Santiago Alba Rico | Cuarto Poder | 23/09/2017

Ya no es tiempo de afilar análisis ni de discutir, a favor o en contra, en torno a un referéndum que no se celebrará. Es la hora de preocuparse. La detención de 14 altos cargos del Govern, el requisamiento de miles de papeletas, urnas y carteles, el registro de oficinas públicas y sedes de partido puede quizás fundamentarse desde un punto de vista legal; pero un gobierno que sólo tiene “un punto de vista legal” frente a la voluntad mayoritaria del pueblo de Catalunya es un partido que desprecia, y aun violenta, la democracia. La cabezonería contradictoria del procés, arrastrado en una pendiente cuesta abajo, no puede hacer olvidar -ni puede de ninguna manera justificar- el legalismo liberticida del PP, que alimenta y justifica el independentismo catalán mientras devuelve España al siglo XIX. Como español interesado más en la democracia española que en el territorio español, no puedo dejar de denunciar las medidas jurídicas y policiales del gobierno del PP, de solidarizarme con la voluntad amordazada de los catalanes y de responsabilizar al régimen del 78, tanto más peligroso cuanto más descascarillado, de fabricar un conflicto de final imprevisible como consecuencia de tres impulsos fatalmente concertados: un abyecto electoralismo, una tentativa de encubrimiento de la podredumbre interna y un regüeldo de ideología nacional-imperial radicalmente decimonónica. Creo que esta triple miseria, y los efectos que está generando, exigiría una protesta coordinada de todos los partidos y todos los ciudadanos. El régimen se está rompiendo por donde menos se esperaba y el resultado puede estar muy lejos de lo que la izquierda y las fuerzas de cambio imaginaban o deseaban.

Siempre lo he dicho: prefiero una España más pequeña y más democrática que una dictadura muy grande donde no se ponga el sol. Eso es, una vez más, lo que está en juego. ¿Qué es lo que hace temer un nuevo fracaso histórico? La irresponsabilidad de nuestra clase política, de nuestros medios de comunicación y de nuestras élites económicas.

Lo escribía hace unos días: España es un país que salió del franquismo escasamente combativo y más bien amedrentado y que aprovechó su integración en la UE y en el capitalismo europeo para satisfacer con alivio su irreprimible deseo de olvidarlo todo. Primero el miedo y la propaganda, después el consumismo y la propaganda, convirtieron a la población española en la más maleable, para bien y para mal, de Europa. El consenso de élites de la Transición se proyectó a lo largo de cuarenta años en una Europa post-revolucionaria y subdemocrática en la que los españoles, hasta el 15-M, parecían los más contentos y facilones, los más simpáticos y felices, los más ligeros y tolerantes. Pensemos en tres jalones muy significativos. En 1986 Felipe González fue capaz de voltear en quince días todas las encuestas para incumplir su promesa y meternos en la OTAN. En febrero de 2005, sin debates serios ni información rigurosa, inspirados por futbolistas y estrellas de la canción, los españoles votamos mayoritariamente a favor de una Constitución europea de dudosa calidad democrática. En agosto de 2011, un consenso express del bipartidismo reformó la intocable Constitución española para someter la soberanía nacional a los caprichos del déficit sin consultar a nadie y sin que nadie se escandalizara demasiado. Sin duda otras élites, con más conciencia democrática y más sentido de la responsabilidad, podrían haber hecho más cosas y mejor hechas. Después del 15-M, en plena descomposición del bipartidismo, tuvimos otra oportunidad. Lo confieso: en esta Europa post-revolucionaria y dextrógira algunos nos hubiéramos conformado con que un nuevo consenso entre partidos y medios de comunicación hubiera desplegado de nuevo todo su poder de manipulación, pero esta vez en favor y no en contra de los españoles, en favor y no en contra de la democracia, en favor y no en contra de la definitiva pacificación de España. Empieza a ser demasiado tarde para eso. Que el partido más corrupto de la UE, el que ha utilizado fiscales y policías para perseguir rivales políticos, el que ha destruido pruebas y se ha negado a colaborar con la justicia, el de la Ley Mordaza, el que se niega a condenar el franquismo, invoque ahora el Estado de Derecho, la Democracia y la Ley para no sentarse a negociar con los que han sido sus socios privilegiados en Catalunya durante las últimas décadas, da toda la medida de sus verdaderas intenciones y sus verdaderos intereses. El procés puede ser una mierda, pero el PP da miedo. Los que lo apoyan, lo aplauden, lo toleran, lo justifican o lo alientan desde los medios de comunicación -en lugar de calmar a una población desmemoriada y todavía llevadera y exigir sensatez a los políticos- están encendiendo un cigarrillo en medio de un escape de gas.

