Manuel Ruiz | El Salto | 24/01/2018

Soy un joven que ha nacido y se ha criado en un pueblo de lo que se ha dado en llamar la Serranía Celtibérica, o la ‘Laponia del Sur’. Aunque mi pueblo es relativamente grande y hace las veces de cabecera de comarca, se encuentra situado en el nordeste segoviano, donde los rigores de la economía actual han creado una situación crónica de falta de empleo y emigración a la ciudad.

Este pueblo resiste gracias en parte a que cuenta con servicios: varias sucursales bancarias, farmacia, colegio, guardería e instituto, pequeños comercios y un polígono industrial. La ganadería en esta zona también es importante, pero son pocas las familias que viven de ella, y el turismo rural ofrece un complemento a algunas de ellas.

Mi labor como técnico de turismo me ha llevado a estar en contacto con el mundo de la prensa, que nos sirve para promocionar nuestras localidades y patrimonio, con la esperanza siempre puesta en atraer visitantes, turismo y consumo a nuestros bares y alojamientos.

Pronto quedó claro que le interesa poco el patrimonio del pueblo o su historia y que quiere centrar el reportaje en la rutina invernal

Lo sabemos bien, porque tras una pequeña aparición en un reportaje de una cadena de televisión privada nacional sobre un bosque que existe en esta localidad, la afluencia de gente fue considerable. Durante un mes, los turistas se acercaban preguntando por el bosque y por el restaurante que aparecieron en televisión, y el breve reportaje llenó de ilusión y orgullo a los habitantes de este pueblo serrano. Pero lo que rápido viene, rápido se va y, tras la resaca navideña, todo volvió a la normalidad.

TVE AL TELÉFONO

Así que, cuando suena el teléfono y al otro lado de la línea una redactora del programa de TVE España Directo me propone hacer un reportaje sobre el pueblo, no lo dudamos un momento: toca recibirles y mostrarles las maravillas que esta zona esconde. Todo sea por unos minutos de promoción y por la posible repercusión sobre la economía local que ello pueda tener.

La redactora me pregunta qué cosas se pueden mostrar, ante lo que le relato el patrimonio histórico, natural y cultural que tenemos. Al otro lado del teléfono escucho pacientemente cómo ella anota. “Mira, perdona, lo que estamos pensando es… ¿allí hay nieve? Bueno, pues podemos sacar a alguien cortando leña, dar un pequeño paseo por la nieve, sacar alguna receta típica… Mmm, no, no, en restaurante no, buscamos casas particulares. Alguna señora mayor que se preste…”.

Tras una breve conversación, quedamos en que me volverán a llamar para cerrar el día de grabación y yo me comprometo a buscar lugares y personas que quieran aparecer en cámara.

El reportero se ha empeñado en grabar a alguien cortando leña, e insiste varias veces en que sea con el hacha

Contacto con el equipo municipal, hablamos con personas del pueblo y pronto reunimos a varios vecinos dispuestos a aparecer en cámara, personas que cumplen los requisitos que nos solicitan: alguien que corte leña, un ganadero alimentando a las vacas, un artesano y otra persona encargada de cocinar un plato típico. En seguida aparecen los nervios e impaciencia propias de cualquier mortal que vaya a salir en televisión por primera vez.

Espero pacientemente a que me devuelvan la llamada pero, tras tres días sin noticias, soy yo quien les llama. “Hola, sí, sí, disculpa, se me había pasado totalmente… Te llamo en un rato y confirmamos día de grabación”. Unas horas después me llama para decirme que vendrán dos días después a grabar y que, a partir de ese momento, estaré en contacto directo con el reportero.

Al rato suena el teléfono y al descolgar, una voz con acento andaluz y tono serio y distante comienza a relatarme cómo quieren grabar. Pronto me queda claro que le interesa poco el patrimonio del pueblo o su historia y que quiere centrar el reportaje en la rutina invernal de la localidad. Le paso los contactos de los vecinos que participarán en la grabación, a los que se encarga de llamar uno por uno.

EL RODAJE

Llega el día de rodaje. Quedamos en la plaza y aparece el equipo en un pequeño utilitario de una empresa de alquiler. Se trata de dos personas. El reportero, un chico andaluz con flequillo voladizo, cara de niño guapo y largas pestañas, se muestra serio y distante desde el primero momento. No así su compañero, el cámara, mucho mas cercano.

Nos saludamos y deciden ir a un sitio alto a grabar una toma general del pueblo. Subimos con su utilitario por un camino desde donde grabar la toma que busca, pero el reportero, impaciente y poco ágil al volante, acaba metiendo el coche en un agujero, con lo que queda atascado.

