Daniel Bernabé | La Marea | 08/08/2018

El novillo sobre la arena, espuma en la boca, miedo en los ojos. Mueve los cuartos traseros en un intento desesperado, inútil, por escapar de la muerte. La plaza, un coso de tercera, brama. El torero, derrotado, incapaz, sabe que ha sido condenado en su primer intento. La policía le espera para ajustar cuentas tras la barrera. Él aún no lo sabe y, aunque así fuera, no tendría ya fuerzas para escapar.

La escena corresponde al final de Los golfos (1959), el primer largometraje de Carlos Saura, una historia sobre un grupo de jóvenes que, en el Madrid que aún cicatriza tras la guerra, se buscan la vida perpetrando fechorías de tercera. El atraco a una ciega, el golpe a un taxista, la cartera que vuela en la boite.

Uno de los componentes de la banda -acaso una pandilla- tiene unas ciertas actitudes para el toreo, un espectáculo que en la época aún manda sobre el fútbol, incluso en los sueldos de sus estrellas. Los chavales del arrabal lo ven claro. Han de ayudar a su amigo a reunir el dinero que le permita tomar la alternativa, un poco por amistad y otro tanto por interés. Una cuadrilla da de comer a unos cuantos.

La película, rodada con una escasez alarmante de medios, suple sus carencias técnicas con una veracidad arrolladora. Ya lo advierten los títulos de crédito: todos los escenarios de la película son reales. Mientras que el cine oficial del régimen firmaba comedias simpáticas situadas en los mejores barrios de la capital, Los golfos se sitúa en una periferia de chamizos, descampados y arena.

Una de los detalles más inquietantes para el espectador atento es como el mundo se cuela en esa zona de márgenes. Los protagonistas llevan cortes de pelo que podrían lucir unos adolescentes teddy boys ingleses o unos greasers norteamericanos. Ser pobre te impide acceder al mundo pautado, no desconocerlo. Es inevitable pensar en esos africanos actuales que se juegan la vida en el Mediterráneo llevando la camiseta del Madrid o el Barça.

Ese mundo, que en aquellos años se detenía en las fronteras de la España una, grande y libre, también afectaba a los cineastas. Resulta extraño ver algunas escenas que podrían ser parte del metraje de Banda aparte Los 400 golpes, películas coetáneas o futuras a la obra de Saura. Qué hubiera sido de nuestro cine si se hubiera podido expresar con libertad y medios. Lo mismo vale para el país.

Los golfos es un neorrealismo de deriva, porque si en el género italiano se intuía siempre el cambio que estaba por llegar, en el intento español sólo hay derrota y tradición. Las caras en contrapicado del público taurino, reclamando hostil la suerte de la estocada que no llega, podrían haber sido firmadas por el Goya de los grabados ajenos a la corte o por el Gutiérrez-Solana de los carnavales grotescos.

En Los golfos no hay una mirada paternalista o fascinada por el lumpen castizo, sino una muestra de cómo los jóvenes que podrían salir de las páginas de La piqueta eran el ejemplo de ese país doblemente derrotado: primero condenado a la subsistencia y luego al olvido de las raíces recientes. En los protagonistas de la cinta de Saura ya no se adivina, por un sólo minuto, la ascendencia miliciana y revolucionaria. Esa tradición yacía en una cuneta. Olvidada entonces, olvidada ahora.

Las mujeres en esta historia ocupan el papel que se les deparaba en la época: el de comparsa, el de objeto de deseo, el de futura y codiciada madre. Sin embargo, alguno de los personajes femeninos, fuera de los convencionalismos del momento debido a su marginación, se muestra levantisca y orgullosa. Cuando no hay nada que perder no hace falta jugar con las reglas impuestas.

La España de Los golfos hace décadas que dejó de existir. En la propia película ya se intuyen, en el horizonte, las grúas del desarrollismo. Hoy, esta filmación, vista por adolescentes de la misma edad de los protagonistas, sería un extraño ejercicio de arqueología, una puerta a nuestra historia más reciente, esa que por no tener no tiene ni el dramatismo de la guerra o el exilio.

