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 | La Marea | 22 noviembre 2017

En la noche del 20 al 21 de noviembre, hace un par de días, centenares de franquistas, fascistas, sacaron su basura, su ser basura, a la calle. En Madrid, con antorchas, recorrieron la M30 –lloré con este vídeo– cantando himnos de espanto, llenos de su odio conservado en grasa, portando banderas negras con el yugo y las flechas, con el águila, honrando el horror, el dolor y el asesinato.

Más o menos al mismo tiempo nos enteramos de un chat donde varios policías deseaban la muerte de la alcaldesa Carmena y otros representantes públicos alababan a Hitler y deseaban que las chimeneas de los hornos crematorios del Holocausto volvieran a echar humo, donde describían cómo matar a inmigrantes clavándoles balas en el cráneo a martillazos. Y varias agrupaciones de policías los apoyan.

En estos mismos días se juzga la violación de una muchacha de 18 años a zarpas de cinco energúmenos, uno de ellos perteneciente al Ejército y otro a la Guardia Civil. Y medios de comunicación se cuestionan la “participación” de la víctima.

Es solo un repaso sucinto del espanto que empieza a ocupar los medios de comunicación, nuestras calles y nuestras vidas. Un repaso tomado al vuelo.

Si no somos conscientes de que esto no son “casos aislados”, sino los primeros síntomas de comportamientos que empiezan a cundir en nuestra sociedad, cuando los tengamos encima, cuando nos avasallen, será demasiado tarde. Recuerdo a los líderes de Podemos, Zaragoza en Común, PNV, ERC, etc. cercados por mostrencos de ultraderecha, sin auxilio policial; recuerdo el acoso a la familia de Mónica Oltra, bajo su casa; recuerdo demasiados episodios sucedidos últimamente sembrados de aguiluchos, de banderas, de violencia y odio contra la diferencia, contra el bien, contra la construcción de un diálogo sensato y el ejercicio de esta pequeña, defectuosa forma de civilización a la que nos aferramos.

¿Estamos ciegos o somos idiotas?

Hay una frase que se repite siempre en las peores masacres, los peores terrores perpetrados por seres humanos: “¿Cómo no lo habíamos visto venir?”. Es la frase de los ciegos, de los que son ciegos porque se tapan los ojos. De los mudos, de los que son mudos porque se tapan la boca.

Yo sí lo veo venir.

3 Comentarios

  1. Está claro que son más que señales, son realidades que estamos viendo de que el fascismo está resucitando y no se ilegaliza a estas formaciones ni se les detiene por exaltarlo; el PP, el PSOE y la muleta naranja tendrán seguramente interés en que el fascismo aquel resurja de las cenizas de tiempos pasados que muchos no hemos vivido pero los ancianos conocen bien y no quiero ser pesimista yo tampoco, pero lo mismo cuando queramos darnos cuenta ya es tarde. Manda huevos con la que nos ha caído por culpa de estos inútiles que nos gobiernan!

  2. Yo tengo setenta y seis años, o sea, soy de los ancianos que tu mentas en tu comentario, el fascismo no resucita o vuelve, como te han hecho creer, en lo que llamaron la transición yo y mis coetáneos no llenamos de ilusión, quizá yo era más escéptico, pero cuando empezaron los enjuagues de Felipe González renunciando al marxismo, Carrillo confraternizando con Juan Carlos, los Pactos de La Moncloa, etc. se me cayo la venda y comprendí que no era mas que una actualización de la dictadura que dejo organizada el asesino genocida “atado y bien atado” habría que hacer una transición donde el TOP, no se le cambiara el nombre, si no que dejara de existir con sus jueces franquistas, y la policía se depurara y como mínimo se expulsara a los torturadores que siguen en ella, y que no podría estar en política ninguno de los que estuvieron con Franco. Y hay mucho más, pero yo ya estoy jubilado, y espero (por la cuenta que le tiene) que lo haga mi nieto.

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