Javier Pérez de Albéniz | Cuarto Poder | 04/01/2018

Los tertulianos televisivos de sucesos se vitoreaban estos días unos a otros con gran entusiasmo: la detención del presunto asesino de Diana Quer les hacía entrar en el 2018 por la puerta grande. Uno dio la exclusiva de la noticia, otro de la detención, el tercero recogía declaraciones de la mujer del supuesto agresor, un cuarto ofrecía detalles desconocidos de un presumible abuso sexual, el quinto… “¡Felicidades Fulano, por tu excelente trabajo”, le decía el tercero al primero. “Mientras algunos estaban lavando los gambones para noche vieja, mengano fue el primero en dar la primicia. Periodismo 24 horas siete días a la semana”, escribía en Twitter el cuarto al segundo con una redacción claramente mejorable. No había periodista necrológico que no aportase su granito de arena, más bien su gotita de sangre, en una información condenada a ocupar las portadas de los grandes medios durante días.

Ha sido así desde que la televisión es telebasura. No olvidemos que el término posiblemente nació los últimos días de enero de 1993, cuando Nieves Herrero retransmitió en directo desde Alcásser la noticia del descubrimiento de los cuerpos de las niñas Miriam GarcíaDesirée Hernández y Antonia Gómez dos meses después de su desaparición. El programa se llamaba “De tú a tú”, contó con la presencia de familiares de las víctimas y ofreció momentos de una miseria moral difícil de olvidar: “Abrace a su hija, abrace a su hija”, pedía Herrero a la madre de una de las niñas agarrada de manera dramática a la fotografía de su pequeña.

Con el tiempo, Herrero reconoció su error y dijo que ojalá nos sirviera a todos para aprender qué no se debía hacer en televisión. Un deseo absurdo. El morbo es uno de los motores de la audiencia, y ninguna cadena está dispuesta a perder una buena ocasión, un buen crimen con agresión sexual, por poner un ejemplo, para ganar unos puntos de share. Es decir, dinero.

El caso Diana Quer no ha sido una excepción. Los necrófagos, disfrazados de periodistas, han hablado de cómo la víctima “superó la anorexia”, de “las fiestas con hombres” de la madre de la chica, e incluso han entrevistado a amigas de la joven: “estaba de fiesta y se lió con un chico que no conocía”. Testimonios lamentables, hay muchos más, que resumen el estado del periodismo televisivo. Un auténtico asco. La resurrección, siguiendo el rastro del dolor y la muerte, de una sangrienta telebasura que nunca se ha ido.

3 Comentarios

  1. He elegido este titular al boleo, al no encontrar el adecuado para plasmar mi comentario, pero hoy estoy muy afectada por el niño Gabriel, y si los medios nos ofrecen la noticia continuamente, no se pueden evitar especulaciones, aunque sí las que obstaculicen las investigaciones policiales, lo que compartí en el caso de Diana Quer, y al igual que en éste seré cauta.

    Tan sólo quiero (porque no me puedo contener) lanzar mi reproche al Ejército, cuyos militares debieran haberse personado en Las Hortichuelas en el minuto 1 de la denuncia de la desaparición del pequeño Gabriel, ya que son profesionales en rastreos. Ya están tardando en desplazarse y serán los que encuentren al niño, y espero que en breve. ¡No se puede tolerar tanta demora e inutilidad cuando se les necesita!.

  2. Dejando claro que no soy vidente ni me dedico a nada por el estilo, sino que aprovechando lo que yo denomino “concentración mental” (y me surge esporádica e improvisadamente) hoy me he levantado pensando en el niño Gabriel y rápidamente sinteticé, a mis efectos, en un papel las imágenes, con el fin de que no se me olvidasen en el transcurso del día, como así ha sucedido.

    ¿Cómo plasmar la ubicación sin conocer la zona ni alarmar a la familia? Y, sobre todo, sin despistar en las investigaciones, sino ampliarlas de modo adicional, es mi propósito. (Y, por supuesto, sin parecer que estoy ‘majara’).

    1°.- El niño, no está en el agua, está alejado de la casa de su abuela. Y tampoco en rocas…grutas… Está en el campo (ya sé, que siendo todo campo, no resulta nada novedoso, pero no conozco la zona, ya digo). No obstante, presentí que está alejado, en zona desértica, sin casas.

    2°.- Hay tres personas implicadas cuyos rostros son difusos, pero una de ellas es una mujer y dos hombres. Un número, el 20 (cuando me viene alguna ‘concentración’, suele ir acompañada de una cifra) Punto. No hay más.

    Dicho lo anterior y ahora, ya sí, sin concentración que valga, sino como ‘opinión’, pudiendo equivocarme, tengo una curiosidad:

    ¿Tiene la abuela relación con alguna asistente social o similar?.

    El número 20, desconozco si pueden ser ¿kilómetros…un horario…?.

    Siento no poder colaborar más, pero, si sirve de algo…

  3. Hoy, tras hacerse público ayer el terrible desenlace del angelical Gabriel, quiero enviar a su familia mis condolencias (las que, para no alarmar, preferí omitir el pasado día 7) condolencias, como digo, especialmente a su mamá, pues será la que sentirá, pasados estos días, el gran vacío que la deja su pequeño. Le doy ánimos, porque los va a necesitar.

    Como era de esperar, el brutal asesinato es el tema del día en la opinión pública, pues si cualquier crimen a inocentes resulta impactante, cuando se trata de niños, es incalificable. Y lejos de andar fomentando yo las especulaciones sobre lo que dicen unos u otros, sí digo aquí, que no me retracto en absoluto de lo que plasmé en mi comentario anterior. Tan sólo aclarar ahora, que cuando pregunté si la abuela guardaba relación con alguna asistente o similar, fue porque “mentalmente” supe que la implicada era cuidadora…servía… (sí, es Ana, dominante y acaparadora).

    Independientemente y ahora ya, como opinión, al hablarse tanto de la camiseta del niño, hay otra camiseta que me tiene intrigada y es que, metiéndome ayer en las noticias, vi en twitter un vídeo que me pareció, cuando menos, improcedente. El padre, con una camiseta color malva y una calavera estampada sobre la que ponía ‘Mystery’. La implicada se acercó y ante los periodistas le tocó el pecho infundiéndole ánimos. A ver, no es que sea un detalle por el que los investigadores le pregunten expresamente, pero me llamó la atención que en las angustiosas circunstancias que atravesaban buscando al niño, se pusiera esa camiseta. ¿Se la regaló ella?. De no ser así, le daría por ponérsela, claro. No es esta la única duda que me surge, pero ya sería meterme a opinar sobre lo que cuentan los periodistas y tertulianos, y en desapariciones, no quiero especular, ya digo. Tan sólo desear que encuentren a los cómplices y sufran los canallas como el niño.

    Todos estamos conmocionados (y yo no hago más que llorar cuando veo el caso en la tele).

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