Dedico mi vida a escrutar información y resulta que me había pasado inadvertido semejante espectáculo bochornoso (también, casualmente, a todas las televisiones españolas, qué cosas). Y sí, es cierto que no es ningún secreto que el presidente de la todopoderosa Comisión Europea es un alcohólico sin solución, pero es que una cosa es lo que se filtra de los comentarios de los trabajadores de la institución e incluso el tener conocimiento de las denuncias públicas por parte de algunos de sus colegas, como la carta de la diputada polaca Krystyna Pawlowicz advirtiendo de lo impresentable que llega a resultar este personaje, u otras advertencias, incluso previas a su elección como ‘capo’ europeo, y otra cosa es verlo ‘en acción’.

En cualquier caso, más allá de la fiesta de tortazos que monta el susodicho con las caras de los altos cargos invitados, lo mejor es lo que hace con Viktor Orbán, y con ese: “aquí viene el dictador” para acabar recibiendo al presidente de Hungría con el propio apelativo. Y encantado de la vida, oiga (porque in vino veritas pero a Juncker esto le resulta gracioso incluso estando sereno, sabiendo que no es ninguna broma).

Esta es la seriedad de las muy solemnes grandes instituciones de Europa. Esta es la respetabilidad de los que nos gobiernan y de los que deciden nuestro futuro. Y esto es lo que ocurrió en la recepción de Jefes de Estado y Presidentes de las instituciones europeas con motivo de las celebraciones del 60 aniversario del Tratado de Roma (ni más ni menos).

Y luego escuchas estas declaraciones del pasado jueves día 9 y no tienes más remedio que reírte (porque llorar no valdría de nada).

3 Comentarios

  1. Pues en el temo que planteo, la coordinación ha fallado. Porque tiene narices que el Gobierno haya estado todo el tiempo amedrentándonos con las pérdidas económicas del conflicto catalán y, sin embargo, la Comisión Europea ha manifestado lo contrario días pasados.

Deja un comentario