Una portada para la historia negra de España.

Hablemos pues de los opinadores mediáticos, de los tertulianos y los todólogos hispanistaníes, esos que viven, o hacen creer que viven en una burbuja en la que es imposible concebir una de las muchas reordenaciones territoriales que se siguen produciendo a lo largo y ancho del planeta, si como en este caso afecta a la Una Grande y Libre (y por lo visto, para ellos también perpetua) que les paga los vicios. Como los niños: “si no lo miro no existe, y por derecho a decidir no viene nada en mi diccionario”.

El caso es que por una cuestión de salud mental hace muchos días que no veía programas de televisión, y visto lo visto, casi debería haber seguido sin encenderla. El periodismo declarativo español ha decidido que ya se ha resuelto todo. Lo ha dicho Rajoy, el de los sobres, el de Gürtel, el corrupto. Y como lo ha dicho, pues ya está, Cataluña vuelve a la ‘normalidad regional’, a la paz de los sepulcros. Y algunos hasta se lo creen, y proyectan sus miserias, y menosprecian como de costumbre a cualquiera que haya demostrado estar más preparado o ser más digno que ellos al hablar de la ‘realidad virtual’ catalana sin percibir la suya propia.

Lo que ocurre en esos platós y en esas redacciones es surrealista, es todo como muy de frenopático sin suministro de tranquilizantes. Esta gente trastornada vive en su mundo paralelo de hechos consumados, aunque en realidad no se corresponda en absoluto con lo que se está viviendo.

Parece que aquí todo el mundo obvia algo tan fundamental como que Europa ha prohibido a España volver a soltar a los orangutanes en Cataluña, y de ahí en adelante todo lo que tenga que ver con la imposición por la fuerza. Y no poder utilizar la siempre resolutiva violencia, complica muchísimo el asunto a esos que siempre han vencido en los debates eliminando al contrario.

Rajoy ha convocado elecciones autonómicas el 21 de diciembre, sí, es verdad. Y el Parlamento de Cataluña ha proclamado la república. Ahora es cuando empieza la partida. Por eso resulta tan ridículo dar por hecho que ya se ha resuelto ‘el problema’.

En este mundo todo lo que acabamos considerando sólido suele no serlo. Los sistemas políticos y sociales están basados, casi por completo, en la pura y simple confianza y en la desafección. Empezando y acabando por lo que los hace funcionar (para bien o para mal), el dinero fiduciario. Con los Estados ocurre lo mismo. Y si una mayoría social, o la parte más activa de una sociedad, incluso siendo una minoría, decide que el gobierno legítimo es el de equis o el de be, es ese el gobierno que se establecerá.

Esos grandes problemas que algunos ven en la inexistencia de una Hacienda pública propia, en las aduanas y control de fronteras, en los cuerpos de seguridad, y en el resto de instituciones y organismos habituales de un Estado moderno, se resolverán con relativa facilidad si de verdad existe un compromiso social, porque, descartado el uso de la fuerza por parte del opresor, esa es siempre la llave maestra: la determinación.

Considerar que esto se ha acabado por el “inteligente” (entre los innumerables adjetivos que ha merecido el insigne estadista Mariano el sobresueldos) movimiento de Rajoy al convocar elecciones, es no haber entendido nada. Porque si a ERC o al PDeCAT, y no digamos a las CUP, se les ocurriera presentarse a las elecciones convocadas por el Gobierno de España, los lincharían aquellas mismas personas que pusieron el cuerpo delante de las porras defendiendo el derecho a decidir su soberanía. Y sinceramente, no creo que vaya a ocurrir. De hecho hasta me parece muy poco probable que lleguen a celebrarse esas elecciones convocadas por un “gobierno extranjero”.

Está todo por escribir, y a muchos puede acabar sorprendiéndonos, y esperemos que para bien, el resultado del empoderamiento de un pueblo.

Ojalá alguna gente que hoy está ciega por el condicionamiento tan brutal que ha promovido y sigue promoviendo la oligarquía española, se dé cuenta de hasta dónde nos conviene tomar conciencia en España de lo que está haciendo la parte más despierta de la sociedad catalana. Ojalá dejemos de ver la independencia de Cataluña como una absurda amenaza (si alguien pierde algo es el rey y su corte) y empecemos a verlo como un ejemplo y una oportunidad, que es lo que es.

7 Comentarios

  1. Groucho, Harpo y Chico (sin cambiar el orden).
    Los 3 a coro pueden proclamar lo de: “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”.
    ¿Cómo esperabais que me lo tomase?

  2. Lo del 155 si que es un golpe de Estado, cargarse la autonomía y lo q es sospechoso es que todos los catalanes estén tan callados pero lo bueno es q con eso han dado x culo a los políticos y a los periodistas que a lo mejor esperaban que se echaran a la calle resistiendo, jajajajajaj. Ahora ni Ferreras ni Inda saben de qué hablar y andan detrás de Puchdemont para sacar alguna noticia jajajajajaja

  3. Cierto que Europa ha prohibido al PP utilizar la violencia policial, como también el formulario que el Gobierno les envió para que se pronunciasen contra la República catalana. De todos modos, es que hay un problema de legalidades jurídicas -que, a mí, al menos, no me queda claro- y tampoco comparto la independencia de España, aunque sí los motivos que a los catalanes les llevan a ello y son idénticos a los que sentimos buena parte del resto de españoles sobre el Sistema del 78.
    Me explico: Apoyo el proyecto de una República catalana, pero con encaje en España y si esto no se ha conseguido, ha sido por culpa del Sr. Rajoy (influenciado por su núcleo duro), así como por los Sres. Sánchez y Rivera (uno, como engañosa izquierda y otro, como desdoblamiento del PP, cuyos dirigentes y votantes proceden del mismo).

    Tampoco comparto la aplicación del Artículo 155 (judicializando el tema) como experimento de lo que pudiera suceder en el futuro con otras Comunidades Autónomas que disientan del Sistema.

    (Continúa en 2)…

  4. …2)

    Lo único “suave”, en mi opinión, ha sido la toma de los Mossos, pero no deja de ser grave que el PP haya conseguido en el Govern de Cataluña lo que ha perdido en las urnas. Y mal hacen en concluir que a sus medidas se debe la normalidad… (calmosa, diría yo), existente en la ciudadanía catalana. Muy fácil sería todo, ¿verdad?. Pero sólo es “virtual”. Claro que, ‘de ilusión también se vive’, lo que es aplicable al tripartito español.

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