Javier Pérez de Albéniz | Cuartopoder | 

‘Comida para peces’. Así es como describe un grupo de policías municipales de Madrid a los inmigrantes que intentan cruzar el Estrecho. No es un chiste macabro, es el rabioso eslabón de una cadena de insultos y despropósitos. “Yo a los moros los tiraba al mar. Comida para peces”, dicen en un chat de WhatsApp. “Les aplaudimos por venir a este país saltando una valla”, continúan, “Y recordad que tenéis algunos compañeros retrasados que favorecen este tipo de gentuza alrededor vuestra. Napalm para los guarros inmigrantes”. Un sinfín de comentarios vergonzosos, intolerables, vomitivos, que hablan de “cazar inmigrantes”, alaban a Hitler y desean la muerte de la alcaldesa de Madrid y de algunos periodistas. Todo en un tono violento, fascista, absolutamente deplorable. No son comentarios de barra de burdel portuario a la seis de la mañana. Son comentarios de un chat de policías municipales madrileños, esos hombres y mujeres que garantizan, según el artículo 104 de la Constitución, no solo la protección del libre ejercicio de los derechos y libertades de los ciudadanos, también su seguridad.

Leyendo los chats anteriores podría parecer que el proceso de modernización y rejuvenecimiento de la plantilla de la Policía municipal que se inició con la llegada de la democracia ha sido un fracaso. No sería justo: quiero pensar que se trata de unos pocos energúmenos. Unos pocos enfermos que piensan que la comida para peces es una cosa, y los ciudadanos, otra. Las diferencias son obvias. Comparar a un guarro subsahariano que salta la valla huyendo de la guerra y el hambre con un ciudadano ejemplar con el pasaporte en regla (pero requisado), como por ejemplo Ignacio González, quizá sea manipular los hechos. Sin duda demagogia. Ahí tienen la realidad para desmentir la igualdad entre humanos: el ex presidente de la Comunidad durmiendo en su casa, calentito, tras una buena ducha y una cena opípara, mientras 500 inmigrantes argelinos han sido “alojados” en una cárcel de Málaga sin agua potable.

Salvo Comisiones Obreras, el resto de sindicatos defiende a los policías fascistas con un argumento surrealista: “Los mensajes han sido sacados de contexto”. Reconozco que ignoro los contextos alternativos de frases como “Yo a los moros los tiraba al mar. Comida para peces”, “Napalm para los guarros inmigrantes” o “Es terrible que ella (Manuela Carmenano estuviera en el despacho de Atocha cuando mataron a sus compañeros. Que se muera la zorra vieja ya”. Pero tengo muy claro que quien hace comentarios de semejante calaña no es la persona adecuada para garantizar los derechos, las libertades y la seguridad de nadie.

Son, eso sí, los perfectos policías de un Gobierno ultraconservador que no duda en vulnerar los derechos fundamentales de los inmigrantes. Son una minoría, sin duda, pero también una vergüenza para el resto de ciudadanos, que no debería financiar con sus impuestos a individuos intelectualmente fascistas. Finalmente, también son una vergüenza para sus compañeros, que al permanecer en silencio de alguna manera se convierten en cómplices. Cerebros de pez.

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