El problema es que si esa España ya no existe a nivel formal, sepultada definitivamente debajo de aquello que Aznar gustaba de llamar la séptima economía del mundo, los personajes de Los golfos siguen existiendo. Hay toda una generación que pasó su adolescencia, y más tarde a su primera juventud, bajo el manto de la crisis. Chicos y chicas que no han conocido más que una escasez moral maquillada con smartphones y redes sociales.

El empobrecimiento de horizontes nos pasará factura, como país, más temprano que tarde, con un estrato al que se le debe una reparación, un futuro. Hay una sociedad que nunca aparece en la tele, ni en las encuestas, ni en los discursos. Miles de personas, tan ciudadanos como el primero de los hombres ilustres -si es que queda alguno-, a los que les queda tan solo el trap como nihilismo ausente de sí mismo. Mejor descreídos que enfadados, piensa alguien que se sienta en un despacho de la Castellana.

Mientras, otros golfos, los de máster breve en Aravaca, juegan al incendio como niños eufóricos a los que su papel les queda grande, intentando poner en contra de los últimos a los penúltimos. Queda épico decir que la historia les pasará factura, como si a cargo del devenir hubiera un juez sabio e inapelable. No es cierto. La historia hace justicia cuando hay más partisanos que camisas negras, cuando el Bella ciao ahoga los gritos del imbécil arrogante de mandíbula ancha.

Hacen falta películas que retraten lo que es vivir en la España de hoy sin más calendario que el que se establece en el banco del parque, ese lugar al que van a parar los que quedaron fuera de las profesiones con nombre anglosajón. Pero también filmar a los que nunca tuvieron que huir, a los que nunca conocieron la palabra incertidumbre y escasez. A los que, a pesar de su escarapela de elegidos, no dudaron en trampear primero su carrera y luego su humanidad. 

7 Comentarios

  1. Excelente artículo. El autor explica tan claramente la situación de este país de pacotilla, de mentiras infames sostenidas durante décadas, de trampas, de chulería desvergonzada de quienes están sobrados de bienes materiales pero son amorales en el más amplio sentido de la palabra, de intelecto tan raquítico que ni merece mencionarlo, y el vocablo HUMANIDAD no figura en el diccionario de los colegios de postín en los que estudiaron (no todos, pues también existen advenedizos que se arrimaron al carro del poder, aunque fuera para lamer las botas al poderoso a cambio de las migajas que cayeran de su mesa),

    Toda un pléyade de elementos indeseables, que en su afán por conseguir aumentar su poder no dudan en encizañar y enfrentar a quienes ocupan el último lugar en este sistema antipersonas, con los que ocupan el penúltimo, o incuso el antepenúltimo, si es conveniente a los intereses de los aspirantes a enriquecerse a costa del erario público, porque en el ámbito privado, sólo por sus propios méritos, se morirían de hambre.

    Sí, es muy necesario un cine que retrate a ambos extremos de la pirámide social, por si sirve para que que unos cuantos millones de aletargados despierten

    Muchas gracias al autor por recordárnoslo

    • Gracias al autor y también a Charo por su comentario. Andaba yo buscando un regalo para mis nietas, hoy, y nada mejor que enviarlas el artículo y este comentario. Gracias.

  2. Amig@s de ID:

    Espero que disculpéis mi atrevimiento, pues no son temas conexos. ¿O sí?

    Me acaba de llegar esta carta, no dirigida a mí, y me gustaría compartirla con vosotr@s

    *CARTA DE UN OFICIAL DEL EJÉRCITO DEL AIRE A LOS SEISCIENTOS ALTOS MANDOS DE LAS FUERZAS ARMADAS QUE FIRMAN EL MANIFIESTO DE ADHESIÓN A LA MEMORIA DE FRANCO*

    Permitidme que os tutee, a vosotros que siempre tratabais de tú a vuestros subordinados, para entendernos mejor en el plano de igualdad en que nos ha colocado nuestra condición de retirados. He sido y soy militar por vocación, y si pertenecí a las fuerzas armadas española en las postrimerías del franquismo, no lo hice por adherirme como soporte de la dictadura, si no por coherencia con mis propias habilidades y expectativas personales, porque el ejercicio de la profesión de militar no es prerrogativa de ningún general, por muy generalísimo que sea, ni de ningún régimen por mucha intención que tengan depatrimonializar la carrera militar.

