Europa alcanza el pleno empleo y España el pleno de banderitas

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El que no se consuela es porque no quiere, y aquí nos podemos consolar pensando que somos los campeones en sacar banderitas al balcón, aunque no haya nada que celebrar ni por lo que sentirnos mínimamente orgullosos. En realidad las cifras y datos sobre la realidad de España dan verdadero asco, e invitan más a desempolvar las guillotinas que las banderitas de las narices. Pero esto es lo que hay, e intelectualmente no parece que demos para mucho más. En el resto de Europa, que no son tan dados al exhibicionismo patriotero, se conforman con hacer las cosas medio bien y reducir las tasas de paro hasta llevarlas al  umbral de lo que se considera pleno empleo, a niveles de 2007 o 2008.

Eurostat. Datos de desempleo enero 2018

Hasta nuestro vecino Portugal, viniendo desde la cola y con su “terrible gobierno de coalición protobolchevique” (uuuhh, qué mieedo) se ha sumado al club de los países que presumen de tasas inferiores al 8%, que es algo que aquí solo hemos conocido durante un par de meses en los últimos cuarenta años, y casi porque con el pico de la burbuja se creaba trabajo por castigo, pero desde luego nada apunta a que lo volvamos a ver, y mucho menos con este gobierno de corruptos, ladrones y mercenarios de la oligarquía.

¿De verdad no nos da vergüenza mirar esta gráfica? ¿De verdad estamos tan alienados como para sentir orgullo de algo? ¿No nos avergüenza doblar la tasa de desempleo del resto de Europa y que solo un estado fallido y estrangulado como Grecia nos supere? Y ojo, porque los datos de recuperación de Grecia son mejores que los nuestros y de seguir así en poco tiempo hasta ellos estarán mejor que nosotros. ¿De verdad daba la cosa para tanta banderita falsamente sentimentaloide y auténticamente intestina mientras damos ascopena en casi todos los indicadores socioeconómicos importantes?

A ver si a base de leches espabilamos o de tanto golpe acabamos definitivamente tontos, porque parece mentira lo que ocurre en este puñetero país. Aunque visto lo visto… ¿por qué apostamos?

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