Javier Pérez de Albéniz| Cuartopoder |  

En estos días tristes he escuchado y leído muchas reflexiones sobre las imágenes explícitas que han ofrecido algunos medios de comunicación sobre el atentado de Barcelona. De todas he aprendido mucho, tanto de las prudentes como de las apasionadas. De los que llaman buitres carroñeros a quienes han publicado vídeos macabros y portadas estremecedoras. Y de quienes nos han recordado los numerosos Pulitzer sangrientos y el niño muerto en la playa que nos removió la conciencia. He escuchado y he leído, y después he seguido dudando. Pese a que en ocasiones creo que tengo las cosas claras, solo se deben publicar las imágenes que ayudan a entender la historia y no faltan al respeto a las víctimas (y a los lectores), he seguido dudando. Por eso de todo lo mucho que he leído y escuchado estos días lo que más me ha gustado es la columna de opinión que ha escrito el vicedirector de El Mundo Iñaki Gil. Estaba ilustrada con la misma fotografía que habían publicado en portada: cuerpos tendidos en las Ramblas…

El título ya me aclaró muchas cosas: “Publicar fotos terribles es nuestro deber”. Y digo que me aclaró muchas cosas porque yo creía que nuestro deber era informar. Publicar fotos terribles pudiera parecer algo amarillo, sensacionalista, el camino fácil y miserable para vender un puñado más de periódicos. Pues no: “¿Quién es el árbitro de lo admisible y del mal gusto?”, se pregunta Gil. Y cuando yo creía que la respuesta correcta era el sentido común o la responsabilidad con el lector, resulta que se trata de “lo establecido por el Código Penal y de la contención para no añadir sufrimiento a las víctimas”.

Los que hemos trabajado a las órdenes de Pedro J, y sus clónicos, sabemos de qué habla Gil. ¿Del Código Penal? Ni siquiera de eso: no hay mejor publicidad que una buena querella. Los que hemos trabajado junto a Pedro J, y sus replicantes, sabemos que la consigna es buscar el lado oscuro. Las víctimas están muertas: no se les puede añadir sufrimiento.

Me ha gustado la columna de Gil porque no ofrece dudas. Ahí donde yo titubeo y muestro indecisión, los grandes profesionales dan lecciones de firmeza y de clase. Y por supuesto de periodismo, abriendo la columna de manera espectacular, “Publicar fotos terribles es nuestro deber”, y cerrándola a lo Pérez Reverte, rezumando clase y testosterona: “Y los gatitos, a su rincón”.

1 Comentario

  1. Bajo mi punto de vista el periodista tiene la obligación de informar tanto de las noticias que nos alegran la vida como de las que nos entristecen. Tenemos que saber la realidad de lo que pasa en nuestro planeta. Aunque desgraciadamente la realidad de lo que está pasando es, muy pero que muy desagradable. Esperemos que esto cambie, y que con los políticos a la cabeza nos dirijan hacia un mundo más humanizado. En donde no exista la corrupción la avaricia y prepotencia de los humanos.

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