Jose A. Pérez Ledo | El Diario | 02/01/2018

Los hechos ocurrieron el pasado día 28 de diciembre, cuando J.P., natural de Madrid, apareció muerto en plena calle con signos de violencia. Aunque la investigación permanece abierta, diversas fuentes aseguran que J.P. probablemente merecía que le pasase algo así. Varios vecinos confirman que no eran raros los miércoles que salía a tomar “una caña” y volvía más allá de las once de la noche. “Lo hacía incluso con lluvia”, asegura un vecino que no duda en señalar esta conducta como la causante de su muerte.

Por si esto no fuese suficiente, J.P. salía con mujeres. A pesar de tener 35 años, no se le conoció pareja estable y muchos de sus conocidos aseguran que ni siquiera tenía un criterio estético definido. “Lo mismo le daban las rubias que las morenas”, confiesa a eldiario.es un compañero de trabajo. Y añade: “Era cuestión de tiempo que acabase así”.

Poco antes de su muerte, J.P. fue visto en un bar tomando un gin-tonic. “Los hombres que beben solos buscan subconscientemente ser víctimas de una agresión”, nos dice el catedrático de Psicología Enrique Delgado. “Un varón atractivo sabe a lo que se expone cuando cae en determinadas actitudes provocativas”.

El día de autos J.P. vestía una camiseta ceñida y un pantalón vaquero slim fit que, según testigos presenciales, “se le pegaba muchísimo al culo”. J.P. llevaba tiempo apuntado a un gimnasio donde practicaba una rutina de musculación a pesar de ser un simple administrativo. “Lo que debemos preguntarnos”, señala el profesor Delgado, “es por qué un hombre que trabaja en una oficina tiene esos bíceps. ¿Qué busca? ¿Qué mensaje pretende lanzar al mundo?”

También el entorno de J.P. era problemático. Hijo de padres divorciados, pasó buena parte de su infancia sin un hobby definido, actitud que lo mismo le llevó a bailes de salón que a clubs de rol. Este comportamiento errático acabó por rodearle de un ambiente excesivamente heterogéneo para una persona normal. Así lo recuerda un compañero del colegio: “Era mono y miraba muy fijamente a los ojos. Todos sabíamos que acabaría muerto en alguna esquina”. Un terrible presagio ahora hecho realidad.

4 Comentarios

  1. Muy bien, coño.
    Directo al infierno, cómo debe de ser.
    Ni purgatorios ni hostias.
    Y encima bebiendo gin-tonics… ¡¿haberse visto mayor descaro?!

    • Esto no es Rokambol, y tampoco será verdad

      Supongo, que el autor del artículo, intenta hacer reflexionar a los medios de comunicación, y a sus lector@s/ telespectador@s sobre el tratamiento que dan a los sucesos macabros de violencia sexual cuando la víctima es una mujer, POR EL MERO HECHO DE SER MUJER, a quienes pretenden culpabilizar de su sufrimiento. Léase, sin ir más lejos, el caso de la mujer violada por “La Manada” o la asesinada Diana Quer.

      Es repugnante, que, ante sucesos tan macabros, los pesudoperiodistas=carroñeros, llenar sus “programas -basura” para “diseccionar” la vida íntima de las víctimas, y sus familias, sin el menor respeto por tod@s ell@s, echando por su boca toda la miseria humana que llevan dentro.

      Lástima que no les suceda a tant@s carroñeras morbos@s, a ver si dejan de alimentarse de carroña, y respetan mínimamente la dignidad y el sufrimiento de las víctimas, que ya tienen bastante por el mero hecho de serlo

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