Sara Montero | Cuarto Poder | 28/08/2017

Muchas veces, la línea que separa una idea suicida y un suicidio es el silencio. Ese es precisamente el muro de cristal que intentan romper asociaciones de policías y guardias civiles y un grupo de civiles que cada día pide apoyo y visibilidad bajo el ‘hashtag’ #NiUnSuicidioMasEnFFCCSEYFAS en esa plaza virtual en la que se ha convertido Twitter. De 2006 al 2016, murieron por esta causa 122 guardias civiles y 92 policías nacionales. 

Tanto fuera como dentro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, el suicidio siempre se ha considerado un tema a ocultar. Hasta hace unos años, los medios de comunicación tampoco publicaban apenas noticias sobre este tema por miedo a un efecto llamada, conocido como ‘efecto Werther’, en referencia al trágico personaje que creó Goethe. En dos cuerpos donde la fortaleza es una de las señas de identidad, esta espiral del silencio ha calado de manera más profunda. “Las administraciones siempre lo han abordado como tema tabú. Los suicidios son un problema de salud pública, pero en la Policía siempre se ha visto como casos aislados, a pesar de que se presenta una media mayor que en el resto de la sociedad”, explica Roberto González, del Sindicato Unificado de Policía.

La misma sensación de abandono tienen en las asociaciones de la Guardia Civil. “En la época del terrorismo, nosotros hablábamos del ‘síndrome del norte’, que tenían aquellos agentes que estaban amenazados por ETA o vivían en el País Vasco y luego no se podían adaptar a la vida normal. Nosotros lo denunciábamos, pero nadie lo reconocía. Con los suicidios ahora pasa igual”, explica Juan Fernández, portavoz nacional de Asociación Unificada de Guardias Civiles(AUGC).

Guardia Civil: ¿un protocolo poco eficaz?

A diferencia del caso de la Policía, la Guardia Civil sí tiene un protocolo, que se creó en 2002, un año especialmente duro donde hubo un pico de 21 muertes autoprovocadas. Desde entonces, las cifras fluctúan, según afirma el Gobierno en una respuesta parlamentaria ante la pregunta de los diputado socialistas. Por citar los últimos años, 2014 se saldó con 12 suicidios, 2015 con 8 y 2016 con otras 12 muertes. Los motivos por los que una persona decide terminar abruptamente con su vida son varios y complejos. No hay una única causa: “El ministerio del Interior dice que el 90% de los suicidios obedecen a causas personales. Nosotros les pedimos los informes donde constaban esas conclusiones y nunca nos los han dado. En todo caso, ¿qué ocurre con el otro 10%?, se pregunta Fernández. Según apunta, tampoco hay psicólogos suficientes (“uno por provincia”) y el ambiente que se crea está muy lejos de ser clínico: “Te atiende un psicólogo, que también es Guardia Civil. Entra en juego la jerarquía”.

Los turnos que dejan poco margen a la conciliación familiar, los sueldos modestos y la tensión del trabajo son tónicas habituales, pero el portavoz del AUGC señala problemas más profundos: “Las relaciones laborales en la Guardia Civil no se han actualizado junto al resto de la sociedad. El ambiente laboral no es el más abierto, los compañeros son mandos y todo está muy jerarquizado. Por ejemplo, no se pueden presentar peticiones colectivas. De arriba hacia abajo no hay comunicación y cualquier denuncia o una queja está mal vista”. Esto podría dificultar el paso más importante que cualquier agente tiene para evitar un final trágico: pedir ayuda.

Lo mismo opina el psicólogo Daniel López, que escribió el libro ¿Todo por la patria? , donde analiza cómo están relacionados el clima laboral de este cuerpo y la conducta suicida: “Hay una mala política de Recursos Humanos. Si sufres un caso de acoso laboral, tienes que comunicárselo a tu superior”, ejemplifica sobre la rigidez del sistema: “Yo he hablado con guardias civiles que tienen más miedo a su jefe que a los delincuentes”.

