Manolo Monereo| Cuartopoder | 

Las segundas partes son todo, menos fáciles. Lo que quedó escrito en la primera, se olvida y cuesta cierto trabajo emprender un relato que ha sufrido el tiempo de la política, tan acelerado que parece que lo escribí hace meses. Lo hago conscientemente, querida Carmen, sabiendo que no voy a ser demasiado leído y que escribir en agosto es casi perder el tiempo, que no es lo mismo que un tiempo perdido. Mi verano abulense me ayuda a pensar. Paseando por la Sierra de Gredos gano perspectiva y aprendo a mirar la realidad tal como es.

Merecería la pena resumir la carta anterior e intentar acompañar a quien lo lea. La primera idea era clara y distinta: existe una percepción social de que la victoria de Pedro Sánchez significa una discontinuidad con el PSOE de Felipe González y la apuesta por un partido más escorado a la izquierda. Sin este dato, sin su comprensión, es difícil hacer política real aquí y ahora. Un segundo elemento es que, de alguna forma, este Pedro Sánchez, este nuevo PSOE sigue defendiendo en la práctica lo mismo que en la etapa anterior: reducir la dimensión política y electoral de Unidos Podemos como condición para hegemonizar una nueva etapa en el régimen español del 78. La tercera cuestión es que ambos asuntos está relacionados y obligan a UP a definirse ante una tensión difícil de resolver, entre el repliegue y el tacticismo. La cuarta idea tiene que ver con la coyuntura. Parecería que estamos entrando en una etapa defensiva de guerra de posiciones, de cerco mutuo entre UP y el PSOE en un momento donde el PP, a pesar de la corrupción, está pasando a la ofensiva. Insisto, un PP que pasa a la ofensiva y que tiene el apoyo claro y nítido de la Unión Europea y de los grandes grupos de poder económico. Aquí nos quedamos.

Me interesa mucho de tu argumentario aquello de que  Unidos Podemos “ha pasado” de los socialistas de izquierdas y que no os hemos hecho ningún caso. Creo que es verdad y que tiene que ver con una de nuestras debilidades. No solo de Podemos, sino de todo Unidos Podemos. De tu carta, de lo que yo ya te he escrito, hay un vacío: la organización política del sujeto alternativo. Cuando discutimos entre la percepción de un PSOE que gira a la izquierda (así es percibido) y un PSOE que quiere difuminar, reducir a UP, hay un problema que nunca emerge, a saber, que hablamos como si fuéramos tertulianos o dirigentes políticos ligados solo y exclusivamente a los medios de comunicación. El PSOE de Pedro Sánchez hará lo que quiera. Pero lo que pueda hacer dependerá en gran medida también de nosotros, de nuestra iniciativa política, de nuestra capacidad de dirección y de nuestra fuerza material. En UP tenemos organización, miles de inscritos, cuadros, presencia institucional, somos una fuerza real en la sociedad.

«La unidad popular encierra una idea diáfana: hoy gobernar significa tener menos poder que antes, España no es un país soberano»

Se tiende a olvidar, querida amiga, que lo que hemos ido construyendo es grande y diría que bello. Todo lo que se puede unir más allá del PSOE, se ha unido y funciona razonablemente. La unidad es lucha, conflicto, consenso. Es lo primero que tenemos que cuidar. Cuando se acepta el reto de una dialéctica unitaria con un partido como el PSOE, hay que cuidar la unidad, la coherencia interna y evitar los atajos. Es claro que no hay condiciones para que UP seamos una única formación política, pero entre la simple coalición electoral y el partido político unificado hay muchas variantes. La unidad popular es una estrategia de poderes que tiene en su centro una idea diáfana: que hoy gobernar significa, no solo no tener el poder, sino tener menos poder que antes. No se trata de un juego de palabras, España no es un país soberano en sentido estricto y cualquier gobierno que intente hacer política democrática, tendrá que confrontarse con las instituciones de la UE. Se puede decir más alto o más bajo, pero el problema real no se puede eludir, esta UE ha constitucionalizado y convertido en estrategia de integración las políticas neoliberales. Es hoy imprescindible la construcción en la sociedad de poderes alternativos, unitarios y dotados de una fuerte capacidad de movilización. Para que se me entienda bien, lo que defiendo es la construcción de comités de UP en los centros de trabajo, en los barrios, en los pueblos donde cada fuerza siga teniendo su autonomía y donde se promueva la unidad por abajo, la participación de las personas inscritas así como de aquellas que no pertenecen ninguna formación política.

