El Banco de España ha reconocido que el rescate bancario al que se dio luz verde en 2012, de unos 60.000 millones de euros, ha sido nocivo para el pueblo español. De esos miles de millones, unos 40.000 no podrán ser recuperados. Ya que fueron representantes elegidos por los españoles y las españolas quienes decidieron y llevaron a cabo dicho rescate, deberemos afirmar que el pueblo español se ha infligido daño a sí mismo al elegirlos. Si pudiéramos sentarlo en el diván, habría para buscar las raíces profundas de un comportamiento patológico como ese. Más allá de su consciencia o su falta de ella.

Los bancos privados tienen un número de accionistas que puede oscilar entre unas decenas de miles, como los 55.566 de Bankinter, y unos pocos millones, como los 4.019.706 del Banco Santander (según datos de octubre de 2017). En España hay cerca de una decena de bancos que cotizan en bolsa. Una parte de los accionistas corresponderá a nacionales del lugar donde estos bancos están ubicados y otra parte a empresas, otros bancos, fondos e inversores del exterior. Si tomamos todos estos datos, podremos deducir, en un cálculo aproximativo, que los accionistas de los bancos son una minoría respecto del conjunto total de un electorado de 36 millones y medio en 2016. Así pues, no parece que aquellos sean decisivos para elegir a esos y esas representantes que invisten después a gestores que rescatan sus acciones del peligro. La mayoría la pondrían, en este caso, los ciudadanos votantes rescatadores de bancos, pero no de sí mismos.

Quizá, la causa profunda que se adivina detrás de un comportamiento patológico como ese, no venga tanto de un trauma como de las malas compañías, es decir, del engaño tanto de Rajoy, como de De Guindos y de Sáenz de Santamaría, que defendieron en su día el rescate y aseguraron que no iba a costar “ni un euro” a los “contribuyentes”, o que no se iba a “generar ningún coste a la sociedad, sino todo lo contrario”. Los ciudadanos no accionistas de bancos, votantes, llevados por una confianza rayana en la candidez de la infancia, se habrían confiado a quienes aseguraban que las consecuencias del no rescate bancario hubieran sido peores, incluso desastrosas.

Estos ciudadanos y ciudadanas no accionistas y votantes, deberían haber buscado mejores compañías, las que hubieran podido aconsejarles mejor y les hubieran despertado del sueño. En definitiva, y dado que siempre es bueno sacar afuera las cosas, siempre es bueno hablar, se podría haber abierto un debate sobre los caminos posibles para evitar el desastre y, al mismo tiempo, asegurarse de que esos 40.000 millones no se conviertan en humo. Hubiera sido necesario no caer en la falacia de que solo había una solución posible.

Se podría haber buscado una fórmula para que los miles de millones de pérdidas, ahora pérdidas públicas, se hubieran cubierto, al menos en parte, con los inmuebles, con los bienes en general de los que los tienen (accionistas que pueden permitirse invertir en bancos), y no con los de aquellos que solo disponían de su vivienda, de su trabajo, de su pequeño o mediano negocio, etc. En todo caso, liquidar la banca pública era una solución demasiado drástica para solucionar un problema de funcionamiento y de gestión.

En Islandia, los accionistas de los tres principales bancos del país, quebrados en setiembre de 2008, el Kaupthing, Glitnir y Landsbankinn, tuvieron que asumir grandes pérdidas. Al fin y al cabo, el Estado era demasiado pequeño para tapar un agujero tan grande. Y, sin embargo, parece que afrontar la adversidad fue un comportamiento sano desde un punto de vista terapéutico. El golpe, que de todas formas afectó a cada una y cada uno de los poco más de trescientos mil habitantes de entonces, lo pararon en parte aquellos y aquellas accionistas, personas físicas o jurídicas, que arriesgaron su dinero (¿no es el riesgo, acaso, uno de los justificantes de la obtención de dividendos?). Pero no, en el caso clínico que nos ocupa, los accionistas arriesgan y los demás, de las clases medias para abajo, asumen sus riesgos.

Ahora, demasiado tarde, vemos que el rescate bancario ni siquiera ha servido para conservar los puestos de trabajo en las entidades rescatadas, que no han dejado de despedir a sus trabajadores y trabajadoras aun obteniendo beneficios. O vemos que se desahucia a esos mismos ciudadanos y esas mismas ciudadanas que los han rescatado. No es extraño que este comportamiento autolesivo, el de rescatar a quien te violenta, provoque brotes de rebeldía en esos ciudadanos y ciudadanas. Hablo de plataformas como la PAH.

Mientras tanto, se intervienen autonomías, se intervienen ayuntamientos, se intervienen conciencias, se intervienen familias… ¿Por qué no se intervienen esos bancos saneados, morosos y sin embargo con dividendos? La codicia, que condujo a la Gran Recesión (como la llama el profesor Navarro), sigue ahí. Al menos, el exministro Fernández Ordoñez deja una ventana a la esperanza, y a la salud mental, cuando dice que los accionistas, los cientos de miles de accionistas de las entidades bancarias, deberían elevar su aportación a los mismos para que los contribuyentes no paguen futuros rescates. Aunque casi seguro que nadie le escucha.

