Javier Pérez de Albéniz | Cuartopoder | 

Vivimos en un mundo complejo, dirigido por trileros profesionales, en el que no puedes despistarte un segundo. Si parpadeas, te lo pierdes. Te pierdes la verdad, la realidad, lo importante. Incluso si no parpadeas, ojos resecos como la piel de un tambor, es muy posible que te la jueguen: basan su fuerza en el deseo que tenemos los ciudadanos de que todo funcione. Un deseo enorme que te hace confiar, creer y dejar tu futuro en manos del tahúr.

Cuando Rajoy habló de abrir la puerta a la reforma de la Constitución, en realidad era una maniobra de distracción: “Sánchez, no dejes de mirar el garbanzo, que la mano es más rápida que la vista”. Al PP la Constitución le va bien tal y como está. Con sus antiguallas y su caspa. Es más, preferirían una constitución más retrógrada y conservadora, menos abierta a los tiempos modernos. El PP no quiere que cambie nada, y viene siendo así desde hace mucho, muchísimo tiempo.

Pero como a la gente le ha dado por la democracia, lo que ven al alrededor (es bien sabido que el populacho no tiene personalidad alguna), vamos a darles lo que merecen. ¿Democracia? No, por favor. Un sucedáneo basado en la magia y la distracción. Un día les entretenemos con Venezuela, otro les despistamos con Cataluña, ahora podemos hablarles de cambiar la Constitución… Pero que nadie se preocupe, que solo se trata de un truco: la primera ley de la magia es desorientar.

Distraer, primero, para desorientar, después, es hablar de reformas para modernizar la Constitución mientras la Audiencia Nacional cambia a última hora el tribunal que juzgará el caso más grave de corrupción que acorrala al PP: su presunta financiación ilegal durante 20 años. Ningún recato, cero pudor. ¡No pierdan de vista esta mano, donde tengo a Venezuela, Cataluña y la reforma de la Constitución! Con la otra estoy sacando de la circulación a quienes tuvieron la osadía de citar como testigo del caso Gürtel a Mariano Rajoy.

Una democracia con truco y cartón.

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