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Félix Población | Diario del Aire | 5 agosto 2017

Mucho me gustaría que, a raíz de la reciente publicación de esta documentada biografía de José Luis Ferris (Alicante, 1960) sobre María Teresa León (1903-1988), algunas de las magníficas obras de la que es autora esta extraordinaria y olvidada escritora fueran nuevamente editadas. Como otras mujeres de su generación, María Teresa no fue valorada con el reconocimiento que mereció en vida y que quedó a la sombra del que le tributaron a su marido, el poeta Rafael Alberti.

Como además de la excelencia de sus libros, Teresa León tuvo una vida sumamente activa e interesante, antes de la Guerra de España, durante el conflicto y a lo largo de sus casi cuatro décadas de existencia fuera de su país durante la dictadura franquista, el biógrafo ha tenido materia documental suficiente para elaborar un trabajo de indudable interés. Autora de novelas, relatos, ensayos, obras teatrales, centenares de artículos periodísticos, guiones de radio, cine y televisión, León encarnó desde muy joven el ideal de la “nueva mujer” republicana, que aunque se definió a sí misma como “la cola de la cometa”, no puede ni debe quedar reducida a un papel secundario como consecuencia de su matrimonio con el gran poeta gaditano.

A juicio de Ferris, María Teresa era muy consciente de su capacidad y cualidades creadoras, pero tanto tiempo al lado de un hombre también con luz propia y poco dado a la colaboración doméstica, hizo que ella tomara las riendas de la casa, sobre todo durante el exilio y el nacimiento de su hija Aitana. En León es digno de resaltar la belleza de su lenguaje cálido, preciso e intenso, su capacidad de evocación y lirismo, sobre todo en obras tan notables como Memoria de la melancolía. En esta escritora, lo autobiográfico es una constante, tanto en sus relatos como en sus novelas y obras dramáticas. Subraya el biógrafo que el sentido último de la veintena de libros escritos por Teresa León se encuentra en la epopeya colectiva. Se trata -según sus palabras- de un yo nutrido de experiencias comunes, de episodios compartidos con las víctimas de una misma realidad -la crudelísima guerra civil y el exilio-, y que en su escritura se transforma en una acción ética.

María Teresa hubo de compaginar la literatura y el compromiso político con la administración familiar y la maternidad, con el exilio como última circunstancia para que sobre su obra pese hoy un olvido tan injusto como mezquino. Es especial y conmovedoramente triste el último periodo de su existencia, perdida la memoria y alojada en una residencia de ancianos de la sierra madrileña. “Ella, que siempre había creído que recordar era más importante que vivir, tuvo que vivir la última parte de su vida sin recuerdos”, escribió el poeta José Infante.

Falleció el 13 de diciembre de 1988, víspera de la huelga general contra el gobierno del Partido Socialista. Este hecho impidió que se celebrara el entierro en la capital de España, por lo que se hizo en el pequeño cementerio de Majadahonda, con la asistencia de solo quince personas. Sus restos descansan sobre un almohadón de la cuna de Aitana y bajo un verso del hermoso poema que le dedicó su segundo marido:Esta mañana, amor, tenemos veinte años. Alberti también escribió un obituario en el diario ABC, con el que el poeta del Puerto de Santa María obtuvo el premio Mariano de Cavia de periodismo.

Palabras contra el olvido

José Luis Ferris

Fundación José Manuel Lara, 2017

467 páginas

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