    Vais por seiscientos los que habéis firmado elManifiesto pro defensa de la memoria del general Franco, El Franco militar y no el político”, según decís en vuestro escrito, como si fuera posible la paranoica tarea de deslindar el Franco-militar del Franco-político-dictador, queriendo quedaros con el segundo teniente de 17 años y con el general de treinta y tres, como enaltecido ejemplo de disciplina y demás valores militares, renunciando a la carga histórica personal del resto de su legado. ¿Disciplina decís…? Recordemos cómo fue aquello.

    En los cuatro días posteriores al decreto de 23 de abril de 1931, como todos los militares de carrera, el general Franco realizó públicamente la siguiente promesa: “Prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, cumplir sus leyes y defenderla con las armas”, el más importante y solemne compromiso que vinculaba a un militar con el ejercicio de su profesión. Nada perdía quién no lo hiciese, porque la ley respetaba sus pagas al abandonar las fuerzas armadas. Y no obstante Franco prometió. El 18 de julio de 1936, este mismo general levanta contra la República las armas que esta le había confiado para su defensa. Estamos ante la comisión del más grave delito que un militar pueda cometer, por el que renuncia al honor como un valor moral para guiar sus actos en todos los sentidos de la vida. Así que Franco no fue disciplinado, si no un traidor.

    No voy a hacer alambicados razonamientos de carácter historiográfico, por innecesarios, para convenceros de que Franco fue, además de desleal, un criminal de guerra, un convicto de los delitos de crímenes contra la humanidad y crímenes contra la paz. Y no lo digo yo, lo dijo la ONU en su resolución 39/1946 declarando: “…En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hítler y de la Italia fascista de Mussolini.”

    Hacer abstracción de la personalidad militar, separándola de la política del personaje, para justificar una y no cuestionar otra, es un ejercicio de imposible comprensión que solo el cinismo puede justificar, pues esa misma razón llevaría a vuestros correligionarios nazis a reivindicar el culto a la memoria de Hitler, basándose en el valor acreditado por el Cabo Adolf Hitler, acreedor que fue de la Cruz de Hierro en la I Guerra Mundial, desvinculándolo de su papel como promotor de la II Guerra Mundial y del Holocausto.

    Es aterrador poder ahora certificar que, tal como sospechábamos algunos, estábamos mandados por los herederos ideológicos de los que hicieron la guerra con Franco. Debíamos soportar para no renunciar a nuestra vocación, tener que sufrir vuestros discursos de inflamado patrioterismo zarzuelero, mientras en las salas de banderas, en las cámaras y cafeterías de oficiales, en los clubs y durante las conversaciones relajadas al final de las maniobras, os dedicabais a soltar la retestinada devoción que os merecía la dictadura franquista y las “glorias” de aquel dictador despreciable y felón.

    Hasta la caída del muro de Berlín, el Día de las Fuerzas Armadas alemanas fue el 20 julio. ¿Sabeís qué se conmemora en esa efemérides? El atentado contra Hitler en la “guarida del lobo”. Una acción que, aunque frustrada, dignifica el compromiso de altos mandos y civiles alemanes para acabar con el tirano; desde entonces cada 20 de julio en el patio de armas del Bendlerblockde Berlín, tiene lugar una solemne ceremonia en la que los mandos del Ejército, de la Armada y de la Luftwaffe, recuerdan y rinden homenaje a aquellos héroes que sacrificaron sus vidas para acabar con el dictador. Al revés que vosotros, los firmantes del Manifiesto de adhesión a la memoria Franco, que amparáis vuestro falso patriotismo envolviéndoos en la Bandera de España, soñando que lo hacéis con la bandera del aguilucho bajo la sombra siniestra del recuerdo al dictador.