Tu pregunta sigue siendo pertinente, ¿hemos ido pasando de los colectivos socialistas que se fueron yendo del PSOE? Creo que sí. Hay muchas razones que explican esto, pero me quiero referir solo a una. El Podemos que conozco es heterogéneo, desigual y con políticas organizativas diferenciadas. No hay todavía una cultura organizativa común y no se han encontrado mecanismos que la promuevan. El peligro que se corre es convertirse en un partido organizado en fracciones, articulado por los cargos públicos y dirigido, en la práctica, por profesionales. Podemos no es hoy eso, pero puede terminar siéndolo. A estas alturas, estoy convencido que las corrientes son inevitables en una formación política de masas; la clave para que no devengan en fracciones organizadas dentro del partido es asegurar la transparencia, la democracia y el debate político. Creo que ha pesado mucho en nuestra organización el miedo a que los socialistas acabaran siendo una fracción dentro de Podemos. El problema residió en que los diversos colectivos socialistas no tuvieron nunca la fuerza suficiente para ser un partido político dentro de Unidos Podemos.

«Deberíamos hacer es abrir el debate sobre qué forma-partido queremos que sea Podemos, que forma-sujeto político queremos que sea Unidos Podemos»

Tú y yo estamos convencidos de que un partido organizado en torno a fracciones tiene poco futuro. La larga historia del movimiento obrero y de sus organizaciones partidarias nos enseña que las fracciones matan el debate político, limitan la democracia real de los afiliados y afiliadas y promueven nuevas fracciones. La lucha entre aparatos en una misma organización acaba por disolverla y hace inevitable la ruptura. La solución la sabemos: debate político franco y leal, normas claras para todos y todas y el libre juego entre mayorías y minorías. Lo que deberíamos hacer es abrir el debate sobre qué forma-partido queremos que sea Podemos, que forma-sujeto político queremos que sea UP. Creo que deberíamos ir a una conferencia de organización que, partiendo de la realidad que somos, de nuestra experiencia, podamos dar instrumentos teóricos y prácticos que definan aquí y ahora qué significa hacer política en esta sociedad. La conferencia debería concretar el papel de los círculos y sus vínculos con los movimientos sociales, la democracia municipal y las relaciones entre instituciones y sociedad, concebidas como instrumentos de auto organización, la formación de cuadros y las relaciones de estos con las estructuras organizativas básicas, mejorar la calidad y la cualidad de nuestros métodos de trabajo y de dirección política y, sobre todo, fortalecer, arraigar y dar vida a nuestros círculos.

Hay algo en lo que tú y yo coincidimos,  tú con más optimismo que yo: el debate unitario con el nuevo Partido Socialista es inevitable; por lo tanto, no soy partidario del repliegue interno. La clave, a mi juicio, es que, precisamente porque estamos ante un debate ineludible, necesitamos reforzar la autonomía de nuestro proyecto, fortalecer la iniciativa y la cohesión de Unidos Podemos como sujeto político alternativo. Ambas cosas se deben y se pueden combinar. Vuelvo a insistir en algo ya dicho: nosotros somos una organización política, lo que hacemos tiene consecuencias y somos una fuerza real, material, con capacidad para cambiar la correlación de fuerzas y las percepciones sociales y electorales. Hay un ejemplo que explica esto. Me refiero a la moción de censura. Cuando Unidos Podemos la presentó, los medios y las demás fuerzas políticas pusieron el acento en su inviabilidad práctica. Lo que hicimos fue convertirlo en un hecho político que marcaba, reforzaba la autonomía del proyecto y disputaba la hegemonía a un partido socialista que sabíamos que podría virar hacia la izquierda. La unidad, me lo has oído muchas veces, es la continuidad del conflicto por otros medios, depende de una determinada correlación de fuerzas políticas y electorales, pero también de la inteligencia y habilidad del equipo dirigente y de su capacidad para comunicar en tiempo real la política que se hace. El debate unitario, para ser útil, debe ir más allá de las relaciones entre Unidos Podemos y el PSOE y concretarse en propuestas debatidas y aprobadas por los sujetos sociales.

«Hace falta construir un poder constituyente que permita crear una Constitución que permita construir un nuevo proyecto de país»