Hoy hay en Catalunya mucha más resistencia ciudadana contra España de la que hubo jamás en España contra el franquismo o, luego, contra los consensos pusilánimes de la Transición. Esa es la gran obra de Rajoy y de los que, fanáticos, interesados o cobardicas, lo secundan. Ahora bien, si muchos catalanes celebran esta resistencia sin precedentes como una oportunidad que les brinda el autoritarismo del PP, muchos españoles de izquierdas empiezan a verla también, frente al autoritarismo del PP, casi como un refugio político y, desde luego, como una reacción saludable y legítima. Por desgracia, cuanto más se movilizan los catalanes más sola se queda de nuevo la izquierda en Madrid y más encerrada, como en el pasado, en actos de solidaridad identitarios enteramente privados de cualquier virtud pedagógica general. El hiato que el 15-M y las fuerzas del cambio parecían capaces de cerrar, se ha abierto de pronto en toda su trágica extensión. Cuando Madrid y Catalunya comenzaban a formar parte de la misma España virtualmente democrática, la crisis del 1-O los separa de manera pugnaz y no para democratizarlas en paralelo, lo que sería aceptable, sino para cerrar de forma potencialmente catastrófica el ciclo comenzado en 2011. La cuestión es: entre una España desmemoriada que el PP quiere rememorizar con regüeldos decimonónicos y una Catalunya ciudadana y resistente, ¿qué hacemos los que creímos posible una “ruptura” de régimen y una democratización en común (aunque fuera para “separarse”)? ¿Habrá aún alguna oportunidad?

Si el PP pretende negociar con ventaja el 2-0 después de haber soliviantado a los catalanes y degradado la democracia, infravalora las transformaciones que él mismo ha desencadenado. La solución, si es que la hay, debe plantearse antes de esa fecha y sólo puede serlo -una solución- en tajante oposición a las políticas del PP. Lo que revela la crisis catalana es que lo que fue posible durante décadas, y aún tras el 15-M, ya no lo es: la supervivencia simultánea de la democracia y del consenso del 78. En este sentido, como tantas veces desde 1982, el verdadero responsable de lo que está ocurriendo es el PSOE, atrapado en inercias baronales y electoralismos sin coraje. El PSOE pudo rehacer España y no la rehízo. Pudo impedir que gobernara el PP y no lo impidió. Su posición ambigua, irresoluta e interesada es ahora de una irresponsabilidad sin atenuantes y está generando malestar dentro del propio partido. Quedan pocas bazas que jugar. Hace falta, como dice Pérez Royo, un “ataque de lucidez”. Sólo una ruptura del consenso de la Transición puede salvar nuestra tambaleante democracia e incluso -para los que les importe eso- la propia unidad de España. Sólo Pedro Sánchez, que demostró tanto valor al enfrentarse a sus barones y resucitar de entre los muertos, podría hoy arrojar un poco de luz en esta situación inquietante. ¿No declaró, tras la moción de censura de Pablo Iglesias, que esperaba el momento adecuado para presentar la suya? El momento ha llegado. Por “responsabilidad de Estado”, expresión que tantas veces se repite para hacer el mal, y en una coyuntura de verdadera “emergencia nacional”, sin comparación con un terremoto o un atentado terrorista, Sánchez debería reunirse con Podemos y las fuerzas nacionalistas para pactar un programa de mínimos con el que expulsar a Rajoy y al PP del gobierno. Ese programa debería incluir, como uno de sus pilares, una negociación inmediata destinada explícitamente a facilitar la celebración legal de un referéndum en Catalunya.

Muchos podrán reprochar al procés habernos llevado a este punto; otros lo considerarán, al contrario, su gran mérito. Lo que no puede negarse es que el consenso de élites del 78 que, buscando un consenso de élites, garantizó al mismo tiempo una cierta estabilidad democrática, ya no puede garantizar esa estabilidad. El régimen se ha roto en Catalunya y no necesariamente para bien. Hace falta un nuevo consenso, más amplio y menos elitista, para repensar el país. Ojalá los que pueden dirimir la cuestión, desde los partidos y desde los medios de comunicación, se den cuenta de que lo peor que le puede ocurrir a España no es la independencia de Catalunya: es el retorno de la propia historia de España. Cuando creíamos estar comenzando una segunda transición, podríamos estar viendo en realidad el triunfo homeopático, tortuoso y tardío del 23-F. En esta situación la izquierda española cometería un grave error reculando de nuevo a posiciones resistentes, antifranquistas, de ancien regime, para asumir una nueva marginalidad en favor de Catalunya (independiente o rebelde) en lugar de hacer como el PP, pero en sentido contrario, y trabajarse a la población desmemoriada con un proyecto de refundación nacional realista y democrático.