Según las cifras recogidas por el Gobierno entre enero de 2012 y febrero de 2017, el perfil de las personas que se quitaron la vida es el de un hombre (hasta el 93,2%) de una edad media de 41,49 años. Además, tiene un potente facilitador para llevar a cabo las ideas suicidas: el arma reglamentaria. “Nosotros hemos solicitado que existan armeros para depositar el arma tras el servicio. Ahora se guardan en taquillas y es muy fácil acceder a ellas”, explican desde la AUGC.

Este clima militarizado donde la queja se penaliza y están mal vistas las señales de debilidad tiene consecuencias: “Durante el período mencionado, un 25% de los miembros del Cuerpo que llevaron a cabo una conducta autolítica, con resultado de muerte, se encontraban previamente en situación de baja psicológica para el servicio, en seguimiento por el Gabinete de Psicología, y tenían retirado el armamento”, recoge otra respuesta parlamentaria. El resto nunca habló de problemas ni de sus intenciones: “Las víctimas (dieron) un estilo de respuesta en el que disimularon sus dificultades y utilizaron todos los medios a su alcance para que éstas no fueran evidentes para compañeros y/o mandos”. Para López, este dato arroja una evidencia preocupante sobre la prevención: “Reconocen que solo detectan uno de cada cuatro casos y esto es un dato llamativo porque indica que el protocolo es bastante malo”.

A estas alturas del año, ya se han producido 14 suicidios en este cuerpo, según las cifras de la AUGC.

La Policía: un esfuerzo en cuidar a los que cuidan

En el caso de la Policía Nacional aún no existe un protocolo específico, aunque está en fase de elaboración. Para paliar la inmovilidad de la administración, se creó el servicio Vive CNP, de carácter no oficial, que contabiliza los suicidios que se producen. En 2017, ya llevan registrados siete agentes muertos en estas circunstancias. El último, en Las Palmas. En su web también ofrecen asesoramiento, consejos sobre qué hacer si se presentan ideas suicidas o información sobre el ‘burntout’, el síndrome del trabajador quemado.

“Un porcentaje muy alto de los compañeros que se suicidaron no se había cogido la baja psicológica. Esto nos hace pensar que los agentes intentan aguantar hasta el final”, explica Roberto González. Pero, ¿cuál podría ser la causa para que una persona aguante hasta el límite? “La administración penaliza a los policías que deciden cogerse una baja. Afecta a los traslados internos y los ascensos. También hemos reivindicado que se promuevan gabinetes psicológicos”, argumenta. Pese a que son profesiones donde los trabajadores están sometidos a mayor riesgo y se enfrentan, en ocasiones, a situaciones violentas o traumáticas, esto no se ve compensado en una adecuada atención psicológica.

González apunta a que los suicidios suelen producirse en escalas básicas, donde el estrés es mayor y las condiciones laborales peores. Entre los afectados también hay algunos inspectores y casi ningún comisario. Además tienen más incidencia en meses de cambios (como otoño y primavera) y el jueves, ya que a mitad de semana hay picos de estrés. Según González, el 80% de estas muertes están relacionadas con problemas personales.

La insistencia de las asociaciones ha hecho que se rompa el primer problema y se empiece a hablar sobre lo que ocurre en estos cuerpos. Muchos de ellos se repiten una misma pregunta: ¿quién cuida a quienes nos cuidan?

7 Comentarios

  1. Las causas pueden ser diversas .pero una buena herramienta seria participar de vez en cuando en eventos que los haga menos distantes de la sociedad mas cercanos mas humanos .que la sociedad entienda su trabajo .como cuando hacen un supuesto servicio para que aprendan los escolares

