Vivimos en una sociedad sobreofendida, donde el o la espectadora atiende iracunda ante una situación que considera ofensiva, y actúa con una suerte de histeria con mayor indignación que la persona objeto de la ofensa.

Pasaba de manera jocosa, terminaba siendo en cierta manera vergonzoso, cuando nos mostrábamos atónitos ante la virulencia de los ataques recibidos por el Humor. Esa gente indignada por los chistes a Irene Villa, que Irene Villa suavizó con estas palabras: “Al pobre -refiriéndose a Zapata- le cayó demasiado por un chiste que yo había oído hasta la saciedad” o “Los chistes son sólo chistes, con los que uno se puede reír o no. Y hay que tener presente que no hace daño el que quiere sino el que puede”. Igualmente hordas de bilis arremetieron contra Guillermo Zapata valedores del honor de terceros o simplemente agitadores de úlceras y cólicos.

Volvimos a revivir este momento con los chistes sobre Carrero Blanco de Cassandra Vera, afortunadamente absuelta, por los que la familia del Almirante ya se pronunciara, en primer lugar buscando unas disculpas que no dejan de ser muestra de cortesía, pero declarando que veía un disparate pedir cárcel por ello. La nieta de Carrero Blanco alegaba: “Me asusta una sociedad en la que la libertad de expresión, por lamentable que sea, pueda acarrear penas de prisión”

Otro momento estelar de este proceso de acidificación de la sociedad por indignación, llamémosla “ajena”, fue el caso de la sustitución de Pablo Echenique por Raúl Gay, por los comentarios y chistes al respecto en el programa de radio-youtube La Vida Moderna. Mucha gente indignadísima cargó contra el programa, mientras que el propio Raúl Gay hizo un chiste sobre la situación: “Dicen que tengo las manos muy juntas, pero es al revés. No puedo ni aplaudir! xD Grandes”.

Hace unos días, con motivo de la Huelga Feminista del #8M, aparecían en un grupo de Facebook del Sporting de Xixón, aficionados indignadísimos porque se había colocado un mandil y un cartel en la estatua del entrenador del Sporting Manuel Preciado. Se decía que era una falta de respeto a la memoria del entrenador ya fallecido… Ante el absurdo de buscar la ofensa en cualquier manifestación, declaración o acto, y sabedores de que las estatuas masculinas de Xixón aparecieron con delantal y fregona; el hijo del entrenador respondió “Me llega esto de Gijón -haciendo referencia a la imagen de Preciado con mandil- y gente que me pregunta que igual me molesta, pues para nada, mi padre solo se reiría. […] Mi padre apoyaría siempre a las mujeres y cualquier buena causa”.

En este ambiente y caldo de cultivo de la sobreofensa, o la sensibilidad por ofensas a terceros… Hemos tenido que soportar estos días, tras el triste hallazgo de Gabriel, como la horda de bilis manifestaba su indignación con absoluta irracionalidad.

Empezando por lo que ya han señalado muchos y muchas, por la caracterización de la presunta asesina, poniendo énfasis en su color de piel o en el hecho de que sea mujer. Chascarrillos en los comentarios, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, para introducir mensajes sexistas y xenófobos a cascoporro.

Por otro lado había quienes, a pesar de no centrar su discurso en la condición de la presunta asesina, pedían a voces cadena perpetua o en el caso ya extremo la pena de muerte. Este argumento desde luego lo argüían los primeros junto al cariz misógino y racista de su discurso.

Sea como fuere, los neo-indignados virtuales aparecían como Jueces y Verdugos que se legitimaban por la aberración del crimen; y de nuevo, los directamente afectados por el suceso tuvieron que sosegar a la masa iracunda: “que no se extienda la rabia, que no se hable de esta mujer más -en referencia a Ana Julia- y que queden las buenas personas”. Básicamente estaba llamando a la calma del calentón del momento que era y es desproporcionada. No porque no sea un crimen aberrante, sino porque nos decimos democráticos, nos decimos libres, nos decimos civilizados. Aunque nos lo digamos cien veces sino se es en la práctica, difícilmente lo seremos.