10 Comentarios

  1. Tenemos una administración para que nos solucione los problemas no para que nos pille enmedio.
    Evidentemente la soberanía de España debería corresponder a todos los españoles

  2. Alba Rico titula muy bien, y escribe mejor. Barrer para casa tampoco lo hace mal. Desde las europeas, su negación del decrecentismo y otras hierbas como las listas plancha su ideología se me hace bola, no la digiero, me resulta flatulenta. No me creo nada y su apelación a Pedro Sánchez no me entra ni con Álmax. Que no trago vaya…

  3. “El PSOE pudo rehacer España y no la rehízo. Pudo impedir que gobernara el PP y no lo impidió”. Ciertamente pudo hacerlo y lo hizo porque tenía otros planes, planes que ya fueron acordados con los neo franquistas, para salvar los intereses político económico de los poderes facticos del franquismo, el llamado PSOE dejo de serlo en aquel Congreso de Suresnes donde se transformo en un “partido” servil a los poderes del neo franquismo, Quien no quiera reconocer esto nunca podrá aclararse de la problemática realidad que está aconteciendo en el Estado Español. Por lo demás el articulo me parece muy acertado en cuanto a la deriva del llamado PSOE, que no es el único partido comprometido en la desastrosa deriva del Estado, De Ciudadanos no hablemos pues no deja de ser un brazo del PP y sobre Podemos, poco podemos esperar de alguien que pretende ocupar el puesto de un “PSOE” quemado que se desmorona. (1) y sobre la actuación de IU.CO O.UGT. ETC. Los sindicatos o los llamados la “izquierda del trabajo” poco se puede esperar de sus direcciones burocratizadas al mejor estilo de los sindicatos verticales franquistas, Indudablemente la izquierda oficial está dormida o vendida al Régimen. Y para salir de agujero neo franquista será necesario el surgimiento de una izquierda rupturista con este Régimen ,necesitamos una nueva izquierda republicana que comience plantearse nuevos valores republicanos y democráticos , donde la libertad entendida , no como esta que entienden los sátrapas en el poder , es decir aquella que les beneficie y respalda, sino una libertad que defienda y beneficie a la mayoritaria clase trabajadora, sobre todo y para ello como prioridad es preciso la apertura de un proceso constituyente donde participe todo el pueblo y rechazar esta Constitución como farsa escrita por una camarilla cerrada de franquistas y afines como lo fue el farsante llamado PSOE. El mejor llamado y con mas propiedad, el PPSOE
    (1) https://beniezuma.blogspot.com.br/2017/08/el-preludio-de-podemos-y-su-deriba.html
    (2) https://beniezu.blogspot.com.br/b2017/05/el-estado-espanol-no-deja-de-ser-una.html

  4. Habría muchas cosas que comentar de este artículo.

    Lo primero es que no es de los mejores análisis políticos (por llamarlo de alguna manera) del autor.

    Después habría que entrar en errores garrafales como hablar de “ideología nacional-imperial radicalmente decimonónica”.

    Creo que lo decimonónico forma parte del vocabulario de la derecha política cuando anatemiza y condena sin saber muy bien qué paso realmente en el siglo XIX. Se suele usar esa expresión como sinónimo de algo desfasado, caduco, pasado de moda. Pero si se conociera la historia de ese período algo mejor, entonces, quizás, se vería que, por ejemplo, España fue cuando perdió una gran parte de su Imperio católico (Universal), con lo cual esa ideología imperialista fue cuando entró en crisis terminal, en barrena (por decirlo en el lenguaje de las explosiones mineras).