Llamo a los alguaciles, que en unos 15 minutos aparecen con el pickup del Ayuntamiento y todo lo necesario para desatascar el coche. Mientras unos preparan la soga y el resto empujamos el coche, el reportero observa la escena embutido en sus Levi’s y sus deportivas de marca con las manos en los bolsillos y cara de póker. No agradece la ayuda en ningún momento.

El ebanista comenta: “Yo no sé qué visión quieren dar, qué cojones esperan de mí, ¿que me ponga a tallar un palo a navaja a la luz de las velas?”

Tras desatascar el coche, proseguimos con el vehículo del Ayuntamiento, mejor adaptado a los caminos, hasta la próxima localización; la granja de una mujer ganadera, para grabar cómo alimenta a sus animales. Allí nos espera ella, acompañada de sus padres, nerviosos e ilusionados, pero tras los saludos de rigor comienza una pequeña discusión: el reportero de España Directo está empeñado en repartir el forraje desde el tractor, pero la ganadera afirma que no se puede por espacio y las condiciones del camino. Parece no convencerle en absoluto el hecho de utilizar un todoterreno para alimentar a las vacas, aunque finalmente accede.

Ya en la dehesa, insiste en colocar el coche orientado hacia la sierra, mostrando la mayor cantidad de nieve posible. Su actitud cambia radicalmente cuando se enciende la cámara. Una sonrisa y un tono de voz hipervitaminado brotan de su garganta y, junto a la ganadera, comienza a repartir el forraje desde la parte trasera del pickup. Las vacas se acercan y rodean el coche, dando buena cuenta del forraje.

NO DA EL PERFIL

Mientras ellos graban, recibo una llamada del artesano al que contacté y que, supuestamente, iba a aparecer en el reportaje. Me cuenta que, tras hablar por teléfono con el reportero, a este no le gustó la idea de que contase con maquinaria en su taller a pesar de que elabore muebles de calidad, especializados en la madera de sabina de la zona, y los labre en gran medida mediante métodos artesanales. El ebanista me comenta: “Yo no sé qué visión quieren dar, qué cojones esperan de mí, ¿que me ponga a tallar un palo a navaja a la luz de las velas, como hacían los pastores de antiguamente? Dicen que, si hay maquinaria en el taller, no soy el perfil que buscan”.

Terminan de rodar, y la siguiente localización se trata del área recreativa del pueblo, donde las grandes sabinas se han tronchado bajo el peso de la nieve que ha caído en las últimas semanas. Nos acompaña un señor mayor, a punto de jubilarse, de carácter jovial pero algo tímido ante la cámara.

El reportero se ha empeñado en grabar a alguien cortando leña, e insiste varias veces en que sea con el hacha. También le preocupa que aparezcan vallas, farolas, o cualquier elemento que pueda dar a entender que no nos encontramos en medio del monte. El señor mayor, masculla: “Con la motosierra es mucho más fácil”, pero tras la insistencia acaban rodando la escena mientras él corta con el hacha.

‘España Directo’ no ha venido a grabar lo que hay, lo que existe, y con ello elaborar un reportaje. Ha creado un reportaje a demanda, ha elaborado una realidad falsa

La cámara impone, y los nervios hacen que ante las preguntas del reportero, dude y pierda el hilo de la conversación. Aquí es cuando el reportero saca el genio y con tono duro espeta: “Joder, vamos hombre, que la cámara no muerde, continúa hablando”. Ruedan la escena varias veces, y en ella se repite la tónica. Ante la cámara, el reportero es cercano, amable, y hasta divertido. Cuando no se rueda, brilla por su antipatía y distanciamiento. Consulta el móvil con frecuencia. Termina por dictarle las respuestas al señor con un tono firme, y repiten la misma toma varias veces. La escena final consiste en un plano del reportero cargado de leña junto al señor mayor, cual amable ayudante.

Desde aquí, nos acercamos a la última localización. Ha costado encontrarla, ante la insistencia en la necesidad de cocinar al lado del fuego, en una chimenea. Tras hablar con varios vecinos, conseguimos grabar en la chimenea de un restaurante que habitualmente solo se utiliza para calentar, no para cocinar. El reportero, al ver la chimenea, se sienta y descalza para calentar sus pies, fríos por la nieve y mal protegidos por sus deportivas de marca, y manda al cámara al coche a por unos calcetines secos.