La madre de Gabriel sentenciaba: “Que nadie hable más de Ana Julia. Que no aparezca en ningún sitio y que nadie retuitee cosas de rabia porque ese no era mi hijo y esa no soy. Que pague lo que tenga que pagar, pero que lo que quede de este caso sea la fe y las buenas acciones que han salido por todos lados y han sacado lo más bonito de la gente. No puede quedar todo en la cara de esta mujer y en palabras de rabia”.

No solo ella, el padre de Diana Quer nos demostró entereza y saber estar, y una lección democrática en toda regla cuando respondió en una entrevista: “Si ‘El Chicle’ pide perdón y se rehabilita, seré el primero en pedir que quede libre”.

Un ejemplo de lo que supone un Estado de Derecho y una legislación y sistema penitenciario, que al menos declarativamente, apuesta por la reinserción y no por la venganza.

Como los casos anteriores en los que había ofensa pero no crimen, los y las protagonistas se desmarcaban y se desmarcan notablemente del subidón de adrenalina, y por qué no decirlo de testosterona.

Pero no es un caso único, cada vez que se mediatiza un suceso de este tipo que termina indignando a la sociedad, vuelve a surgir el bumerán de la Prisión Permanente Revisable que es el eufemismo español de Cadena Perpetua. Sale aprovechando los bajos fondos de nuestra condición humana que suele ser en lo más profundo revanchista y vengativa y que únicamente suele ser aplacado por los principios e ideas reflexionados durante siglos por ese mismo ser humano. Se aprovecha la vulnerabilidad emocional para introducir elementos jurídicos coercitivos y completamente fuera de la solución. No hay ningún estado que haya demostrado que la criminalidad se combate mejor desde la represión; no hay ningún estado que teniendo cadena perpetua o pena de muerte haya resuelto sus grados de violencia. Caso paradigmático es el de EEUU.

Según las estadísticas de la United Nations Office on Drugs and Crime (ONU) sobre Homicidios Intencionales, España está representada con una tasa de 0,66 por 100.000 hab.; mientras que EEUU, por ejemplo, alcanza un 4,88 por 100.000 hab. Todo apunta a que no se trata de una cuestión de endurecer o no la pena. Parece más una desgraciada disculpa para introducir elementos más represivos en una democracia, como la nuestra, tremendamente regresiva y que camina desoladamente hacia su propia involución.

Quizás para otro artículo estaría bien abordar, a partir de los estudios jurídicos, penitenciarios, sociológicos, criminólogicos, etc., los elementos que constituyen delito; sobre los elementos que favorecen la proliferación de delitos; las características de los delitos cometidos; las características de los contextos que permiten la aparición de esos delitos; el perfil de los delitos; o el perfil de los y las delincuentes.

Lo que desde luego tenemos que pensar y repensar son nuestros valores democráticos y nuestra cultura democrática. Porque si en cada agitación interesada, las personas que componemos la sociedad, nos vemos inmersas y arrastradas por la corriente, terminaremos envueltas en nuestros fantasmas, suspirando amargamente, sustentadas en el más hostil de los odios.

3 Comentarios

  1. Con el niño ya enterrado (en mi caso, entierro por segunda vez, al verlo con la mente el 7 y con los ojos al hacerse público, y se pasa doblemente mal) se acabaron los cuentecitos, los pescaítos, la bruja, la madrastra, Blancanieves y, perdón por la expresión “la madre que lo parió”. Sólo queda la cruel realidad: un indefenso niño asesinado, una asesina embustera con dos cómplices por descubrir y una investigación, pese a la prisa que parecen tener por cerrar el caso. Dicho esto, dos cosas debo añadir, porque hay que poner cada una en su sitio (y yo soy a veces fastidiosamente puntillosa, qué se le va a hacer):

    1°.- La Guardia Civil no descubrió a la asesina, como parecen proyectar con su arresto y de ahí las felicitaciones, sino que al comunicarles el padre sus sospechas sobre ella, la persiguieron hasta arrestarla. Por tanto, tendremos que hablar, en mi opinión, de “sagacidad” por parte de este Cuerpo, no más. Lo que no invalida reconocer el trabajo incesante de búsqueda que realizaron, como también la disposición y acción de los voluntarios.

