Iván Reguera | Cuartopoder | 

El estreno de Coco se vio oscurecido por la noticia de otro supuesto acoso sexual en Hollywood y que implicaba al gran jefe de Pixar, John Lasseter. El director creativo de la compañía y director de maravillas animadas como Toy Story y su secuela o Bichos, anunció (en una carta a sus empleados publicada por The Hollywood Reporter) que se tomaba medio año de excedencia por “errores” cometidos en el pasado y que no especificaba. Quizás ser demasiado “cariñoso” con algunas de sus empleadas, a saber.

La carta de Lasseter, el simpático señor de las camisas hawaianas, decía lo siguiente: “Se me ha hecho saber que a algunos os he hecho sentir incómodos o que os faltaba al respeto. Nunca fue esa mi intención. Como colectivo, lo sois todo para mí, y os pido perdón profundamente si os he decepcionado. Quiero disculparme especialmente con cualquiera que le haya tocado un abrazo no deseado o cualquier otro gesto que sintieran que traspasaba la línea en cualquier forma. Da igual la bondad de mis intenciones, todo el mundo tiene derecho a poner sus propios límites y a que estos, sean respetados”.

«Cinco semanas después de su estreno, Coco es la película más vista en la historia de México»

Pero este marronazo para Disney y Pixar va a afectar poco a las compañías. El estreno mundial de Coco, boicoteado por parte de la industria de cine mexicana, celosa del poderío norteamericano, fue en el Festival Internacional de Cine de Morelia, México. Al acabar la proyección, decenas de asistentes salieron llorando ante semejante homenaje a México y la preciosa historia del niño al que no le dejaban ser mariachi. Cinco semanas después de su estreno, Coco es la película más vista en la historia de México.

El trabajo de recreación de la cultura mexicana es impresionante y de un respeto absoluto, impecable. El equipo de Adrián Molina y Lee Unkrich (co-director de maravillas como Buscando a NemoMonstruos S.A. o Toy Story 3), y lejos de la falta de respeto habitual de Hollywood por otras culturas, ha demostrado una gran estima por el país y una absoluta profesionalidad con una película puntillosa, creativa, cuidando cada detalle. No en vano, estamos hablando de más de seis años de trabajo, entre ellos para documentarse en la zona lacustre de Michoacán, famosa por las tan coloristas celebraciones del Día de Muertos.

La historia está inspirada en esta tradición mexicana y su protagonista es Miguel, un crío que no quiere continuar la tradición zapatera de su familia y desea cantar con su guitarra como su ídolo, Ernesto de la Cruz, una mezcla entre Pedro Infante y Jorge Negrete. Al intentar coger prestada la guitarra de su idolatrado De la Cruz, en pleno Día de Muertos, Miguel es transportado al mundo de los fallecidos, donde conocerá a un vagabundo muy jeta llamado Héctor.

Pixar (ya era hora) y Disney dan en la diana al recuperar el mundo musical de las películas de la compañía del famoso ratón. Aquí Miguel se muere por cantar y tocar su guitarra y lo consigue, claro, con canciones estupendas como Un poco loco. Cuando le toca el turno a Recuérdame preparen los pañuelos de papel, porque lo van a pasar mal.

No se puede, por supuesto, evitar el componente político de esta maravilla. La película es necesaria en la era del asqueroso racista que gobierna los Estados Unidos, ese señor naranja con el pelo amarillo. Coco no se mete en berenjenales políticos, pero es un homenaje a todo un pueblo, a una nación cuestionada e insultada por ese pájaro que quiere construir un muro que separe dos países vecinos.

Pero Coco va todavía más allá. La película plasma, sin tapujos, la muerte ante los niños. Su protagonista es testigo de lo que le sucede a la gente que muere (hasta asesinada) y descubre que si no es recordada desaparece para siempre. Es muy valiente hablar de morir a los niños y hacerlo de forma tan vital, humana y divertida. Solo Pixar es capaz de hacer eso y Coco es otra de sus grandes películas, muchas hasta filosóficas. En esta ocasión estamos ante un fabuloso guión en el que se nos habla de la importancia de la familia, del recuerdo de los que se fueron, de cumplir tus sueños, de la pasión incontrolable, del talento heredado, de la raza, la sangre, el sentido de comunidad. ¡Casi nada!

«Esta joya del cine llamada Coco es una de las mejores películas animadas que he visto, y he visto muchas»

Todo eso y más cabe en esta joya del cine llamada Coco, una de las mejores películas animadas que he visto, y he visto muchas. El pequeño Coco es un personaje inolvidable, como lo es su madre, su abuela, su amigo mendigo y esa arrugada anciana con la que acabas llorando como un desgraciado. Porque menudo final tiene Coco, madre mía…

No voy a acabar con eso de “si tienen críos, vayan a verla”. Tiene que verla todo el que le guste el cine. Sin más. ¡Ah! y en una pantalla de cine o se van a perder un gran espectáculo. Ustedes sabrán.

Lo mejor: que la película se haya estrenado en España doblada por mexicanos (entre ellos Gael García Bernal), la primera vez que vemos cantar a Coco y el precioso final.

Lo peor: el inevitable y dulzón subrayado de la importancia de la familia marca de la casa.


El plan B:

Perfectos desconocidos es el remake de una comedia italiana de Paolo Genovese y estrenada el año pasado. La película se ha hecho a toda prisa (por Telecinco) y se nota bastante. La idea es ingeniosa y perfecta para una comedia comercial, pero el mayor problema de este nuevo y precipitado Álex de la Iglesia es que su dirección de actores es muy pobre y su reparto está descompensado. Ernesto Alterio está inconmensurable y Eduard Fernández estupendo como siempre, pero el resto del reparto es terrible. Belén Rueda y Juana Acosta están muy sobreactuadas, Pepón Nieto y Dafne Fernández son la nada y también sale Eduardo Noriega, un señor que lleva 20 años diciendo que es actor.

Y qué final más espantoso y chapucero… señor De la Iglesia, lo suyo con los finales es de psiquiatra.

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