Ojo a la noticia, porque no es cualquier cosa. El Faro de Vigo, el periódico decano de la prensa española, nos sorprendía ayer con una exclusiva bomba. Esta que sigue:

Y hay quien se preguntará ¿y qué hizo este buen hombre para merecer ser noticia? ¿Escaló por los balcones de un edificio para rescatar a un niño a punto de caer al vacío? ¿Realizó maniobras Heimlich y RCP a un anciano con parada cardiorrespiratoria? ¿Se puso a barrer las calles y repintar los pasos de cebra? ¿O…?

Efectivamente, recogió las cacas de su perro. ¡Boooom!

Sí, esto es lo que El Faro de Vigo y el redactor del notición, Antón Pirulero, perdón… Piruleiro, consideran un hecho noticiable. Y además con moralina clasista: si Ortega, que es rico de cojones recoge las cacas, tú, muertodehambre, haz el favor de recogerlas también.

Vamos a ver, Pirulero. Mira, más allá de que no sea noticiable, Amancio tenía varias opciones. Una de ellas era, como así sucedió, pasear él mismo a su mascota, y si al perrito le da por hacer popó, pues recogerlo como hace todo hijo de vecino, porque lo contrario contraviene las ordenanzas municipales. Otra opción era que sea algún miembro de su ‘servicio doméstico’ el o la que pasee al can y recoja sus cacas.

La otra es que el ínclito Ortega fuera, por ejemplo, acompañado de menores como los que utiliza en las fábricas clandestinas (y por lo que ha sido condenado por esclavismo en Brasil), y que fueran estos niños y niñas las que recogieran las deposiciones perrunas, aunque quizá esa imagen no coincidiera exactamente con la que conviene a Inditex, a pesar de que el trabajo de recoger cacas al aire libre sea, probablemente, mucho menos degradante y lesivo que el de ser explotado en uno de esos talleres textiles que tanto se parecen a cuevas insalubres.

Pero dejemos el asunto, porque esto no pretende ser una crítica a Ortega, un tipo que no deja de ser un brillante representante del sistema de las desigualdades. La crítica es para el innecesario y despreciable servilismo de los medios de comunicación y de ‘periodistas’ como el que firma el ‘notición’, que elevan el listón del asco hasta cotas que, a pesar de la aguda decadencia del periodismo, parecían inalcanzables.

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