| La Marea | 23 Agosto 2017

Miles de personas de todo el mundo se darán cita en la región alemana de Renania entre el 24 y el 29 de agosto para ocupar las minas de carbón de esta zona. Durante esos cinco días, la coalición Ende Gelände (frase hecha alemana que significa “hasta aquí y no más”) tratará de detener la producción de combustibles fósiles. Tanto en 2015 como en 2016, las acciones se completaron con éxito, paralizando la actividad mediante la ocupación de las cortas -minas a cielo abierto- y de las vías ferroviarias circundantes. En esta ocasión, la organización espera la presencia de alrededor de 6.000 activistas.

Las minas de Renania son las mayores a cielo abierto de Europa, con una producción de alrededor de 95 millones de toneladas de lignito, un tipo de carbón mineral. Son propiedad de la compañía eléctrica alemana RWE, que utiliza la mayor parte del combustible para generar energía en sus propias plantas. Alrededor del 25% de la electricidad en el país germano procede de esta fuente, una de las más contaminantes en cuanto a emisiones de CO2. Si se tienen en cuenta otras formas de carbón, la proporción aumenta hasta el 40%. Sin embargo, según Ende Gelände, hasta el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero procede del mineral extraído en Renania. En sus propias palabras, “aquí es donde se produce el cambio climático”.

“El papel de Alemania debe ser eliminar de inmediato el uso del carbón para proteger el clima”, afirma Janna Aljets, portavoz de la organización. Para la activista, Ende Gelände va más allá de un movimiento medioambiental. “El mensaje que queremos transmitir es que no es nada complicado: simplemente vamos y entramos en la mina. Allí, simplemente con nuestros cuerpos, sentándonos, detenemos la producción. La sensación de empoderamiento es increíble”.

Desde que llevaron a cabo su primera acción en 2015, los miembros de Ende Gelände se han convertido en una referencia para la acción directa en la lucha climática. “Hemos aprendido a mantener al grupo unido para conseguir nuestros objetivos. Además, otra lección es que, para detener la producción, no es imprescindible detener la mina. Ahora sabemos que hay otras infraestructuras que podemos bloquear, como las vías del tren. Este año vamos a intentar combinar las dos tácticas” afirma Aljets.

En años anteriores, algunos participantes en las acciones de Ende Gelände fueron acusados oficialmente de intrusión, una falta en la legislación alemana, pero ninguno ha sido condenado por el momento. Según fuentes de la organización, en 2015 se vivieron episodios de violencia con la policía y la seguridad privada contratada por RWE, la empresa extractivista. Sin embargo, en 2016 los manifestantes no encontraron apenas resistencia. “Hubo una reacción social contra los ataques de la policía, y se dieron cuenta de que no podían pararnos de ninguna manera, así que adoptaron una estrategia menos violenta.”, dice Aljets.

Ende Gelände se define como una “coalición entre movimientos anti-carbón y anti-nucleares”. Se formó en 2015 con el objetivo de usar la desobediencia civil como arma en la lucha contra el cambio climático. La organización, además, considera el anticapitalismo y la lucha contra el patriarcado y el racismo como inseparables de la causa por la justicia climática. La coalición pone énfasis en la formación, y organiza talleres y seminarios para personas que nunca han participado en acciones de este tipo.

Durante la acción de este año, Ende Gelände será retransmitido en directo por el grupo de documentalistas suecos Troja Scenkonst.

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