Véronique Kiesel | La Haine | 19/11/2017

 Tras dos años de guerra, más de 20 millones de civiles necesitan ayuda humanitaria y un millón padecen de cólera.

“A lo largo de los últimos tres días, la coalición liderada por Arabia Saudí no ha autorizado a Médicos Sin Fronteras (MSF) el aterrizaje en Saná y Adén de su avión proveniente de Yibuti, a pesar de nuestras repetidas demandas”, se indigna Justin Armstrong, jefe de la misión de MSF en Yemen. “El acceso de los vuelos humanitarios a Yemen es fundamental para poder aportar asistencia médica a una población muy afectada ya por más de dos años de conflicto”.

El mismo llamamiento emana del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR): “Las vías de abastecimiento humanitario hacia Yemen han de seguir abiertas de manera imperativa”, defiende Robert Mardini, director regional del CICR.

Puesto que nada entra ni sale ya de Yemen, por mar, tierra o aire, un cargamento de cloro —enviado por la Cruz Roja para luchar contra el cólera, ya que el cloro destruye la bacteria responsable— ha sido bloqueado en la frontera norte del país.

Se prevé que otro envío de asistencia médica llegue la semana que viene, compuesto por 50.000 frascos de insulina. “La insulina se conserva refrigerada, con lo cual no podrá esperar frente a una frontera cerrada. Si no se pone término rápidamente a este cierre, las consecuencias humanitarias serán terribles”, previene Robert Mardini.

1. La amplitud de la crisis

Los aviones de MSF no son los únicos que no pueden acceder a Yemen: desde el lunes 6 de noviembre, este país mártir se encuentra aislado del mundo por un bloqueo impuesto por Arabia Saudí. El secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de la ONU, Mark Lowcock, advertía el miércoles al Consejo de Seguridad de que Yemen se enfrenta a la “mayor hambruna” de las últimas décadas, la cual podría provocar “millones de víctimas”. “El nivel de sufrimiento es inmenso. La devastación, casi total. 21 millones de personas necesitan urgentemente ayuda humanitaria.
Se trata de la peor situación humanitaria a nivel mundial, con 7 millones de personas al borde de la hambruna, el deceso de un niño por enfermedad cada 10 minutos y casi un millón de enfermos de cólera”.

Los civiles han sido las primeras víctimas de una guerra muy cruenta que ha provocado ya más de 8 650 muertos, entre los cuales 1 700 niños, y cerca de 60 000 heridos. “Se asemejaba al juicio final, con cadáveres y cabezas esparcidas por doquier, devoradas por las llamas y semienterradas bajo las cenizas”, ha contado un habitante de la ciudad portuaria de Moca, en el suroeste del país, tras uno de los bombardeos de la coalición (Arabia Saudí, Egipto, Jordania, Marruecos, Sudán y los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, excepto Omán).

El conflicto ha agravado también una crisis humanitaria que era ya profunda, tras años de pobreza y de mala gestión. Antes del bloqueo completo vigente desde el lunes 6, la coalición había impuesto ya un bloqueo aéreo y marítimo parcial que ponía muchas trabas al abastecimiento de carburante y de otros productos básicos.

El precio de los alimentos había subido de manera significativa, y el acceso a los medicamentos era ya difícil. En enero de 2017, la situación se degradó. De los 20 millones de habitantes que hay alrededor en el país, 14,5 carecían entonces de agua potable y de acceso a instalaciones sanitarias elementales; 2 millones de civiles eran desplazados internos; y el número de niños severamente desnutridos, con consecuencias terribles para el futuro, se estimaba a más de 500 000, en un país en el que más del 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza.

Los daños infligidos por los bombardeos de puentes, aeropuertos y puertos complican aún más el envío de estos productos esenciales.

2. La causa del desastre

No es una catástrofe natural la que ha provocado este sufrimiento, sino una guerra de agresión desencadenada en 2014 e intensificada desde el 25 de marzo de 2015 por una coalición internacional liderada por Arabia Saudí. Ese día, la coalición lanzaba los primeros ataques aéreos contra el grupo armado de los hutíes [que defienden la independencia del país y la no sumisión a la dictadura saudita]. Más de dos años y medio después, el conflicto se ha extendido y los combates tienen lugar en todo el país.

Además de los bombardeos incesantes de la coalición, los distintos grupos rivales se enfrentan en tierra. Por un lado, los hutíes, que son aliados de los seguidores del anterior presidente yemení Alí Abdalá Salé. Por otro lado, y enfrentados a estos, las fuerzas anti-hutíes son aliadas del ex presidente, Abd Rabbuh Mansur al-Hadi [que derrocó ilegalmente al anterior y luego de la represión a las manifestaciones en su contra que dejó decenas de muertos, presentó su renuncia indeclinable el 15 de eneero de 2015] , y cuentan con el apoyo de la coalición liderada por Arabia Saudí. En esta coalición se encuentran Egipto, Sudán, Marruecos y los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, salvo Omán. Además, beneficia del apoyo militar, logístico y en materia de inteligencia de EEUU, potencia que pretende luchar así contra la influencia creciente de Irán (en mayo de 2017, en el momento de la visita de Trump [a la dictadura de Arabia Saudí], los contratos firmados por armas alcanzaban los 110.000 millones de dólares a corto plazo, así como 350.000 millones en 10 años).

Le Soir / Viento sur. Extractado por La Haine

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