Javier Pérez de Albéniz | Cuarto Poder | 

Hay noticias que parecen tener muy poca importancia. Por ejemplo, que en la última década la población de mochuelos haya descendido un 90% en España. ¿A quién cojones, dirá el tertuliano de barra de bar, le importan esos pajarracos con la que está cayendo? Ni siquiera que la desaparición de tan bellas aves nocturnas esté relacionada con los insecticidas y productos químicos preocupa a nuestro ciudadano, atento a ligas de mayor entidad. Como la marcha de Neymar o la fobia al turismo.

Por eso el protagonista de nuestra historia tampoco se preocupa cuando conoce que, según cifras del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), en 2014 se cazaron en nuestro país más de 19 millones de mamíferos y aves de 24 especies diferentes. O en el momento en que sabe, gracias a la información obtenida en una necropsia, que una ballena varada en Noruega tenía treinta bolsas de plástico en el estómago. O cuando ve en un informativo las imágenes de un oso blanco tumbado sobre bloques de hielo para combatir las altas temperaturas que sufre el zoológico de Budapest, Hungría. O cuando es consciente de que un campo de golf de 18 hoyos en la mitad sur de España consume aproximadamente el mismo agua que una población de al menos 10.000 habitantes.

Así saquean el río Tajo. / Río Tajo VIVO (YouTube)

Mariconadas de ecologista comelechugas, insistirá el sabelotodo. Entonces, querido cuñado, seguro que tienes una opinión sobre la crisis del Tajo… “Peces muertos, olores nauseabundos, plagas de insectos, mantas de algas. Espuma en el tramo medio del río. Estanques varados, urbanizaciones vacías, negocios cerrados en la cabecera”, dice una noticia de El Mundo con título marca de la casa: “El río Tajo se muere”. El río Tajo lleva años muriéndose ante la indiferencia de todo el mundo. El río Tajo es víctima de la sequía, la falta de caudal y el estancamiento de aguas. Pero también de los trasvases y la nefasta gestión política: cuando robas el agua a un cauce, estas matando el río.

No hay futuro. Porque no hay conciencia ecológica. Porque la ignorancia y el desprecio de quienes están al frente del planeta es total: trabajan a corto plazo, para ganar las próximas elecciones. El futuro no es su hábitat. ¿No me cree? Vea los vídeos negacionistas de Trump. O, sin ir tan lejos, las imágenes en que Mariano Rajoy, nuestro presidente del Gobierno, utilizó discurso de cuñado para mencionar a su primo meteorólogo: “El cambio climático tampoco lo podemos convertir en el gran problema mundial… Traes a los cien mejores científicos del mundo y no te pueden decir al 100% de probabilidades si pasado mañana va a llover en Sevilla. Y hay seudocientíficos que saben lo que va a ocurrir dentro de 300 años con el cambio climático”.

Todo parece indicar que ya es demasiado tarde. Que el cambio climático no tiene marcha atrás. Que vamos a acabar con la vida en la tierra. Algunos hablan de colonizar otros planetas, de abandonar nuestro mundo, de mirar al futuro con grandeza y soberbia. Propongo algo más terrícola: pensárnoslo dos veces en las próximas elecciones y no cometer los mismos errores.

1 Comentario

  1. Los que mandan (y no es Mariano Rajoy, ni siquiera Trump) tienen la sartén por el mango y como no se les saque de donde están, seguirán haciendo barbaridades y poniendo a payasos dóciles como cabezas representativas, incapaces de poder tomar posiciones decisivas para solucionar problemas, No nos engañemos, poco poder tienen las mentes privilegiadas y sabias para parar tanta codicia y crueldad. Confiemos, mas bien, en el Universo perfecto, que todo lo equilibra, con armonía, en “su” momento oportuno.

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