Eric Toussaint | El Salto | 11/11/2017

En los siglos XI-XIV, los banqueros venecianos financiaban las cruzadas y prestaban dinero a los poderosos de Europa, pero de una manera más hábil que la Orden de los Templarios. En Venecia, se apoderaron de la cabeza del Estado dándole la forma de república. Financiaron la transformación de Venecia, ciudad-Estado, en un verdadero imperio que comprendía Chipre, Eubea (Negrepont) y Creta. Adoptaron una estrategia imparable para enriquecerse y garantizar el reembolso de sus créditos: ellos endeudaron al Estado veneciano con sus propios bancos. Ellos mismo definieron los términos de los préstamos, ya que eran propietarios de los bancos y dirigentes del país. El Estado veneciano devolvió hasta la última moneda de aquella deuda.

Por otro lado, estos banqueros tuvieron la idea de crear títulos de la deuda pública que podían circular de un banco a otro. Los mercados financieros comenzaban a ponerse en pie. Este tipo de préstamo es el precursor del sistema de endeudamiento de los países tal y como se conoce hoy. Siete siglos más tarde, los banqueros de Europa, igual que sus predecesores venecianos o genoveses, no tienen por qué sentirse inquietos ante los gobiernos actuales.

Los banqueros privados han colocado a sus representantes o a sus aliados en puestos clave en los gobiernos y las administraciones

Los Estados actuales, y el protoestado de la Unión Europea, son quizás más complejos y sofisticados que las repúblicas de Venecia (o de Génova) de los siglos XIII al XVI, pero son con igual crudeza los órganos de ejercicio del poder de la clase dominante, el 1% opuesto al 99%. Mario Draghi, antiguo responsable de Goldman Sachs en Europa, dirige el Banco Central Europeo. Los banqueros privados han colocado a sus representantes o a sus aliados en puestos clave en los gobiernos y las administraciones.

Desde un punto de vista histórico, el New Deal iniciado por el presidente F. Roosevelt en 1933 y los treinta años que siguieron a la II Guerra Mundial aparecen como un paréntesis durante el cual la clase dominante tuvo que hacer concesiones, ciertamente limitadas, pero reales, a las clases populares. Los grandes patronos tuvieron que disimular un poco su dominio sobre el Estado. Con el giro neoliberal emprendido a finales de los años 70, abandonaron la discreción. La década de los 80 pone en un primer plano una clase dominante completamente desinhibida que asume y proclama con cinismo la carrera por la ganancia y la explotación generalizada de los pueblos y la naturaleza. Como afirmaba el multimillonario americano Warren Buffet, “claro que hay una guerra de clases, y es mi clase la que va ganando”.

El sistema de la deuda pública tal como funciona en el capitalismo constituye un mecanismo permanente de transferencia de riquezas producidas por el pueblo hacia la clase capitalista. Este mecanismo se ha reforzado con la crisis comenzada en 2008. Las pérdidas y las deudas de los bancos privados han sido transformadas en deuda pública.

El oficio de la banca es demasiado serio para dejarlo en manos del sector privado

El oficio de la banca es demasiado serio para dejarlo en manos del sector privado. Es necesario socializar el sector bancario, lo que implica su expropiación y colocarlo bajo control ciudadano. Debe estar sometido a las reglas de un servicio público y sus beneficios utilizados para el bien común.
La deuda pública contraída para salvar a los bancos, que en su mayoría se encuentran en las manos de esos mismos mercados, es definitivamente ilegítima y debe ser repudiada. Una auditoría debe determinar las demás deudas ilegítimas y/o ilegales y permitir una movilización que pueda dar forma a una alternativa anticapitalista.


DOCTOR EN CIENCIAS POLÍTICAS Y ES PORTAVOZ DEL CADTM INTERNACIONAL.

5 Comentarios

  1. Por tanto, no existe democracia, desde el momento en que somos dirigidos/manipulados por gente impuesta desde la banca/poder financiero. Todo lo demás pajas oníricas.

    • “””Los banqueros privados han colocado a sus representantes o a sus aliados en puestos clave en los gobiernos y las administraciones.”””

  2. Una banca nacional, como propusieron los separatistas catalanes, sería lo coherente.

    Lo acertado del Sr. Puigdemont, a diferencia de nuestros políticos con expansión nacional, es que dice, no sólo lo que los ciudadanos quieren oír, sino que lo cumple, como hemos constatado (Y si, a mí, me gusta que digan lo que piensan, más me gusta que hagan lo que dicen). Y es por ello y por los injustos arrestos de su govern, que me tiene encandilada, sin extrañarme que goce de tantísimos votantes y simpatizantes en el resto de España que valoramos la sinceridad en política, algo tan difícil de lograr, como digo, en nuestros políticos. Otra cosa son las consecuencias -en todo caso “políticas” y nunca judiciales- ante las formas en que ha propuesto la República catalana, pero que no son óbice para reconocerle su valentía, tenacidad y estrategias para llevar a cabo su proyecto, lo que le dota, también, de inteligencia.
    Aunque su reciente discurso iba dirigido a los catalanes, afirmando que son ellos los que deben decidir el rumbo del país y no los políticos, es extensivo, por su acierto, al resto de españoles, pues en ello consiste la soberanía y democracia.
    (Continúa en 2)…

  3. …2)
    Por otra parte, ante su, también acertada declaración sobre que la UE se ha convertido en una caricatura, corrompiendo los valores fundacionales y en cuyas manos estamos, procede preguntar: “¿alguien osa desmentirlo?”.
    El grave error del tripartito constitucional, es emprender la campaña electoral en Cataluña afirmando pretender instaurar lo que llaman “normalidad”, cuando esto es imposible, porque no se puede imponer la continuidad del Régimen que multitud de ciudadanos rechazan, sino que hay que abrir nuevos caminos hacia otro Modelo de Estado, extensivo también para el resto de España y poder todos gozar de la democracia que nos fue secuestrada a raíz del 78 por el bipartito. ¡Pues claro que sí que la secuestraron!. Y a los hechos producidos desde entonces, me remito.
    (Continúa en 3)…

  4. …3)
    PP y PSOE deberán entender que su ciclo ya pasó y hay que abrir las puertas (para que se oxigene la política) a nuevos partidos de izquierda, incluyendo al Sr. Puigdemont, comprometidos, todos, con una segunda Transición.

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