La fiscal general María José Segarra, en un instante de lucidez que recordarán los tiempos porque gracias a ello serán nuevos, acaba de sentenciar que “No hay delito alguno en quitar ni poner lazos amarillos”. Inmediatamente Teo, el reconocido campeón mundial de longitud en la disciplina de escupir huesos de aceituna ha declarado a Aymar Bretos, de “La SER o No SER”, que está dispuesto a desvestirse de su recién estrenado cargo político para arrancar “con mis propias manos” los lacitos.

Mientras se conocía lo de Teo, fuentes de las que siempre manan divulgaban en TV nuevos detalles sobre la reunión política pero íntima que, tras encerrarse por dentro, seguían celebrando en el bar del Congreso los líderes máximos de los partidos del arco, salvo los independentistas catalanes, que han tenido que delegar en el vasco. Ha quedado definitivamente confirmado que tal impulso pactista nació espontáneo, y al mismo tiempo, en las cabezas reunidas, varoniles todas, al escuchar a la Segarra. Sus palabras les pillaron con la mano derecha ocupada por el gin tonic de desinstalar al jamás caído Franco de aquel valle madrileño y serrano.

La potencia pactista destilada por la frase de los lazos “si o/y no” es tal que, transcurridas diecinueve horas de cónclave, los conchabados han acordado tres cambios en la normativa electoral que están llamados a convertir España en el país más libertario del planeta, colocándonos a un paso de ese paraíso en el que el ruido de los pedos suena mejor que el canto de los ruiseñores.

En primer lugar, durante las campañas electorales se premiará con más minutos de tiempo gratuito en TV a los partidos políticos que arranquen más carteles de propaganda de los partidos contrarios, y más aún si los dejan tirados por el suelo, pues ya se sabe que suciedad llama a suciedad, y tal ambiente estimulará que otros afiliados de dediquen sin denuedo a resolver de esta guisa sus pulsiones autoritarias, tan firmemente ancladas en nuestras imperiales maneras, arrancando y arrancando, y no dejando de arrancar.

Las otras dos reformas ya conciliadas se refieren a las urnas y lo que será legal depositar en ellas. Por una parte, se considerarán válidos todos los votos nulos que consistan en escribir en las papeletas cualquier manifestación de rabia o aversión en contra o a favor de cualquier candidatura. Además, los tres miembros natos de cada mesa electoral elegirán, al final del recuento, el voto nulo que más les guste, que adjuntarán a las actas que enviarán a la Junta Electoral. Esta elección del mejor voto nulo se repetirá en todos los niveles provinciales y estatales, eventos que se transmitirán en directo y que, sin duda, conseguirán incrementar la participación electoral en próximas convocatorias.

Pero el cambio que colocará a España en el liderazgo mundial de la ejemplaridad democrática y que, a partir de ese momento, se extenderá como pedo por su casa en todo el planeta, es el reconocimiento del voto “en contra de” como opción electoral tan válida como el voto “a favor de”, único que hasta ahora se ha tenido en cuenta en los recuentos. Cada voto “en contra de” se contabilizará descontando un voto “a favor de”, de los que reciba la candidatura correspondiente. Todo se reflejará en las actas y los partidos que reciban mas votos en su contra que a favor, dado que tal cosa producirá un saldo negativo según la normativa de subvenciones electorales, deberán ingresar en Hacienda el importe deudor, que se destinará a pagar las subvenciones electorales de los partidos que hayan conseguido más votos positivos que negativos.

Tal reforma, que profundizará en la democracia hasta cotas abisales, no habría sido posible sin la valentía y vitalidad incansables desplegadas por la ciudadanía de Catalunya, que se dedica a colgar lazos amarillos por doquier. Una acción que se ha combinado feliz y espontáneamente con la osadía también desplegada por los catalanes de Ciudadanos que los descuelgan, considerándose especialmente relevantes quienes arrancan lazos encapuchados, pues sin duda saben que podrían ser confundidos con terroristas y eliminados “in situ” y en pleno acto por los mossos, cuya puntería ha quedado sobradamente acreditada.

Una vez más España rompiendo esquemas y marcando el camino a siete mil millones de habitantes para que aprendan a organizarse. De nuevo, el país que sorprendió al mundo abandonando con una mano la dictadura mientras con la otra ensalzaba al dictador y legalizaba todo lo que habían asesinado y robado su familia y varios miles de secuaces, demuestra su mérito al ceder a sus contribuyentes, con toda confianza, la capacidad de decisión suficiente para incluso hacer quebrar a los partidos políticos que no satisfagan sus expectativas.

La felicidad que ahora embarga a la clase política es tal que en los pasillos del Congreso cercanos al bar se ha escuchado que los reunidos hablan de anticipar a este mismo otoño todas las elecciones previstas para 2019 y 2020, incluidas las europeas, pues no quieren que ningún otro país lo pruebe antes. Alguien ha hablado incluso de patentar estas reformas.

Pero, como siempre también, no podía faltar el clásico grupo de desconfiados recalcitrantes dispuestos a poner palos en las ruedas del progreso. Socavan la ilusión de nuestros políticos, emocionados por un impulso pactista que dejará en juegos de niños los Pactos de la Moncloa y el de Toledo juntos, haciendo circular la especie de lo peligroso que significa legislar a partir de una ecuación irresoluble, pues si se ordena “quitar” algo antes de ponerlo, tal como literalmente declaró la nueva fiscal, nos podemos encontrar ante un absoluto imposible que, de extenderse, podría terminar acabando con la especie humana sobre la faz de La Tierra. Han advertido.

1 Comentario

  1. El problema de España no es la anti España. El problema de España es España y la herencia recibida en 36 años de dictadura (1939- 1975), 7 años de apaños y mentiras de la transición(1975-1982) y 36 años (1982-2018) de un mismo gobierno monocolor (disfrazado de bicolor) que prefiere mantener el poder que educar y enseñar y reconocer su pasado y su historia.
    No hay ninguna institución que pueda exhibir con dignidad y honestidad su historia reciente, ni la monarquía, ni la iglesia, ni la clase política, ni los tribunales ni las universidades, ni las academias todas han subordinado sus valores a sus espurios intereses destruyendo todo el cuerpo social y cualquier vestigio de cordura durante 79 (36+7+36) y siguen y siguen, asolando, desolando, engañando y robando. Ese es el verdadero y más grave problema de España, no tener valores.

    aunque no esta escrito para comentra tu articulo aqui te lo envio

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