Que no he sido yo, que ha sido el de Foro Asturias, que ha modificado mi voto cuando me he ausentado porque pensaba que yo me había equivocado al dejar seleccionado mi voto. Pero “está destrozado” (risas). Claro.

Esta, sin exageraciones ni añadidos, ha sido la explicación que ha dado el siempre sospechosísimo Pedro Quevedo, el diputado de Nueva Canarias aliado del PSOE para justificar haber propiciado el desempate que ha facilitado al PP que se puedan aprobar, ni más ni menos que unos Presupuestos Generales del Estado que en este momento eran una patata caliente para varios grupos que, aunque querían que el PP pudiera aprobarlos sin tener que tocar lo fundamental (lo fundamentalmente neoliberal), también querían evitar a toda costa enseñar tanto el plumero como para aceptar sin un teatro mínimamente convincente estar en contra. Y gracias a Quevedo y a su compañero del Grupo Mixto (Isidro Martínez Oblanca), asunto resuelto. A partir de ahora cuatro enmiendas resultonas y adelante, pero lo sustancial ya no peligra. Y es que no hay nada como tener mercenarios y vividores bien aleccionados y cachondos, ¿eh, PSOE?

Pero hoy para los medios –y gracias a ellos para el conjunto de la sociedad– hay otras cuestiones puntuales que por importantes que nos resulten a nivel emocional no tienen ni punto de comparación con las consecuencias generales y directas que tiene esto otro que ha pasado tan desapercibido. Y luego quieren que nos tomemos en serio esta pantomima de democracia en la que cada día se añade una pista nueva. Y eso que ya vamos por el circo de las cien mil pistas.

Tanto han evolucionado el espectáculo que ahora son los payasos los que se ríen del público y no al revés. Esto sí es una revolución y lo demás tonterías.

A disfrutar de lo votado.

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