Nada puede ayudar más a este esfuerzo por definir un perfil propio y autónomo que el Proyecto 2020. Como es sabido —Pablo se ha referido a él varias veces– se trata de construir social y políticamente un nuevo proyecto de país. En su centro, la idea de “proceso-poder constituyente” y “reforma-cambio constitucional”. La idea de fondo, querida amiga, es que hace falta construir un poder constituyente en la sociedad que nos permita revisar, reformar, cambiar y crear una nueva Constitución para nuestro país que exprese, que haga visible para la ciudadanía los elementos básicos de ese nuevo proyecto de país. Precisamente para hacer visible esto aquí y ahora, deberíamos ir a una “constituyente para la constituyente”. Se trataría de hacer un debate de masas en torno a los 8 o 10 grandes problemas del país y convertirlo en propuestas de cambios constitucionales. Un debate que vaya de abajo arriba y se concrete en unos “Estados Generales”. Al final, lo que saldría es un programa para cambiar el país, empezando por su constitución material y formal. La tarea impone grandes esfuerzos, recursos materiales y una dirección política eficiente. Unidos Podemos estamos en condiciones de hacerlo para convertir una coalición electoral en un proyecto político de país, impulsar el debate unitario y hacer posible una dialéctica programática con el nuevo PSOE.

Necesitamos ir más allá de lo que somos, incorporar a miles de hombres y mujeres que están ahí, disponibles para ser sujetos activos de un poder social capaz de constituir un país con futuro. Unidos Podemos como sujeto de la transformación, como fundamento de una estrategia de unidad popular y como gobierno alternativo. Se votan discursos, no programas. La función de esta “constituyente para la constituyente” es construir un discurso autónomo con voluntad de mayoría y con vocación de poder; una propuesta que la ciudadanía la haga suya, que sea socialmente viable, políticamente posible y culturalmente alternativa.

Para ello habría que fortalecer la coalición existente creando un gobierno alternativo-Proyecto 2020. Se puede hacer, hay mimbres para ello, personas, hombres y mujeres capaces de ser la cara y los ojos de un gobierno para el cambio que, a su vez, genere decenas de grupos de trabajo plurales, solventes y factibles. No inventamos nada nuevo; lo que queremos es poner fin al poder omnímodo de la trama en nuestro país, propiciar alternativas políticas viables y transformadoras, y renovar una clase dirigente de viejos políticos al servicio de una vieja política.

«La unidad es la continuación de la lucha de clases por otros medios. El mundo se ha ido tan a la derecha que apenas nos reconocemos en él»

Me dices que vuelves al PSOE. Con modestia, pero con firmeza, te digo que estoy en desacuerdo. La mejor manera de garantizar que realmente este PSOE gira a la izquierda es fortalecer a Unidos Podemos. No es sectarismo, es que el PSOE está vinculado a los poderes reales por centenares de hilos y hay una parte sustancial en él que estará en contra de cualquier convergencia unitaria real. Si decides volver, tendrás siempre mi respeto y nos veremos en la lucha. Desde Unidos Podemos iremos al debate convencidos de que es posible y necesario construir un proyecto de país que supere el neoliberalismo, defienda la soberanía popular y concrete una propuesta al servicio de las mayorías sociales. Si me permites, diría aquello tan viejo como nuestra historia común: la unidad es la continuación de la lucha de clases por otros medios. En eso estarían de acuerdo Pablo Iglesias y Largo CaballeroPepe Díaz y Dolores Ibárruri y hasta Indalecio Prieto y Juan Negrín. El mundo se ha ido tan a la derecha que apenas nos reconocemos en él.

Un fuerte abrazo.

Manolo Monereo

Ávila, 6 de agosto de 2017

1 Comentario

  1. Magnífico artículo de Manolo Monereo, antídoto eficaz, segúramente, a cierto sectarismo de nueva cuña, que viene apareciendo en comentarios en F.Book y otras redes. Me refiero a podemitas contrarios a pesoistas, pesoistas contrarios a Izquierda Unida, unidistas contrarios a podemitas, estos contrarios a unidistas y pesoistas y así hasta el infinito. (Perdonad mis inventos “istas”, era para entendernos). Se ve que con la falta de actividad, (aunque si la buscáramos no dejaríamos de encontrarla) empezamos a atacarnos un@s a otr@s en vez de estudiar cómo podríamos acercar conceptos.

    La parte más importante del artículo la encuentro en la idea de … ir a una “constituyente para la constituyente”. Se trataría de hacer un debate de masas en torno a los 8 o 10 grandes problemas del país y convertirlo en propuestas de cambios constitucionales. Un debate que vaya de abajo arriba y se concrete en unos “Estados Generales”. «Hace falta construir un poder constituyente que permita crear una Constitución que permita construir un nuevo proyecto de país»

    Esta iniciativa nos permitiría empezar a concienciar a la gente de la necesidad ineludible de transformar la Constitución si queremos transformar el país y por lo tanto, la necesidad de empezar a colectar los mimbres imprescindibles para construir el bloque que nos de la fuerza para conseguir el cambio.

    Comprendiendo esto, no debiera sernos muy difícil olvidar pequeñas diferencias o rencores en pro de lo verdaderamente importante: cambiar España.

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