13 Comentarios

  1. ¿Porque son los bancos los verdaderos dueños-amos y los mequetrefes de los políticos sus títeres-marionetas?
    Pregunto ingenua e inocentemente.
    ¡A mandar!

    • Pues muy fácil, yo te protejo a ti, y en el caso que no vuelva a estar el congreso con mayoría absoluta,tú me proteges a mí. Vergüenza de mangantes.

  2. un mal añadido a ese dinero perdido en rescatar a la banca, es que la banca cerró el grifo del crédito. Cerrando ese grifo se paralizó la economía, pues dificultó por un lado que la sociedad se embarcara en compras importantes y por otro que los emprendedores pudieran montar nuevos negocios que quizá hoy serían pequeñas industrias generadoras de empleo (sin ir más lejos, por ejemplo en energías limpias).
    Por no hablar de empresas ya consolidadas que quizá pedirían créditos para investigación y expansión.

    Tanto el gobierno como los bancos no están sólo destruyendo nuestro presente, destruyen también nuestro futuro. Pues toda iniciativa comercial o pequeña industria que no nazca o crezca hoy, no generará empleo ni ‘marca España’ mañana. Al contrario, no paramos de ver EREs, pequeños negocios que cierran y empresas que van a la quiebra.
    El avance tecnológico corre mucho. Quien no coja hoy ese tren quizá no encuentre su plaza el día de mañana.

    Si los bancos se hubieran rescatado para mantener el flujo de crédito, aún sería comprensible, pero no, los bancos prefirieron y prefieren hoy invertir en deuda… o en empresas armamentísticas.
    Creo que fue éste el principal engaño en torno al rescate.

    • Efectivamente, Ivancho, esas que comentas son más ramificaciones del asunto. Los bancos van a lo que van, y en el caso que comentas, el BCE es su cómplice.

    • Lo verdaderamente chocante de todo este asunto es que los bancos dejaron de ofertar y conceder crédito cuando la morosidad estaba en un irrisorio 1%. Algún día alguien nos contará qué pasó.

  3. Pues sí, con la manida frase de que los que “mandan son los mercados y mercados somos todos”, se olvidan matizar que “unos, para dirigir a beneficio del establishment” y “otros, para sufrir sus nefastas consecuencias, acatándolas por mandato imperativo”. En este plan, yo no quiero formar parte de este diabólico mercadeo.

  4. “El oficio de la banca es demasiado serio para dejarlo en manos del sector privado. Es necesario socializar el sector bancario, lo que implica su expropiación y colocarlo bajo control ciudadano. Debe estar sometido a las reglas de un servicio público y sus beneficios utilizados para el bien común.

    La deuda pública contraída para salvar a los bancos, que en su mayoría se encuentran en las manos de esos mismos mercados, es definitivamente ilegítima y debe ser repudiada. Una auditoría debe determinar las demás deudas ilegítimas y/o ilegales y permitir una movilización que pueda dar forma a una alternativa anticapitalista.”

  5. Estoy de acuerdo con el artículo y que se tenían que haber estudiado otras alternativas para evitar el rescate, pero ya hemos visto lo que da de sí la oposición del PSOE si no es para apoyar a Rajoy; lo que no comparto es lo de la esperanza abierta de Fernández Ordóñez, qué Fernández Ordóñez? El que dijo que se trató de evitar un aumento del déficit público pero se multiplicaron los problemas? ja ja ja, pero si son todos iguales!.

    • Pues no te falta razón… Es cierto que no se puede esperar gran cosa de Fernández Ordóñez, ni del PSOE.. Sin embargo, dijo eso la semana pasada, y aunque no sirva de mucho, y sea demasiado tarde, y nadie le vaya a hacer caso, no deja de ser una posible alternativa para evitar rescates criminales.

  6. Comentar a estas horas de la película este tipo de sangrantes robos a la sociedad española como si hubiéramos descubierto !ahora! al enemigo es otra de las muchas bromas pesadas que tenemos como sociedad apática,desinformada,desmovilizada a conciencia por el régimen del78 (o de toda la vida,porque yo,con mi edad apuntando a los 70 años,solo he visto que régimen,dictadura de uno u otro tipo),con organizaciones que se decían de izquierdas (partidos,sindicatos,sociedad civil…) que nunca han movido un dedo para que ocupáramos la calle ante tanto latrocinio como se nos hace un día tras otro,todos engolfados en un parlamentarismo inútil y bla,bla,bero.Ahora ya y con lo que tenemos envidio a los catalanes porque tienen una ilusión que los galvaniza,los hace tirarse a la calle,los une.Hasta en eso van años por delante del resto de esta España putrefacta,muerta,chirlera.R.I.P. para España que ni al cielo vamos que ya lo inmatriculó la Iglesia y nos lo birló y el que quiera cielo que pague.

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