Redacción/Rokambol/17.11.17

Las togas por encima de la rodilla, o muy estrechas marcando los glúteos, y las puñetas de ganchillo escasamente tupidas o que exhiben cenefas poco apropiadas para un juez, podrían considerarse como circunstancias atenuantes para los acusados de la violación a un magistrado, aunque éste no haya apretado las nalgas con la suficiente fuerza durante la agresión o hubiera renunciado a usar la maza para reventarle la cabeza a alguno de los violadores.

Al parecer, expresiones tales como “Alegato el que te iba a dar yo en la cama, pedazo de letrado” o “Te arrancaba yo esa toguita tan graciosa en dos mordiscos, bollicao” suelen escucharse frecuentemente a la entrada de los juzgados, sobre todo con la llegada de la primavera, cuando los jueces se remangan las togas o descuidan el decoro a la hora de sentarse en la sala del tribunal.

La práctica totalidad de los violadores de magistrados, y los abogados especializados en su defensa, coinciden en señalar la misma causa a la hora de justificar las agresiones a los jueces. “Se visten como monaguillos”, aseguran.

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