Patxi Ibarrondo | El Antídoto | 13/02/2018

Una multitud de personas, gentes del trabajo toda su vida, se han manifestado estos días en Bilbao, exigiendo por derecho y apoyados en su extenuación económica, unas pensiones dignas. Nada más y nada menos. En la España ultraliberal de hoy. Lo que no saben los abuelos es que la suya equivale a una reivindicación casi revolucionaria.

España es una ruina y una mina de corrupción. Acelerar su deterioro es cosa grave. Podrían ser tildados los manifestantes de ser unos “antisistema” y a continuación sentarse en el banquillo judicial como reos de filoterrorismo. No exageramos ni un pelo. Un cargo del PP de Murcia exige que aplique la ley antiterrorista a los vecinos que se oponen al levantamiento de un muro que partiría en dos la ciudad. La legislación contra el terror sirve lo mismo paran roto que para un descosido.

Los viejos, que son tu abuelo y el mío, en la calle, con sus cachavas y sus dentaduras de vaso y los achaques producidos por una vida de producción para el progreso. Son el club de los exprimidos como limones. Con su inconformismo, los abuelos pretenden quitar el pan de la boca a la Banca. En estos días esta es una causa con mucho dolo.

El gobierno se ha decidido por el modelo privado de las pensiones.“ Los españoles tienen que ahorrar”, ha dicho el presidente del gobierno. Esa frase esconde la voluntad de apostar por las pensiones de la banca privada. Por su parte, el triunfante Banco Santander se ha decantado por hacer “digitalfilosofía”. Aparentemente, lo uno y lo otro no tienen nada que ver. Pero las palabras de Rajoy y la publicidad bancaria son dos maneras de decir lo mismo; queremos controlar el dinero de las pensiones y comérnoslo.

Hay coincidencias que dejan maltrecho cualquier síntoma de optimismo. La machacona publicidad de los bancos muestra unos ancianos saludables, joviales, un futuro positivo y dentaduras relucientes. Las cámaras del reclamo televisivo muestran ángulos y encuadres de felicidad, con guapos nietos de un casting selectivo. Es la distopía maravillosa que puedes disfrutar con solo poner tu firma a pie de página. Hipotecaria. Cada día estamos más cerca de un mundo feliz donde tu banco practica con tu dinero la “digitalfilosofía”. Y otros beatíficos eufemismos de parecida falacia.

Las imágenes del engaño general son realizados por consagrados profesionales del birlibirloque, como la premiada cineasta Isabel Coixet y otros de similar profesionalidad. Ruedan con una destreza técnica impecable al servicio de quienes pagan el material filmado.

Y después de toda esta parafernalia ¿qué queda? Pensionistas abducidos por las promesas como insignificantes mosquitos a la luz mortal de la publicidad reverente de la televisión. El caso Bankia es representativo del tocomocho bancario a la gente más indefensa, necesitada y crédula; expuesta al revoloteo adormecedor del vampiro que hincará sus colmillos en la yugular y les chupará sus ahorros. De pensionistas. Y la usura se consumará allí mismo, en su despacho enmoquetado y a la luz del día, porque gracias a la complicidad del gobierno, las operaciones de succión monetaria son la legalidad. Los sueños de los buitres son carroñeros y buscan víctimas con la mayor insistencia.

Somos un país envejecido. Las pensiones suman miles de millones para amasar. Los ejecutivos del capital no sueñan con otra cosa. Por lo pronto, el partido archicorrupto en el poder, ha desvalijado hucha de las pensiones públicas. Una política deshumanizada que deja a miles de ciudadanos necesitados a la intemperie y sin más recursos que la Divina Providencia. Claro que al gobierno le viene mejor que se mueran. Al fin y al cabo, polvo somos. La religión no ceja de recordárnoslo. Y como hijos del polvo, pagamos el hecho físico de existir.

La codicia exhibe un azul muy cínico y mentiroso. En consonancia con el cinismo más estrafalario, los millones de pensionistas de España hemos recibido una misiva de aspecto fluvial de la agraciada, por mor de la gracia inversa, ministra Fátima Báñez. La carta es un espejo de irrealidad y delirio. Se adjunta al documento oficial donde el gobierno garantiza el espectacular incremento de un generoso 0,25% en las pensiones. Una fortuna, vive Dios, para aquellos pensionistas aferrados a una resistencia numantina en lucha contra la muerte por precariedad. Gentes de escasos comestibles y residentes del frío.

Sucede que la exorbitante suma del 0,25 es cosa sagrada. La ministra ha invocado varias veces a la Virgen del Rocío. El sustancioso 0,25 es un milagro económico del que se enorgullece el gobierno de Mariano Rajoy. la aldea del Rocío no tiene calles. El pavimento es de arena fina. El polvo sofoca. Se levanta en cuanto caminas a pie o en carruaje romero; se arremolina con el revuelo del viento de Poniente. Es un polvo de nube eterna que habla de casino, dehesa e injusticia permanente.

Ese polvo publicitario de la buena suerte religiosa ofusca el entendimiento de los pensionistas de la Seguridad Social. En este caso a los desagradecidos manifestantes de Bilbao. El polvo etéreo y confuso y sacramental no les deja apreciar con claridad las magnitud de los resultados de la macroeconomía.Y evadiéndose de los evidentes méritos administrativos, empujan a los políticos en el poder a la desconsideración. A incurrir en el error de la urgencia. La carta de la ministra Fátima Báñez abunda en los vaivenes de la caridad y la fe mariana.

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