  5. Más tarde habría que entrar al detalle con especulaciones acerca de si el pueblo español es más o menos que ningún otro pueblo. Me suenan a ese tipo de exageraciones que no tienen ni pies ni tampoco cabeza. Como cuando quien sea dice, sin someterlo a ninguna consulta, que lo catalanes apoyan tal o cual cosa. Yo creo que el Procès está teniendo muchas cosas positivas: la principal es que se están rompiendo las costuras al traje de diseño que fabricaron para hablar de la democracia en tiempos posteriores a la muerte del dictador fascista. No se puede obligar a nadie a pertenecer a un Club al que no se desea apuntar ni pagar cuotas como socio ni recibir ni dar contraprestaciones.

    Tampoco se nos puede hacer creer que el PSOE hoy es una garantía de nada. Y menos con el teatro de birlibirloque puesto en marcha con Pedro Sánchez. Han saltado también por los aires todos los grilletes que hacían del PSOE una fuerza política eficaz o resolutiva. Ya se puede ver que ni tienen proyecto ni lo tendrán. Ojo: antes tampoco lo tuvieron. pero se movían en una ola de oportunismo político que les daba muy buenos réditos. De ahí el analfabetismo político que hoy inunda a la mentalidad popular hispana.

  6. Muchas veces me he cabreado con Santiago Alba Rico especiálmente en algunas de sus posiciones en política internacional porque, no estando de acuerdo con sus planteamientos, su calidad de escritor y articulista me mostraba con qué facilidad era capaz de convencer a muchos de sus propuestas, a mi juicio erróneas.

    No es el caso de su artículo de hoy con el que estoy de acuerdo al 99 % y no digo al 100 % porque su última frase, la que empieza con “En esta situación la izquierda española cometería un grave error…”, no la termino de comprender. Sí leo sus palabras pero no llego a adivinar su pensamiento.

    Su artículo podría condensarse con la frase “El devenir de España, hoy y futuro, está en las manos del PSOE”. De nuevo.

  7. Artículo algo farragoso, que da varios giros, y no acaba de encontrarse a sí mismo.

    En todo caso, estoy ya confuso porque llevo tiempo analizando la prensa neoliberal,detectando manipulaciones y falacias, exageraciones y mentiras, y me apena encontrarme ahora con las mismas trampas en los que yo suponía que pensaban de una forma semejante a la mía.

    No, no es verdad que esta España sea franquista, neofranquista, ni nada semejante. Llega un momento en que repetir la misma palabra una y otra vez hace que pierdas de vista su significado. La Guerra Civil del 36 fue una guerra de media España (caciquista, ultracatólica, y reaccionaria) frente a otra media España que, con todos sus defectos, aspiraba a ser una democracia capitalista algo más avanzada. Y la división entre esas España no era geográfica sino social e ideológica. Hubo vascos en ambos bandos (el carlismo vasco se encuadró rápidamente en el bando nacional), hubo catalanes en ambos bandos, y no es baladí recordar que el mismo Francisco Franco era gallego. No fue una guerra de la España central contra la períferica. La mayor resistencia republicana se localizó en Madrid (“No pasarán”), el mayor salvajismo franquista se desató en Andalucia y Extremadura, y cuando cayó Madrid la guerra, aunque no finalizada, estaba ya decidida.

    (Tampoco en 1714 se libró una guerra de sEcesión, sino una guerra de sUcesión, en la que el candidato a ser Rey de España de los Austrias – los mismos que habían sofocado varias revueltas en Cataluña a sangre y fuego-, con los madrileños en su bando, fueron derrotados por el candidato francés, que, al igual que el Austria, aspiraba al trono de España. Y si hubiese sido el Austria el vencedor, ahora los separatistas reivindicarían el bando de Felipe V, pues venía a traer una monarquía más moderna, y no el mismo imperialismo hispánico que los Austrias habían impuesto desde siempre.)

    No, no es verdad que esta España sea franquista o neofranquista. Los jóvenes que creen que las guerras se ganan dando a “Me Gusta” en facebook, o compartiendo frases por Twitter, ni siquiera se habrían atrevido a abrir la boca en una España franquista. No habría generalitat catalana en una España franquista. No habría Autonomías en una España franquista. Y desde luego, nadie se atrevería a acosar a los grises como se acosa a la Guardia Civil en Cataluña.

