Yo no soy virgen

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Pues por aquí van los tiros, porque tonterías se llegan a decir muchas, y lo de escandalizarse e indignarse ahora, así como de repente, estará muy de moda, pero no deja de ser una estupidez que en lugar de esperanzar, encabrona más que otra cosa. Hasta los  fachas peperos y las peperas, y los y las ciudadanitas, o hasta una indeseable tan nociva como Oprah Winfrey se han sumado a la fiesta. Aunque afortunadamente siempre hay alguien decente, como Seal, que te recuerda lo que en realidad eres: “Cuando eres parte del problema durante décadas, pero de repente todo el mundo piensa que eres la solución”.

Y es que ya no queda nadie que no quiera salir en esa foto borrosa que mezcla el sano compromiso con el siempre necesario feminismo con otros factores como el sexismo y el capitalismo, o con las ambiciones y el costumbrismo, hasta crear una amalgama en la que se hace imposible diferenciar entre objetivos loables o espurios, y entre orígenes y consecuencias. De todas formas, ¿dónde os habíais metido todo este tiempo, o dónde guardabais las neuronas para no haber visto que, entre otras cosas, vivimos en una sociedad no solo profundamente machista sino también profundamente ignorante, clasista y materialista? Y lo que es más importante, si de verdad nos importa y queremos ponerle remedio al problema: ¿con esto otro qué hacemos? Porque, queridos y queridas, aunque no os va a interesar, es la base fundamental. Se llama educación. Se llama cultura.

Muy bien por Cristina Fallarás.

2 Comentarios

  1. Totalmente acertado lo que decís ambas. Y normal que después salgan también a la palestra mujeres inteligentes como Catherine Deneuve y diga ya está de mezclar churras con meninas. Normal que al final el discurso de un movimiento termine haciendo aguas e incluso a perder el significado de su concepto original cuando se convierte en un instrumento puro de corrección política, de aquí vale todo para quedar bien, mientras los hombres que apoyamos el feminismo, empezamos ya no sólo a perder privilegios, sino también derechos, a ser malmirados por ser simplemente lo que somos, hombres, con nuestras virtudes y defectos.

    Y sí, debe ser con educación y cultura la igualdad, y sin etiquetajes. Igualdad es igualdad, y se debe legislar para ella. No para hombres o para mujeres, sino para ambos.

    Y desde luego si hubiera menos virginismo no habría tanto cazurro que mire a la mujer como un objeto malsano por hacer lo que la naturaleza nos ha dado que es una bendición. Y tampoco habria tanto anormal que por su culpa, hace encender hogueras por otras cuantas cazurras que los utilizan como excusa para querer quemarnos a todos los demás. Como si todos fuéramos iguales.

    En fin…seduzcámonos los unos a los otros, aunque sea torpemente. Eso mejor que una guerra continuada por el y yo más, que es en lo que se ha convertido el feminismo actualmente.

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