Gethin Chamberlain, The Guardian | Rebelión | 05/12/2017

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.

A medida que el calentamiento global agrava la sequía y las inundaciones, los ingresos de los agricultores se reducen y niñas de solo 13 años son entregadas para evitar la pobreza.

La inundación se encargó de que el primer año de Ntonya Sande como una adolescente también fuera el primer año de su vida de casada. Hasta el momento en que el agua arrasó el campo de sus padres en Kachaso, en el distrito Nsanje de Malawi se habían estado ganando la vida. Luego se vieron reducidos a buscar barriles de leña para vender.

Entonces, cuando un joven llegó a su puerta y pidió matrimonio a la niña de 13 años, los padres no lo pensaron mucho tiempo, no se fuera a buscar en otro lado. Ntonya les suplicó que cambiaran de opinión. Era demasiado joven, suplicó. No quería irse. Pero fue en vano. Sus padres la sentaron y le hablaron clarito: el clima había cambiado y les quitó todo. No había suficiente comida. No podían permitirse otra boca en la mesa.

Esa noche se acostó en la cama por primera vez con un hombre al que nunca había visto y siguió las indicaciones de su tía, que la había instruido sobre el importante tema del sexo. Diez meses después dio a luz a su primera hija.

Alrededor de 1,5 millones de niñas en Malaui están en riesgo de casarse debido al cambio climático. Es un gran número.

Cada uno tiene su propia idea de cómo se ve el cambio climático. Para algunos es la lucha de la morsa por encontrar espacio en los témpanos de hielo que se derriten que publica Blue Planet II. Para otros es una visión apocalíptica de las ciudades que desaparecen bajo las olas. Pero cada vez para más niñas en toda África la manifestación más palpable del cambio climático es un bebé en sus brazos mientras se sientan a mirar a sus amigos que van a la escuela. El informe del proyecto Brides of the Sun, financiado por el European Journalism Center, se propuso de evaluar la escala de lo que muchos expertos señalan que es una crisis real y creciente: la aparición de una generación de niñas novias como resultado directo de un clima cambiante

Y una y otra vez en aldeas desde el sur de Malaui hasta la costa este de Mozambique, las novias y sus padres contaron una historia cada vez más familiar. En los últimos años notaron que las temperaturas subían, las lluvias se volvían menos predecibles y llegaban más tarde y algunas veces inundaron lugares en los que nunca había habido inundaciones. Las familias que una vez pudieron permitirse alimentar y educar a varios niños informaron de que ahora se enfrentaban a una situación inviable.

Ninguna de las aldeas tenía forma alguna de registrar los cambios científicamente y en realidad ni siquiera sentían la necesidad de hacerlo. Todo lo que sabían era que el clima había cambiado y que antes podían pagar la educación de sus hijas que iban a la escuela y ahora no. Y la única solución era que una o más hijas se casaran.

A veces fueron los padres quienes tomaron la decisión. Por el bien del resto de la familia, una hija tuvo que ser sacrificada. La sacarían de la escuela y le encontraría un marido, una boca menos que alimentar. A veces era ella la que tomaba la decisión y así forzaban a sus padres. Infeliz, hambrienta, esperaba que un marido pudiera ser la respuesta.

Fátima Mussa, de 16 años y embarazada de nueve meses vive en Nataka, en el distrito de Larde, cerca de la costa en el este de Mozambique

Carlina Nortino (imagen principal, primera a la izquierda) se sienta con su esposo, Horacio, en la arena seca que es todo lo que queda del río que una vez pasó junto al pueblo de Nataka en el distrito Larde de la provincia de Nampula, en la costa este de Mozambique. Desde la tierra nada recuerda al río. Pero un dron con cámara enviado para sobrevolar por encima revela el fantasma del río, una línea más oscura de crecimiento verde serpenteando a través de la llanura.

Carlina tiene 15 años, Horacio 16. Se casaron cuando ella tenía 13 años, dos años después de que el río desapareciese, dice ella.

“Recuerdo cuando veía gente aquí a pescar. Solían ​​vender el pescado, lo cogía de los pescadores e iba a venderlo al pueblo. Había agua por todos lados. Recuerdo haber visto a Horacio con los otros pescadores. Pero sin lluvia, la pesca murió”.

Su familia solía cosechar hasta 20 bolsas de 50 kg de yuca. Hoy llegan a una o dos bolsas. Ella culpa a la falta de lluvia.

Horacio mira hacia el lugar donde una vez corría el río. “No puedo pescar más porque los peces ya no tienen agua. El agua desapareció. Ahora trabajo en la agricultura. Antes la lluvia comenzaba en septiembre y llegaba regularmente hasta marzo. Ahora la lluvia solo llega en enero y febrero y eso es todo”.

Carlina había soñado con convertirse en partera: la escuela era la parte más importante de su vida. “Nunca fue mi deseo casarme a esta temprana edad. Yo quería ir a la escuela pero mi padre me obligó a casarme. La familia no tenía suficiente comida para sobrevivir. Entonces mi padre aceptó la propuesta porque no podía apoyarme para ir a la escuela”.

Dio a luz a su primer hijo, un niño, a principios de este año. Hubo problemas desde el principio. La familia no podía permitirse ir a un hospital con una incubadora y el niño murió. “Estoy segura de que si mi padre y mi esposo no fueran tan pobres mi hijo estaría vivo”, dice.

No fue su elección casarla, dice su padre, Carlitos Camilo. El hombre de 49 años mantenía a su familia con la pesca y la agricultura. Luego el clima cambió y no hubo más peces. “Si pudiera alimentar a mis hijos no la habría empujado a casarse tan joven. Mira a mis otras hijas, crecieron, fueron a la escuela, se casaron a una edad normal”.

En 2015 el Fondo para las poblaciones de las Naciones Unidas estimó que 13,5 millones de niños se casarían por debajo de los 18 años en ese año, 37.000 matrimonios de niñas al día, incluyendo 4,4 millones de casadas ​​antes de los 15 años. Unicef ​​advirtió en 2015 de que el número total de novias menores en todo el continente africano podría llegar a 310 millones para el año 2050 si las tendencias actuales continúan.

Hay muchas razones para que las niñas se casen jóvenes. En algunas sociedades se considera simplemente práctico; cuando las niñas llegan a la pubertad el comportamiento sexual comienza a acarrear el riesgo de embarazo. En otros lugares el motor es la pobreza, cuando los padres no pueden permitirse alimentar a varios niños tienden a ser las niñas las que tienen que irse.

Pero hay una creciente conciencia del problema y un deseo declarado de los gobiernos de abordarlo. Malaui ilegalizó el matrimonio por debajo de los 18 años en 2015 y lo escribió en su constitución este año. La tasa de matrimonio infantil debería estar disminuyendo. Sin embargo persiste. En realidad en Mozambique el número de novias infantiles está aumentando como resultado de la creciente población. Algo más ha entrado en la ecuación.