    Y no, tampoco es antidemocrático ni raro, ni ajeno a la modernidad democrática la reacción de Rajoy. Si los independentistas Bávaros comenzasen a saltarse las leyes alemanas como hacen lo separatistas en Cataluña, no os quepa duda que la polícia alemana intervendría, y el ejercito alemán también. Con Francia no cabe usar el ejemplo, porque la democrática y moderna Francia tiene el sistema más centralista del continente, ha exterminado el uso del catalán en la Cataluña francesa, y ha eliminado las sensibilidades regionales de raiz. No hay autonomías en Francia, como sí las hay en la “neofranquista” España. Y del respeto a los referedums ya sabemos la opinión europea por el “oxi” de los griegos, y como forzaron al pueblo griego a aceptar un … “rescate” (con todas las comillas del mundo)… que había rechazado en referendum. Nada qué decir sobre Rusia, y lo que hizo en Chechenía,

    La misma República Española, en 1934, abortó la secesión de la Generailtat Catalana en 1934 por la vía militar con una rapidez y firmeza que nunca tuvo Rajoy. Y ahora no me diréis que la República Española era franquista.

    Y aún quedaría por estudiar cómo Abraham Lincoln pasó por encima de 600.000 muertos en la Guerra de Secesión – que aquello sí fue una guerra de Secesión- americana, calificando de ilegal la postura de “ciertos habitantes del Sur”, que se habían situado “en contra de las leyes”.

    Enviar a la polícia, por mucho que teatralmente se rasguen algunos las vestiduras, era lo normal. Es lo normal. Lo que pasaría en cualquier puñetero país, de cualquier época, de cualquier lugar.

    Como dice el autor, “Muchos podrán reprochar al procés habernos llevado a este punto; otros lo considerarán, al contrario, su gran mérito.”

    Efectivamente, es el Procés, y no ese cadáver que flota arrastrado por los acontecimientos y que responde al nombre de Mariano Rajoy, el que nos ha colocado en la situación actual.

    La estrategía separatistas se basa en dos premisas: primero, que pueden convencer a todo el mundo de que estamos en una España neofranquista, y, segundo, que en realidad NO estamos en una España neofranquista, por lo que no hay peligro alguno en provocar e incluso saltarse leyes. Un ejercito de tweets y un millón de “Me Gusta” en Facebook reducirán al Estado a la impotencia. Pero es sumamente peligroso continuar por esa línea, porque los nacionalismos, como el propio odio, se retroalimentan. Y si continúan invocando al monstruo, tal vez el monstruo termine por aparecer.

  8. ¡ Prensa española manipuladora !
    Era el eslógan que ladraban el otro día los hooligans independentistas, poniendo de manifiesto el monumental cabreo que tienen los secesionistas, al no poder controlar el debate rico y plural que se ha generado en la sociedad española. Todo lo contrario de lo que sucede en Cataluña, donde los medios del Movimiento Nacional Catalán están al servicio de los prussesistas, casi sin fisuras. Si alguien se atreve a sacar los pies del plato, le dan boleto cagando leches. Si no, que se lo digan a Gregorio Morán. de la Vanguardia. los supremacistas copan por completo el debate político. La clase obrera está desmovilizada, alienada, hundida, y, con las élites sindicales a sueldo del Pujolismo. Cuando el Movimiento Nacional Catalán perpetró el golpe contra el Parlamento, nadie reaccionó, nadie se echo a la calle para protestar contra el, y , el golpe fascista no podía ser más brutal. La ley de habilitación del pujolismo, era idéntica a la “Ermächtigunsgesetz” Nazi. Lo que dejaba el camina expédito a una dictadura identitaria “étnica”, donde podrían hacer lo que les viniese en gana. En cierto modo, ya lo están haciendo,La caza del disidente es generalizada. A pesar de todo, ya se atisba un cierto grado de resistencia. partidos y colectivos de la izquierda antisecesionista, se organizan y sortean el control del pensamiento único nacionalista, gracias a internet. El PSOE, que en tiempos de Maragall, jugaba a ser más nacionalista que los mismísimos 400, se ha bajado del burro, sin mojarse, porque…. si quieres nadar y guardar la ropa, en un descuido te puedes quedar en pelota picada. Este nacionalismo catalán, tal como lo conocemos hoy, fue, en realidad , un invento de Suárez para frenar el ascenso irrefrenable del PSUC, Afianzando el dominio de la burguesía catalana. La cosa funcionó, Pujol les vendió la moto nacionalista, y, luego los fagocitó. El PSC ha estado en un tris de pasarle lo mismo. El próximo en la lista es PODEMOS, su vasallaje incondicional y acrítico al pujolismo. les pasará factura. Pienso que en las próximas elecciones, se van a ir a hacer puñetas. PD. si me equivoco invito a un gin tonic de 30 pavos, de esos que churran los kapos del prusses en el 5 estrellas.

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