He estado buscando la relación que pudieran tener los propietarios de Campofrío con ‘intelectuales’ orgánicos como Pemán o Arias Salgado, y especialmente la de su presidente, el burgalés Pedro Ballvé, o incluso la que pudieran tener sus creativos publicitarios. Y no habiendo encontrado parentescos directos, debo concluir que la sorprendente semejanza de estilos y posicionamientos en sus contenidos y modelos de comunicación es puramente casual, o bien de tipo cultural/ideológico, pero en ningún caso debido a cuestiones de consanguinidad. Y parece mentira, pero lo puedo garantizar. Aunque ese empeño por homogeneizar singularidades para conferirles un imposible carácter de colectivo uniforme, de relación de unión atómico-sentimental, sí debe partir de alguna carencia emocional común entre sus ideólogos.

¿Por qué será que todo esto sigue sonando a excusa marquiniana para justificar la deformación cultural que aún hoy se procura profundizar? España y yo, o tú, o ella, son realidades que no se conjugan con el mismo verbo, excepto que seas imbécil, o un facha.

No, queridos amiguitos traumatizados y listillos varios que queréis bien cohesionado al rebaño: si a alguien le falta un hervor y ‘amodia’, mejor será que vaya urgentemente al psiquiatra, pero os lo metéis en vuestro saquito, y a los demás, seamos españoles o guatemaltecos, nos dejáis en paz.

Eso de los hechos diferenciales y las identidades colectivas, a día de hoy, es un cuento para gente con problemas de desarrollo intelectual y/o cognitivo, por más útil que sea para las religiones y las oligarquías que una buena parte de la población se lo crea. Pero ni los franceses son chovinistas, ni los alemanes puntuales, ni los vascos exagerados, ni los catalanes tacaños ni los andaluces vagos o graciosos.

Esas construcciones socioculturales de mierda, esos estereotipos; esos topicazos que consiguen éxitos de taquilla, son tan absurdos como nocivos. Y por supuesto, el vivir en el territorio demarcado por una frontera artificial, por un mismo marco administrativo temporal y dinámico, no suele condicionar más que el idioma y parte de lo que se pretenda inculcar por medio de su sistema educativo y propagandístico, pero no conforma ni la salud mental, ni el carácter, ni las particularidades de una personalidad. Y no, ‘amodiar’ no es propio de nadie sano.

El que amodia está estropeado, como lo está el criminal que mata a su pareja porque ‘era suya’, o el pobre desgraciado que sin saber que no es más que un tonto útil y de derechas en el fondo también cree como Calvo Sotelo que es mejor «Antes una España roja que una España rota», porque, entre otras cosas, de justificar esos desvaríos va este anuncio. Como si fuera lo mismo querer aprovechar un resquicio para librarse de la España de Rajoy, Rivera o Sánchez (que es la España mayoritaria), o simplemente buscar un cambio, una ruptura, una salida posible, y hacer causa común y sin necesidad de odiar a nadie, que lo de ‘amodiar’ (con mucho más odiar que amar) a los catalanes que pretenden intentarlo, aunque muchísimos de los que quieren una república catalana hayan nacido en esa misma ‘España’ en la que nacieron todos esos que ahora los ‘amodian’ sin saber en realidad por qué lo hacen, y con semejante intensidad patriotera.

No, la gente cabal aunque pueda odiar y amar, nunca odia y ama al mismo tiempo y por el mismo motivo, eso solo pasa si te patinan las neuronas, eres un facha (aunque no lo sepas), te han comido el coco, o haces el anuncio de Navidad de Campofrío que, por cierto, siempre da la misma ascopena.

1 Comentario

Deja un comentario