    Tenéis la suerte de vivir en una Democracia, ganada y regada con la sangre y el sacrificio heroico de los compatriotas que se opusieron al régimen de vuestro caudillo, Democracia que por incompleta y poco desarrollada, os permite decir lo que decís, porque de estar en Alemania exaltando la figura del Cabo Adolfo, ya adivináis el lugar donde podíais estar todos concentrados en estos momentos.

    El vuestro no es solo un manifiesto pro franquista, es un desafío frontal y beligerante hacia el Gobierno legal y legítimo de España, que este no puede tolerar sin hacer dejación de su obligación de hacer respetar las leyes, y entre éllas el artículo 578 del Código Penal que se refiere al delito de enaltecimiento del terrorismo, porque terrorista fue el régimen de vuestro adorado Franco y a sus acólitos, vivos o muertos, haciéndolos objeto penal del artículo 607.bis que señala y castiga los delitos de lesa humanidad, aquellos que justificáis con vuestra fina cirugía mental, como si con el Valle de los Caídos estuviésemos ante el debate de qué hacer con los restos del doctor Yekyll y mister Hyde. No se puede diseccionar la figura de Franco separando al Franco-bueno del Franco-malo. Solo hubo un Francisco Franco, el que traicionó su promesa, promovió una cruenta guerra civil y sumió a España y a los españoles en una dictadura de cuarenta años, llegando las cunetas de nuestra patria con decenas de miles de asesinados.

    En 1945, una disposición del Mando Militar Aliado en Berlín, ordenó que todos los monumentos de exaltación del nazismo “fuesen volados con dinamita y su escombros triturados y convertidos en gravilla de obra pública”.

    Los que de vosotros estén de acuerdo en manifestar públicamente su acuerdo con aquel decreto que dé un paso al frente.

    08/08/18

    Floren Dimas

    Oficial del Ejército del Aire (Retirado)

    Miembro de ANEMOI (“Todos los Vientos”)

    (Colectivo de Militares Demócratas Españoles)

    Miembro de la directiva de ACMYR

    (Asociación Civil Milicia y República

  3. Me ha impresionado este ultimo comentario ,no por ser algo novedoso sino por lo audacia en publicarlo, pues el tema de la pervivencia, latente pero soterrado, del un neo franquismo ideológico , en algunos estamentos del Estado, del ejercito sobre todo , es poco conocido, pero real e importantísimo . ¿Seiscientos mandos de las fuerzas armadas ?, ¿Son muchos o pocos ? Me refiero en comparación al total de oficiales .Porque seria gravísimo si el resultado fuese significativamente favorable a la figura de Franco. De todas formas el mutismo en las cosas de la política siempre fue común en ellos. No lo hicieron ni siquiera en plena Transición. Ni ellos ni nadie de todo el aparato burocrático franquista , funcionarios, jueces, policías ,ni el ejercito en pleno. Todos ellos pasaron por arte de gracia ,de ser fascistas franquistas a “demócratas de toda la vida” Ni la mas mínima depuración , ni el mas mínimo pedido de perdón. ¿ Sera que todo fue una fiesta y no paso nada?

    Ocurrieron muchas cosas graves y su poso aun esta vivo y activo. Las ultimas y enormes manifestaciones en torno al caso la “Manada” tienen mucho que ver con ese poso . Porque ¿ quien no cerro bien la puerta , de la verdad y la justicia,…?.los deudores no olvidan nunca.

    • beniezu:

      Parece ser que para los vencedores todo fue una fiesta.

      Los vencidos están muertos o exiliados, y demasiados de sus descendientes, después de cuarenta años siguen atemorizados, o aletargados.

      Pena de país en el que se condecora a corruptos reconocidos como tales por los Jueces, y se considera ejemplar la miseria humana que sale todos los días en los medios de comunicación, ¡¡¡y no pasa nada!!!

      Que alguien pare este mundo que me quiero bajar. pero no sé adónde aterrizar

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