Por si no sabes de qué va este rollo te lo resumo rápido. Un tipo que tiene un perfil en twitter, que está claramente posicionado en la extrema derecha ideológica, que hasta hoy era anónimo, que decía que no estaba a sueldo de nadie, y que debe tener pocas obligaciones porque acumula unas cuantas decenas de miles de ‘tuits’ propios con los que ha logrado otros tantos miles de seguidores, ha sido esta mañana desenmascarado por otro tuitero. Resulta que ¡oh, sorpresa!, había mentido, y no solo sí es afiliado del PP sino que además es alcalde de un diminuto municipio de Teruel.

Esto, que debe ser muy interesante por la cantidad de actividad que está acumulando en las redes y que a mí mismo me lo hubiera parecido hace no demasiado tiempo, hoy me resulta deprimente. Y comprendo que resulte apasionante, y que a algunos les sepa a gloria poder devolverle la pelota al tal Pastrana y restregarle en los morros todas las mentiras, las delaciones y la hipocresía cobarde que ha destilado hasta la fecha, y desde luego tampoco estoy infravalorando el valioso acierto del tuitero Esparroquí (enhorabuena, compañero), pero yo no necesitaba saber que este tipo es un alcalde del PP para indignarme, porque el propio Gobierno, con su presidente y sus ministros a la cabeza hacen cosas terribles todos los días, y mienten, y manipulan, y hacen del cinismo una institución, y se ríen del pueblo –incluyendo a los pobres idiotas que les han votado– y tienen en una uña del pie mucha mayor influencia de la que tendrá en su vida este pobre don nadie que solo es reflejo de toda esa fauna del odio, la banderita en la muñeca y el balcón y el adhesivo del toro en el coche; esa que no tiene remedio.

Los políticos de este país, en general, están acabando con todo aquello que se consiguió (o que se nos prestó para callarnos) allá por el final de los 70 y principios de los 80, incluyendo nuestro hasta no hace mucho magnífico sistema de sanidad pública, ese que era la verdadera ‘joya de la corona’ en un país en el que muy pocas cosas brillan en la casa del pobre, y el mismo que algún día entenderemos hasta qué punto era importante. Pero en lugar de salir a las calles a fuego, salimos a las redes a, con perdón, hacer el imbécil con gilipolleces intrascendentes, de esas que ocupan el día, o la semana, y que no repercuten en nada positivo, porque a los millones de papanatas y necios que sienten pasión por las patrias o votan a sus propios enemigos no vamos a convencerlos nunca desde posiciones ideológicas, porque aquí nadie convence a nadie y las etiquetas se perciben como una amenaza y nunca como un argumento.

En serio, ¿cuál es la gran noticia?, ¿que un usuario de las redes que aparenta principios fascistoides, miente sobre su propia identidad y filiación, destila odio y tergiversa y manipula resulta que es un alcalde del PP? Pues vale, vaya sorpresón, el mismo que si hubiera sido un alcalde de Ciudadanos (el día que tengan alguno). M. Rajoy es el presidente de ese partido, y con eso debería estar todo dicho.

Hablemos otra vez de política… de que ya no tenemos derechos sociales o laborales y de que nos quedan muy pocos derechos civiles; de que nos vamos a quedar sin pensiones; de que resulta impensable que los jóvenes que se quedan en este país puedan hacer planes de futuro mientras los ricos son cada día más ricos; de que solo a los pobres se nos machaca a impuestos y con los servicios básicos más caros de Europa para acabar regalando nuestro dinero a bancos, autopistas y grandes empresas; de que mantenemos a todo un universo de parásitos que están enfermando el Estado; de que tras tanto exigir democracia seguimos sin capacidad de decidir y de que no hemos dejado de ser simples súbditos, y de que un día, sin darnos cuenta, en este país ya solo podrá curarse el que se lo pueda permitir. Casi todo lo demás, aunque quizá me equivoque, me parece que solo sirve para, como a los niños cuando les dejan un móvil, mantenernos entretenidos y que no molestemos.

¿Pastrana? No, eso no es nuevo, llevamos 200 años de gente así: somos nosotros.

3 Comentarios

  1. Pregunta muy patriótica: ¿A qué espera Cospedal, Loli, para declarar la guerra a Venezuela?
    Les vendría muy bien al caso Gurtel, como cortina de humo.
    ¡Ay, con estos pimpollos!
    Se lo tiene uno que decir todo.
    Sea todo por la patria.

  2. Gracias, alguien asumira el sistema al que vamos? Aún tendremos ganas y fuerza como para movilizar la dignidad, o estamos tan sistematicamente adormecidos y carentes de “amor propio”, como para seguir en esta bajada a la esclavitud absoluta, mental y moralmente.

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