Vuelve a repetirse la tónica. Distante, antipático y exigente fuera de cámara, dicharachero y gracioso en el momento que esta se enciende. Una señora mayor ha cocinado migas de pastor, que trae ya preparadas, y que ya solo se suelen preparar para la fiesta del pueblo. Ante la cámara simulan prepararlas al amor de la lumbre, aunque están cocinadas en la vitrocerámica. Nadie paga por los ingredientes, que la mujer cede amablemente. Al final de la grabación, se les invita a comer las migas, que por la hora que ya es apetecen. El cámara las disfruta, pero el reportero escamotea el chorizo y los torreznos, despreciando el resto del plato. Se despiden, ante la promesa de llamarnos para confirmar el día de la emisión.

VISIÓN SESGADA

Este pueblo se enfrenta a retos y carencias, pero consta con una realidad variada. Hay gente joven, oficinas bancarias, un centro de interpretación y su instituto ha recibido varios premios a la innovación educativa. Esta misma tarde, a escasos doscientos metros del lugar donde han grabado cómo se cocinan las migas en el fuego, hay una charla coloquio sobre internet y nuevas tecnologías en el medio rural. Entre los ponentes hay miembros de empresas tecnológicas, y se debate sobre teletrabajo, nuevos pobladores y dinamización rural.

Pero la visión de España Directo ha obviado todo eso. La imagen que se va a mostrar es la de un pueblo anclado en la ganadería, las cocinas de lumbre y los rigores del invierno. España Directo no ha venido a grabar lo que hay, lo que existe, y con ello elaborar un reportaje. Ha creado un reportaje a demanda, ha elaborado una realidad falsa. Ha convertido a los vecinos en figurantes, y nos ha hecho sentir utilizados.

Nos duele pensar que Televisión Española, nuestra televisión pública, dé una visión irreal y adulterada del medio rural, anclada en el pasado y cargada de prejuicios

Termino el día charlando de forma distendida con la ganadera, el señor mayor y parte del equipo municipal, y entre todos surge la misma reflexión; ¿por qué se empeñan en dar una visión irreal del medio rural? Las mujeres ganaderas utilizan todoterrenos, las cocinas de lumbre son anecdóticas (todos tenemos vitrocerámica), los artesanos utilizan maquinaria y cortar árboles a hacha es cosa de otros tiempos.

Queremos pensar que el reportero tenía un mal día. Queremos pensar que les imponen los contenidos desde arriba. Queremos pensar que les presionan con objetivos. Que están hartos de visitar pueblos y grabar reportajes como churros. Pero nos duele pensar que Televisión Española, nuestra televisión pública, dé una visión irreal y adulterada del medio rural, anclada en el pasado y cargada de prejuicios. Que construya reportajes a demanda, que elabore argumentos. Que utilice a los habitantes de los pueblos como meros figurantes de una serie basada en los años 50 del siglo pasado.

Y todo ello a pesar de que en la web de RTVE se define a España Directo como “un programa de información de servicio público, actualidad y entretenimiento, con vinculación y compromiso con la actualidad”.

Mi imaginación vuela. Y en ella es un grupo de reporteros de pueblo que se desplazan a una gran ciudad a grabar un reportaje. Solicitan a los viandantes grabar escenas típicamente urbanas; cruzar un semáforo, montar en el metro con cara de agobio, quejarse de la contaminación, esquivar a un mendigo tumbado en la acera. Y se fascinan mientras graban a un millennialintroduciendo una pizza congelada en el microondas.

Suena estúpido, pero no sería mucho más ridículo que el teatro en el que hemos tenido que participar, y en el que tarde tras tarde acaban cayendo los vecinos de los pequeños pueblos repartidos por toda la geografía española, que nos muestra una España que no existe, una España Indirecta.

2 Comentarios

  1. http://kaosenlared.net/y-si-contratan-a-torrente-la-guardia-civil-busca-a-puigdemont-en-un-aerodromo-donde-solo-se-hacen-saltos-en-paracaidas/

    Excelentísimo Señor Ministro del Interior. Me permito aconsejarle, desde mi humilde, pero patriótica opinión, que –además de a Torrente– también debería contratar los servicios de Mortadelo y Filemón, y a su agencia de informacín la Tia, para una mayor efectividad del control y sellado de fronteras, que impida la presencia del traidor e independentista de Puigdemont.

    Espero, y deseo, que mi pobre opinión le sea de ayuda, para una recuperación de la normalidad democrática de nuestra gran nación y faro-guía del continente europa, y del mundo-mundial.

    ¡Por Dios y por España!
    ¡¡VIVA FRANCO!!

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