  2. Cierto , jugar el papel de represor del Pueblo para un miembro de ese mismo pueblo, no tiene que ser un trabajo muy placentero ni equilibrado, e incluso me atrevería a decir , ni muy digno siquiera . Y me refiero al policía que carga contra los manifestantes pidiendo cotas de justicia y libertad, contra obreros reivindicando sus derechos, contra los abusos y atropellos del gobierno de turno etc. Cuando hablamos de “policía” distingamos por favor a que policía nos referimos porque no podemos colocarlos en el mismo saco al policía de barrio, al inspector que investiga delitos comunes custodios de la tranquilidad ciudadana etc. con los miembros de la policías represiva de choque, que son preparados para cargar “con todo lo que tienen a mano” para acabar con las protestas políticas y sociales. No veo estresado al policía que persigue al criminal común, que ayuda a la tranquilidad del barrio, y si se puede entiende que se estrese y mucho, el policía entrenado para moler a palos al pobre obrero desempleado con una familia que mantener, desesperado etc. Los policías son también humanos. Imaginemos a ese policía armado hasta los dientes, enmascarado, que tenga que romperle la cabeza a un vecino, a un amigo, a otro ser de su misma clases social, para que sus patronos sigan engordando. Que puede sentir este policía en su interior, dimitir, pero el también tiene una familia y el trabajo esta difícil. El autor del artículo ha eludido tocar ese tema, el tema político, para centrarse en el psíquico o sociológico como única causa principal que provoca los síndromes laborales en el cuerpo de policía. Para todos estos gobiernos surgidos de la llamada “Transición” la “profesión” de las distintas policías es vista como el instrumento “legal” del Régimen para mantener el “orden”, su Orden, claro está. Estos cuerpos, nunca olvidemos esto, no tiene tradición democrática, son cuerpos surgidos y heredados de la dictadura, solo cambiaron las formas y los iconos, nunca se dio una trasformación real hacia la democracia, ni en la policías ni el ejército ni en los demás estamentos burocráticos ministeriales y si alguien duda de lo que digo al final de este comentario incluyo un enlace sobre el tema.
    https://beniezu.blogspot.com.br/2017/05/el-estado-espanol-no-deja-de-ser-una.html

  3. SÍ, entiendo el malestar personal que les pueda surgir ante el cumplimiento de leyes (muchas injustas) establecidas por Gobiernos defensores del Sistema del 78, porque de ellas, son también víctimas, si estos colectivos se detienen a pensar.

    Por ello, una República acordada entre los colectivos más significativos dependientes del Estado (incluyendo la Judicatura y Grupos informativos) sería ideal para llevarla a cabo. Pero claro, para ello, hacen falta dirigentes con talla política y, lamentablemente, no existe ninguno por el momento, al encontrarse acomodados con lo que hay. Éste y no otro, es el retraso producido en apostar sin temor por otro Modelo de Estado, aunque son meritorias las agallas mostradas por los dirigentes independentistas (y no lo digo por quererse independizar, sino por su público hartazgo del Estado español para llegar a ese extremo), hartazgo, que gran parte de españoles compartimos por idénticas causas que las de ellos.

    Es muy cómodo atribuir a la ciudadanía no reaccionar ante un nuevo Modelo de Estado. ¿No reacciona?: ¡Que salga un dirigente proponiendo públicamente al resto de españoles una República! Y especificando, sin cortafuegos, los motivos para ello. Ya veremos si reacciona.

  4. Insisto, hace falta un proyecto detallado e información previa (para los catetos, que haberlos haylos) de los pros y contras, sin añoranzas de lo sucedido entre el 31 y 36.

  5. Llegados a cierto punto, sólo queda dirigir la agresividad contra sí mismos ( suicidio) o dirigirla hacia el exterior. Si la agresividad la dirigieran al exterior, denunciando, combatiendo contra la corrupción institucional, que ya se que es infinita; cumplirían con el juramento que hicieron o las razones por las que se alistaron: una sociedad mejor.
    Denuncien lo que ven, cueste lo que cueste; no se callen; sean héroes. Hagamos entre todos un país mejor, aunque cueste caro; por lo menos da un sentido a la vida.

  6. Participar en la corrupción, y otros delitos de Estado, en personas sanas provoca depresión sí o sí; sólo les queda suicidarse o luchar contra ella aunque les cueste otros precios; la clave es, en cuál de las opciones van a dar un sentido a sus vidas.

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