Ya no te creen, Mariano

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Mariano, róbame mucho

Antón Losada | El Diario | 18/03/2018

El presidente Rajoy se fue a Marbella, a un acto de partido, a repetir la línea argumental ya expuesta en el Congreso en el debate sobre pensiones: no se pueden subir más, ya me gustaría subirlas más y mientras sea presidente se subirán todo lo que se pueda. Por fortuna esta vez nos ahorró la ensalada de datos, medias verdades y medias mentiras que adornaron su discurso parlamentario y que la oposición no fue capaz de desmontar porque a estos debates hay que ir con el tema sabido y las cifras en la cabeza, no con los comentarios recogidos en la última tertulia.

Miles y miles de pensionistas le han dejado claro en la calle que ya no le creen. Vas a tener que meterte en esto, Mariano. Ya no les asustan los tenebrosos powerpoints llenos de tablas y gráficos que nadie sabe de dónde han salido o quién los firma, pero que siempre anuncian el Armagedón de las pensiones para dentro de un par de décadas. Parece que prefieren creer a J.M Keynes: “en el largo plazo, todos muertos”.

Ya no les asustan las terroríficas previsiones demográficas que pronostican que cada trabajador tendrá que pagar a tres, cuatro o incuso cinco pensionistas y que, para cumplirse, necesitan que la población española se reduzca, la natalidad siga cayendo, no vengan migrantes a buscar su oportunidad y nuestros jóvenes se sigan marchando para no volver. Muchos incluso empiezan a formular en voz alta la pregunta que nadie parece atreverse a plantear: ¿Acaso es justo que los padres y abuelos que ya pagaron la educación la sanidad y las oportunidades de sus hijos paguen ahora también su decisión, voluntaria o no, de tener menos hijos?

Tampoco se creen que no se puedan subir y que no haya dinero. El Estado español gasta al año más de 300.000 millones, la tercera parte se destina a pensiones, un porcentaje muy por debajo de cuánto invierten nuestros socios de referencia en la UE, cuyo gasto público se sitúa cinco puntos por encima del nuestro. Además ahora saben que con el dinero de sus contribuciones se ha pagado de todo: desde las necesidades de financiación del Estado a la mayoría de las prestaciones no contributivas. La cuarta parte del presupuesto de la Seguridad Social se dedica a prestaciones no financiadas por contribuciones. El déficit lo causa el reparto que el Estado hace de obligaciones que debería asumir vía impuestos pero endosa a las contribuciones de la Seguridad Social, no la insostenibilidad del sistema de reparto.

No hay macroeconomía en el mundo que pueda explicar la imposibilidad de dedicar un par de miles de millones para actualizar las pensiones subiéndolas catorce euros al mes de media. No después de haber visto durante la crisis cómo miles de millones si se podían gastar en rescatar bancos, autopistas o entidades sanitarias privadas, aumentar el gasto en defensa y anunciar rebajas de impuestos milmillonarias.

Tampoco se tragan ese mantra de que el problema es que no se crea suficiente empleo. El propio Rajoy nos confirmó ufano que ahora se crean seis empleos por cada nuevo pensionista. El dato resulta incontestable: el problema no está en el empleo sino el reparto de los beneficios. El problema no es el empleo sino un modelo de recuperación que reduce el peso de la renta salarial en el PIB mientras disparar el peso de las rentas de capital.

Tampoco se callan cuando se les recuerda su supuesta condición de privilegiados o lo insostenibles que serán unas nuevas pensiones que no dejan de crecer. Más de la mitad de los pensionistas cobran por debajo del salario mínimo y apenas un 10% supera los 2000 euros al mes. El problema de nuestro actual sistema es precisamente el contrario: que quienes más deberían contribuir, por su renta y riqueza durante sus años de actividad, están fuera de un sistema al que no quieren contribuir, cuánto más se recorte, mejor, menos impuestos. Porque ésa es la cuestión fundamental, antes que la demografía o el volumen de las contribuciones, la equidad y la capacidad redistributiva que deben sustentar un sistema público de pensiones. No se trata de que no se pueda o no haya dinero, se trata de que en un país cuyo esfuerzo fiscal se sitúa cinco puntos por debajo de la media UE15 quienes deberían y podrían pagar, ni deben ni quieren pagar.

4 Comentarios

  1. A ver si nos vamos enterando de para quién trabajan DE VERDAD los políticos de la derecha española, incluyendo por supuesto al PSOE. Trabajan para el capital y los bancos, a los que han rescatado de su propia codicia y temeridad con 60 mil millones de euros de nuestros bolsillos, que el mismísimo ministro de economía ha admitido, sin ningún rubor, que los bancos no van a devolver. Pruebe usted a dejar de pagar una multa, un impuesto, un préstamo o una hipoteca y verá lo que le pasa. Pero no a los bancos, que tienen barra libre porque son quienes mandan sobre los políticos y no al revés.

    • EFECTIVAMENTE: Los políticos son los títeres-esbirros de la banca.
      Y mientras no se vea ésto con claridad, no entenderemos nada de lo que pasa.
      Por ejemplo: Que la banca socialice las perdidas y privatice las ganancias, como ha ocurrido.
      En fin…
      Predicar en el desierto hispanistaní.

  2. Ya no lo creerán, pero son/han sido votantes del PP.

    Manifestación: Pancartas con… “Ya no votaré más al PP” (cosa que yo no me termino de creer).
    Demostración más clara de que son votantes peperos es imposible.

    ¿Queríais Pp?

    ¡¡Tomad PP!!

    PD: Una vez más: Lo jodido, como dice Grillo, es que estos imbéciles, apedreando su tejado, han jodido también el mío. Y eso no lo olvido tan fácilmente.

    ¡A la mierda!

  3. A Rajoy no hay quien le crea desde que llegó a la Moncloa con las tijeras y han tenido que echarse los pensionistas a la calle para que vea que no le temen a nada, manda huevos! Sólo las empresas del Ibex le creen porque son los que engordaron sus beneficios en tiempo de crisis, pero ni por esas parecen dispuestos a ayudar en el reparto de la riqueza ni el bipartidismo tiene intención, a mi juicio, de presionarles mientras que tengan las puertas giratorias aseguradas.

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