    2°.- Felicitamos a Telecinco por la cobertura que viene dedicando las tardes al niño Gabriel, pues, citando en mi primer comentario del pasado día 5 bajo el titular “SANGRIENTA TELEBASURA” el interés que suscitaba la noticia, ha sido la única cadena que supo interpretarlo con prolongadas tertulias tras el macabro asesinato. Y para decepción de “La Sexta” (líder en rigor sobre este tema) la audiencia es así, zapeando, nos adherimos siempre a la cadena que aborda el asunto importante que interesa relegando otros. Cosa distinta es el modus operandi de “Sálvame”, entrevistando o destripando hasta al que pasaba por allí con especulaciones tertulianas (yo también tengo estos días mis sospechas sobre los cómplices, así como otras dudas y me callo, porque compete a los investigadores) pero todos están en su perfecto derecho a especular.

    Y, para finalizar (porque no me puedo contener) quiero dirigir un reproche a la mamá del niño, si me lee:

    “Muy mal, Patricia, que te hayas desprendido de la bufanda que tu niño siempre llevó a su cuellecito hasta días antes de sesgarle cruelmente la vida. Tu generosidad -y me consta- nada tiene que ver con la imbecilidad. Y, tú, con la bufanda, la has cometido proyectando un gesto de desinterés…despreocupación… Y, por supuesto que se va a seguir hablando de quien para ti es ‘la bruja’, porque para los ciudadanos es “la asesina”, y quedan flecos sueltos. Tendrás que abrir los ojos, porque ‘El mundo de Yupi’ se ha acabado.

  2. Ante las declaraciones, ayer, del Comandante de la UCO concluyendo que la autora del asesinato actuó sola, yo sigo intentando buscar (ya sin ‘concentración mental’) alguna coherencia que justifique los dos rostros difusos de hombres que vi “mentalmente” el pasado 7 en la escena, y sólo hallo una explicación: Que la asesina se sincerase en su crimen con dos hombres de su confianza bajo la promesa de no delatarla (y ellos se limitaran a escuchar, advirtiéndole que no les metiese en líos). Suponiendo que esta hipótesis fuese cierta, tendríamos cómplices de silencio sin autoría, al tiempo que obtendríamos la actitud de la autora para no implicarles. Es decir, presentándose ahora, por ejemplo, a declarar como testigos tras un cambio de opinión de la misma o de los confidentes, no aportarían nada nuevo a la causa, salvo verse implicados por no haber acudido en su momento a la Policía para delatarla, algo, que si ya acordaron los dos con ella para evitarlo, puedo entender la declaración de la asesina para asumir ella sola la autoría. Dicho esto (es lo que personalmente me interesa) todo lo que se especule en los medios sobre el móvil del crimen…carácter de la investigada…opinión de la familia… a mí, al menos, me resulta completamente indiferente, por entender que forma parte de una estrategia para mantener la audiencia y yo voy a hechos concretos (visión ‘mental’ y posterior ocular).

    Por tanto y, como digo, entre lo que vi “mentalmente” y los hechos publicados posteriormente -que voy siguiendo- el tema de los dos cómplices, puedo tenerlo aclarado (al menos a efectos míos) con la hipótesis expuesta, no así, en lo concerniente al número 20, que no sé qué narices significaba, pues en las investigaciones que se van publicando, no veo nada con lo que hilarlo. Bueno, bah, prefiero olvidarme de ello.

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