Javier Pérez de Albéniz | Cuarto Poder | 28/08/2018

Se ha puesto de moda acercarse al Valle de los Caídos. A dar una vuelta. Ante la posibilidad de que el Gobierno exhume los restos de Francisco Franco, las visitas al monumento fascista han aumentado un 50% en las últimas semanas. Los informativos de televisión dan buena cuenta del fenómeno, y recogen las palabras de los viajeros que se han desplazado a tan esperpéntico lugar: “Nos hemos enterado de que lo cierran y…”, “Bueno, es historia, verdad…”, “Hemos venido toda la familia, y lo cierto es que impresiona muchísimo”.

Y tanto. Impresiona muchísimo ver colapsada la entrada al aparcamiento del lugar donde el tirano fue enterrado hace 42 años, las colas para entrar, las miradas de quienes, según la televisión, se han trasladado hasta ese lugar “para despedirse del dictador o por mera curiosidad”. Impresiona tanto como las cifras facilitadas por Patrimonio Nacional: hasta julio de 2017 habían visitado el Valle de los Caídos alrededor de 25.000 personas, mientras que en el mismo periodo de este año el dato asciende a casi 40.000 personas.

La carne de gallina, solo de pensar en un turismo de sátrapas, de morbo, de mierda. La gente está tan aburrida, tan canina, tan aletargada, tan acostumbrada al entretenimiento de baja calidad (la tele), que mete a la familia en el coche y echa el día en un siniestro y aberrante edificio dedicado a la muerte, la tortura y la dictadura. ¿Estamos locos? ¿Se está radicalizando España? ¿Tiene alguna posibilidad Albert Rivera? No, tranquilos. Solo estamos de vacaciones.

Los mismos medios que informan del aumento de las visitas al Valle de los Caídos lo hacen sobre el incremento de las visitas al Santuario de Misericordia de Borja para admirar la restauración de la pintura mural del Ecce Homo, sin duda la obra cumbre de la pintora aficionada Cecilia Giménez Zueco. Y es que seis años después de que se perpetrase la restauración, el número de visitantes está a punto de alcanzar la gloriosa cifra de 200.000.

Así las cosas, no sería de extrañar que los visionarios de turno comiencen a proponer ingeniosas soluciones para uno de los problemas más serios a los que se enfrenta el Gobierno de Pedro Sánchez: qué hacer con el Valle de los Caídos una vez extraído el bicho. Todas ellas serán ingeniosas y prácticas, y tratará de saciar las pasiones culturales más bajas de los españoles. Por ejemplo, convertir la Abadía de la Santa Cruz en la sede central del Museo del Jamón. El número de visitantes seguiría aumentando, que es de lo que se trata.

5 Comentarios

  1. Si esque eso deberia de haberlo hecho Felipe Gonzalez hace muchisimos años, pero no, como tampoco hizo muchas otras. De todas formas creo que ya esto hay que hacerlo cuánto antes, y cuánto antes se haga antes pasará el susto.

  2. Lo que más inquina me produce este turismo de subnormales es que utilicen el argumento de que es historia, cuando son los mismos que a la par dicen que no hay que removerla y que los asesinados en las cunetas forman parte de un pasado que hay que olvidar. Ya que les gusta tanto la historia, que se den un paseo por Badajoz, Guernika o las inmediaciones de Madrid, para conocer tanto la matanza del asesino Yagüe en la primera, el bombardeo nazi en la segunda o las trincheras y búnkeres que defendieron Madrid del asedio fascista, por ejemplo. Y de paso se documenten, que todavía hace poco tuve que oir a un garrulo decir que con Franco no existía la ETA, muestra clara de su interés y nivel de conocimiento de la historia reciente. Saludos.

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