotar? Es ridículo. En los parques naturales existen actividades empresariales”, denuncia.

“Y tras el curso del río, como la presencia remota, misteriosa e inmóvil de las esfinges, herido sin pudor por las dentelladas de antiguas y nuevas canteras, allí se alza Montegil, la sierra en cuyas entrañas manan fuentes de agua fresca como la nieve primera, y que desde la enorme masa, toda de piedra caliza, derrama una pálida luz sobre los campos, los animales y los hombres”. Con estos versos del poeta Alberto García Ulecia, ha registrado su alegación Miguel Guardado. En su comienzo –asegura– la cantera carecía de la licencia municipal a la que le obligaban las normas subsidiarias de Morón y a partir de ahí vino todo lo demás, que desmenuza en un detallado informe. “Se llegó a destruir una necrópolis de la edad del cobre”, añade. Como recoge un acta del Ayuntamiento de Morón facilitada por Gabriel Giráldez, un vecino de la localidad, la sierra fue un bien comunal hasta finales del siglo XIX donde trabajaban los tradicionales caleros.

Hoy, junto al corazón abierto de la sierra, se percibe una cicatriz, camuflada en la propia piel de la ladera, de ese oficio artesanal catalogado como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. “Porque oxigena el aire, porque aguanta las tormentas. La sierra con su estoicismo representa todo aquello que deberíamos ser y que no somos por nuestros miedos, egoísmos y dudas”, alega Jesús Carrasco. José Antonio Entrena, que vivió en Alicante y que le servía de guía cuando volvía a Morón, dice que hoy no la reconoce con ese boquete. “Siempre la veo de lejos. Estaba ahí antes que todos nosotros. La quitan aquellos que están ahogados en su sed de avaricia”, afirma Fanny.

A las espaldas, por el camino de las Alcabalas, la sierra luce sana, como la cara oculta de la luna que nadie ve, como ese confín que de pequeños se ve muy grande y de grande se sigue viendo más grande todavía: “Ir a la sierra era ir de excursión, era ir muy lejos. el límite del mundo para nosotros –recuerda Mila Alemán– La sierra es nuestra guardiana, ella lo sabe todo”.

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